Cultura/Educación

Serie Los Castrati: ¿Quiénes fueron los más famosos? Sus vidas (11)

Girolamo Crescentini

Por Víctor Fernández.

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Girolamo Crescentini nació el 2 de febrero de 1762 en Urbania, Pesaro.

Estudió en Bolonia con el notorio compositor, cantante, y maestro de canto Lorenzo Gibelli (1718-1812). Debutó en 1776 en Fano, interpretando roles femeninos, y en 1781 en Treviso como primo uomo. Cantó en Nápoles de 1787 a 1789, y en los teatros más importantes de Italia. Cantó en Londres sin mucho éxito de público en 1785. Regresó a Italia y tomó parte, esta vez con mucho éxito, en la reposición de “Enea y Lavignia” de Pietro Alessandro Guglielmi (1728-1804), cantando junto al famoso tenor italiano Giacomo David (1750-1830). A partir de estas representaciones su carrera despegó.

El compositor Niccolò Zingarelli (1752-1837) creó para él el personaje de Romeo, de su ópera “Giulietta e Romeo”, que se estrenó en el Teatro alla scala de Milán, el 30 de enero de 1796. Para esta ópera el propio Crescentini compuso el aria “Ombra adoratta aspetta”, que se popularizó como “La oración de Romeo”, y fue un éxito duradero para el cantante, para amargura del compositor quien se refería a ella como: ”la desgracia de mi ópera”, por su “falta de sentido común”. Sobre esta aria Stendhal dijo: “Ningún compositor abarcó los infinitos matices que formaban la perfección del canto de Crescentini en su aria “Ombra adorata aspetta”. Domenico Cimarrosa (1749-1801), compositor de “Il matrimonio segreto” (1792), escribió para él el rol de Curiazio, de su ópera “Gli Orazi e i Curazi”, que se estrenó en el Teatro La Fenice de Venecia, el 26 de diciembre de 1796.

Residió en Lisboa de 1798 a 1803, donde además de cantar dirigió el teatro San Carlos. En 1805 cantó con mucho éxito “Giulietta e Romeo” en Viena, donde su sensacional interpretación de “La oración de Romeo” consiguió que el mismísimo Napoleón le concediera la “Orden de la Corona de Hierro de Lombardía”, y lo llevara a París como maestro de canto de la familia real, donde residió de 1806 a 1812. A su regreso a Italia se retiró de los escenarios y se dedicó a la enseñanza en el Conservatorio de Bolonia, del que llegó a ser director en 1817. En 1825 fue nombrado director del Conservatorio Real de Nápoles, donde tuvo como alumna -entre otros célebres cantantes- a Isabella Colbrán (1785-1845), quien más tarde sería la esposa de Gioachino Rossini, para quien estrenó muchos papeles que hoy día se mantienen en repertorio. También fue su alumno el afamado tenor Raffaele Mirate (1815-1895), quien estrenó en 1851 el “Rigoletto”, de Giuseppe Verdi.

Las arias operísticas que compuso para su labor pedagógica, y los trabajos de música vocal de cámara, fueron famosos a lo largo del S XIX, entre ellos su ensayo didáctico “Ejercicios para la vocalización” publicado en 1811. Fue miembro de la Accademia Filarmonica de Bolonia.

Murió en 1846, en Nápoles, cuando su mundo artístico había ya desaparecido.

Con Gaspare Pacchiarotti (1740-1821), Luigi Marchesi (1754-1829), y el posterior Giovanni Battista Belluti (1780-1861), Crescentini fue el primero del último período de castrati estrellas. Por los prodigios de su canto fue llamado “El Orfeo italiano”, y por sus grandes logros en la enseñanza del arte del canto “El Néstor de los músicos”. Como Pacchierotti, era de figura poco imponente en el escenario, pero tenía una voz de soprano clara, pura, y flexible, que le ganó la admiración de multitudes, y que figuras como el poeta francés precursor del romanticismo Alfred de Vigny (1797-1863), en su obra “La vie e la mort du Capitaine Renaud ou la canne de joch”, escribiera “una voz de serafín que salía de un rostro demacrado y arrugado”, o que Arthur Schopenhauer a sus 70 años escribiera en su diario “una voz bella de manera sobrenatural que le daba un timbre dulce y lleno”.

Como abanderado del verdadero “cantar che nell’anima si sente” (cantar que se siente en el alma), o canto patético, Crescentini estuvo a la cabeza del estilo del belcanto de finales del S XVIII, y contribuyó junto con Pacchierotti, Grassini, Luisa Todi de Agujar, el tenor Giacomo David, y otros, a sentar las bases para el grand finale que significó la obra de Rossini, de dos siglos de historia del canto. Algo de ese estilo, que él había recogido en sus “Ejercicios para la vocalización”, pasó a la música de Vicenzo Bellini.

Discografía recomendada:

Crescentini Giuliani Songs for soprano and guitar Veronica Amarres Sandro Volta.

Con amores For soprano and guitar Kathleen Kim Jong Ho Park DECCA.

(Continuará…)

Víctor Fernández es escenógrafo y director de escena, historiador de la ópera, y galerista.

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