Serie Los Castrati: ¿Quiénes fueron los más famosos? Sus vidas (10)

Gasparo Pacchierotti

Por Víctor Fernández.

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Gasparo Pacchierotti nació en Fabriano, Ancona, el 21 de mayo de 1740. Es posible que haya comenzado sus estudios en la catedral de su ciudad. También recibió entrenamiento en la Catedral de Forlì (Emilia-Romaña), y en la de San Marcos de Venecia, donde fue solista principal entre 1765 y 1768.

Debutó con el nombre artístico de Porfirio Pacchierotti en el Teatro dei Nobili de Perugia, en 1759 durante el Carnaval, en la ópera “Le nozze di Dorina” de Baldassare Galuppi (1706-1785) cantando, como solían hacer los jóvenes castrati, un rol femenino, Livietta. En 1765 cantó en Innsbruck, durante los festejos por la boda de Leopoldo II del Sacro Imperio Romano Germánico (1747-1792) con la infanta de España María Luisa de Borbón y Wettin (1745-1792), la ópera “Romolo ed Ersilia”, de Johann Adolph Hasse (1699-1783).

Establecido en Venecia a finales de la década de 1760 como cantante de ópera, y del coro de la iglesia de San Marco, donde Baldassare Galuppi era el director musical, tomó parte en varias óperas en el teatro Giovanni Crisóstomo -hoy Teatro Malibrán- cantando personajes secundarios. Su primer éxito como primo uomo fue con la ópera de Galuppi “Il re pastore” (1769). Durante su estancia en Venecia recibió entrenamiento vocal del compositor y maestro de canto Ferdinando Bertoni (1725-1813), con quien estableció una amistad que duraría toda su vida.

Fue contratado en Palermo en 1770 como primo uomo, donde cantó junto a la famosa y notoriamente caprichosa prima donna, la soprano Caterina Gabrielli (1730-1796), quien inicialmente se había negado a cantar con él. La diva exigió escucharlo antes de decidir si aceptaba o no. El virtuosismo de Pacchierotti, quien tenía voz de soprano, no solo igualó al suyo, sino que lo superó. Esto le granjeó la admiración sincera de la diva. Al año siguiente fue contratado por el Teatro San Carlo de Nápoles, donde cantó la “Ifigenia in Tauride” de Niccolò Jommelli (1714-1774). Permaneció en Nápoles durante cinco años, y tomó parte en alrededor de 20 óperas. Su prima donna fue frecuentemente la soprano Anna de Amicis (1733-1816). Los seguidores de uno y otra solían apasionarse durante las representaciones y fue así como un oficial de la Guardia Real llamado Francesco Ruffo, seguidor de la soprano, insultó a Pacchierotti públicamente, lo cual dio lugar a un duelo. Puesto que Ruffo era noble, tenía inmunidad. El pobre cantante fue apresado durante varios días, hasta que fue liberado por intervención del propio joven noble. Existe otra versión de esta historia: se comenta que Francesco Ruffo era amante de la Marquesa de Santa Marca, quien se había infatuado con Pacchierotti después de oírle cantar el rol de Enea de la “Didone abbandonata” de Joseph Anton Schuster (1748-1812), estrenada en el Teatro San Carlo el 12 de marzo de 1776. Ruffo sintió su honor ofendido y retó a Pacchierotti a duelo. El cantante acabó en prisión, y el mismísimo rey de Nápoles tuvo que intervenir para que fuera liberado. Después de esta aventura, como es natural, abandonó Nápoles en 1776 para siempre.

Durante su período napolitano también cantó en Bolonia durante el Carnaval de 1773 “L’olimpiade” de Ferdinando Bertoni (1725-1813), y en el teatro de la corte de Nápoles durante el carnaval de 1774, el “Orfeo” de Gluck.

Fue contratado por el Teatro Regio Ducal de Milán para el carnaval de 1775. Los siguientes quince años cantó por todo el norte de Italia. Se presentó en Milán, Venecia, Génova, Padua, Turín, Florencia, y Forlì, donde su interpretación del “Artaserse” de Ferdinando Bertoni provocó el famoso incidente reportado por Stendhal –“la orquesta dejó de tocar porque estaban tan conmovidos con su interpretación que tenían los ojos llenos de lágrimas”-. En cada una de esas ciudades interpretó una ópera de Bertoni. El 3 de agosto de 1778 tomó parte en la inauguración del Teatro alla Scala de Milán, ocasión para la cual se le había encargado una ópera al gran compositor Antonio Salieri (1750-1825). Dicha ópera fue “Europa riconosciuta”, en la cual interpretó el rol de Aesterio.

Los dos años siguientes, de 1778 a 1780, cantó regularmente en el Kings’s Theatre de Londres, donde Bertoni era el compositor residente. Volvió a Italia para cantar en Lucca el “Quinto Fabio” de Bertoni, en 1780. En el teatro San Benedetto de Venecia estrenó la “Armida abbandonata”, también de Bertoni, durante el carnaval de 1780 y 1781. En Mantua cantó “L’olimpiade” de Luigi Gatti (1740-1817) en 1781. Persuadido por el novelista, crítico de arte, escritor de crónicas de viajes, y político inglés, William Beckford (1760-1844), quien además de admirador era mecenas, regresó al King’s Theatre de Londres, donde Bertoni había vuelto a ser el compositor residente, y allí mantuvo un éxito constante de 1781 a 1784. El diario London Public Advertiser lo describió como “superior a todos los cantantes de su país desde Farinelli”.

Apareció como primo uomo en prácticamente cada temporada en el teatro San Benedetto de Venecia. Cantó también en Trieste en 1785, Génova y Cremona en 1788, Padua y Bérgamo en 1789, promoviendo fielmente las óperas de Bertoni. Permaneció en Italia hasta su última visita a Londres en 1791 donde cantó muchos conciertos y óperas. La inauguración y la primera temporada de carnaval del teatro La Fenice, de Venecia, en 1792 y 1793 fueron sus últimas representaciones operísticas.

En todos los sentidos fue uno de los más grandes cantantes de finales del S XVIII, y el último de un linaje de exquisitos sopranos. El político y crítico musical inglés Lord Richard Edgcumbe, II Conde de Mount Edgcumbe (1764-1839), escribió sobre él: “La voz de Pacchierotti era de soprano con mucha extensión, llena, y muy dulce en el registro agudo: su poder de ejecución era fantástico, pero tenía demasiado buen gusto e inteligencia como para hacer alarde de voz allí donde no fuera necesario, …consciente de que la mayor delicia del canto y de su suprema excelencia radica en cuidar la expresión y demostrar un exquisito pathos. Era un músico tan excelente que nada parecía serle adverso. Cualquier estilo era igual de fácil para él, y podía cantar de primera lectura todas las canciones de personajes completamente distintos, no solamente con la facilidad y la corrección que un profundo conocimiento de la música le daba, sino que entraba también en la visión del compositor dándole el espíritu y la expresión que este había puesto -en la partitura-. Tal era su ingenio, que sus variaciones y sus cadencias eran inagotables. …Sus recitativos eran inimitablemente buenos para que incluso aquellos que no conocieran el idioma, entendieran por su voz, expresiones y acciones, cada sentimiento que expresaba. Como cantante de concierto, y particularmente en la sociedad privada, brillaba aún más que en escena. Era un buen hombre de valía, modesto y tímido. No era presuntuoso en sus modales, era agradecido y cercano con sus numerosos amigos y mecenas”. Charles Burney también escribió sobre la genialidad de Pacchierotti quien, según él y Lord Richard Edgcumbe, “era el mejor cantante de su tiempo”.

A pesar de sus “muchas desventajas como persona” -en palabras de Lord Mount Edgcumbe (era muy alto, según la exhumación reciente de sus restos medía 191 cm, y desgarbado), era muy popular entre las damas quienes caían rendidas de amor por él, entre ellas Susanna Burney, la hija del historiador Charles Burney. Susanna y su hermana Fanny (quien llegó a ser una notable escritora) le llamaban “Sweet Pacc”. Pacchierotti se ganó su respeto durante las revueltas anticatólicas londinenses de junio de 1780 conocidas como “Gordon riots” (revueltas Gordon), negándose a quitar su nombre de su puerta y, a pesar de ser católico romano, insistir en caminar por las calles mientras las turbas gritaban “¡Abajo los papistas!”. Se sabe de una noble llamada Lady Mary Duncan que, en palabras del notorio novelista, coleccionista de arte, escritor de libros de viajes, dueño de una plantación, y político William Beckford (1760-1844), “tenía más aprecio por él, que una osa por sus crías”. Pacchierotti había conocido a Beckford en 1780 en Luca, durante el “gran tour” del joven aristócrata.

En mayo de 1784 Pacchierotti cantó varias arias de Haendel en las celebraciones por el centenario del compositor que tuvieron lugar en el Panteón de Londres. Su última visita a esa ciudad, en 1791, fue famosa por sus numerosas representaciones de la cantata “Arianna a Naxos” de Joseph Haydn (1732-1809), acompañado al piano por el propio compositor.

Su primera actuación después de su vuelta definitiva a Italia fue en la inauguración del Teatro la Fenice de Venecia, donde el 16 de mayo de 1792 cantó el papel de Alceo en “I giuochi d’Agrigento” de Giovanni Paisiello (1740-1816). En la siguiente temporada hizo su última aparición en el mismo teatro, en el estreno el 27 de enero de 1793 de “Inés de Castro”, de Giuseppe Giordani (1751-1798).

Se retiró en Padua, donde compró varias propiedades en la ciudad y sus alrededores, la más conocida se llama Ca’ Farsetti. Se hizo construir una extraordinaria mansión neogótica conocida como “Castello Pacchierotti”. El 2 de mayo de 1797 fue obligado a cantar un concierto para el conquistador Napoleón Bonaparte en el Teatro Nuovo de esa ciudad. Grandemente disgustado por la destrucción de su amada República Veneciana a manos de los franceses, Pacchierotti, lleno de patriotismo, escribió una carta a su colega la soprano Angelica Catalani (1780-1849), en la que hablaba de las “espléndidas desgracias de la victoria”. La misiva fue interceptada por la policía francesa y el cantante, una vez más, fue enviado a prisión.

Su fama continuó aún después de estar retirado. Fue visitado por importantes figuras, entre ellas Gioachino Rossini, quien a la queja del cantante de que la “música del momento era demasiado ruidosa”, ripostó “¡Dame otro Pacchierotti y sabré cómo componer para él!”. Stendhal, quien también lo visitó escribió “He aprendido más de música en seis conversaciones con el gran artista, que de cualquier libro de música; era el alma hablándole al alma”. A pesar de estar retirado de los escenarios continuó practicando. Tenía particular afición por los Salmos compuestos por Benedetto Marcello (1686-1739), de quien aseveró modestamente “He aprendido lo poco que sé”. En 1814 vivió un momento muy emocional cuando cantó en la Basílica de San Marco en Venecia durante la misa fúnebre de su amigo y compositor favorito Ferdinando Bertoni.

Cantó en público por última vez a la edad de 77 años. En esa ocasión cantó un motete en la iglesia de Mirano, en las proximidades de Venecia. Famoso por su frase “quien sabe cómo respirar, sabe cómo cantar”, también se dedicó a la enseñanza. En 1836, en Milán, su amigo el compositor Antonio Calegari (1757-1828) publicó un método de canto que se considera está basado en las enseñanzas y el método de Pacchierotti.

Enfermo de edema murió en Padua a la edad de 81 años, el 28 de octubre de 1821. Su tumba se ha hallado recientemente (2014) en una pequeña capilla adjunta a la Villa Pacchierotti-Zemella en Padua, durante su restauración.

(Continuará…)

Víctor Fernández es escenógrafo y director de escena, historiador de la ópera, y galerista.

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