Por Martin Hézode/Le Figaro.
ANÁLISIS – El país más hermético del mundo está sacando provecho de la situación geopolítica para enriquecerse y muestra un dinamismo inusual. Sin embargo, la transformación de su economía sigue siendo incierta.
El 19 de febrero, el Centro Cultural de Pyongyang acogió el IX Congreso del Partido de los Trabajadores de Corea del Norte. En el amplio y ostentoso auditorio simétrico, miles de burócratas con trajes grises y generales con uniformes repletos de medallas tomaban notas frenéticamente del discurso del «Líder Supremo» Kim Jong-un . La escena parecía un dictado. Detrás de su imponente atril de madera, el dictador alardeó de que «muchos sectores de la economía están avanzando de manera planificada y dinámica, liberados de largos períodos de obsolescencia y estancamiento».
Kim Jong-un tiene motivos para estar satisfecho. Según las estimaciones del Banco de Corea (el banco central de Corea del Sur), publicadas en agosto de 2025, se prevé que la economía de Corea del Norte crezca un 3,7 % en 2024, la tasa más alta desde 2016 (3,9 %). Aún más destacable es que esta es la primera vez desde 2014 que la nación más aislada del mundo logra dos años consecutivos de crecimiento, tras un 3,1 % en 2023…















