Por Frank Rodríguez.
En el primer día de su segundo término, el presidente Trump firmó una Orden Ejecutiva que rechazaba la práctica centenaria de que todo aquel nacido en Estados Unidos es ciudadano de Estados Unidos, de esta manera hizo hincapié en que esto era algo muy importante para él.
En medio de la Copa Mundial, un jugador estrella del equipo nacional recibió una tarjeta roja, siendo expulsado del partido, forzando al equipo a continuar con sólo 10 jugadores (ganó de todas maneras.)
Además, la sanción llevaba la penalidad de que este jugador no podría participar tampoco en el próximo partido, hoy, contra Bélgica. En eso ayer, el presidente Trump tomó el paso Infantino de lograr que la tarjeta roja de la FIFA fuese suspendida de forma que el jugador pueda jugar hoy.
¡Bravo! Señor presidente! Sin embargo, esta suspensión está en suspenso hoy pues Bélgica ha apelado de apelación del presidente Trump.
El jugador en cuestión se llama Folarin Balogun, nacido el 3 de julio de 2001, en Nueva York, EE.UU. Sus padres son nigerianos: Florence y Ben Balogun, de origen yoruba (la tribu de la religión afrocubana de Yemanyá y Changó) que vivían en Londres. Su mamá Florence viajaba en esos días a Nueva York de vacaciones porque tienen familia ahí. Estaba embarazada en etapa avanzada. Cuando intentó regresar a Inglaterra, la aerolínea no la dejó embarcar por el tamaño de su vientre y protocolos de seguridad para embarazos de alto riesgo. Así que Folarin nació en Brooklyn: Se quedó en casa de familiares allí y ahí nació el bebé que hoy nos ocupa. Por la ley de ciudadanía por nacimiento, obtuvo pasaporte estadounidense. Regresaron rápido: “Apenas nací, nos volvimos a Londres”. Su mamá aclaró que volvieron cuando él tenía unos dos meses. Toda su vida y formación futbolística fue en Inglaterra. En resumen, no eran residentes: Se hallaban en EE.UU. de visita temporal para ver familia. Su nacimiento fue «por accidente»: La aerolínea impidió que su mamá volviera a Londres por estar muy embarazada. Nunca vivió en EE.UU.: Se crio en Londres.
Pero algo interesante ocurre. Aunque se siente británico-nigeriano, le pareció correcto representar al país de su nacimiento. Algo muy especial le ocurre al ser humano, siempre siente algo especial como se dice “por la tierra que me vio nacer.” Mi moraleja personal: he experimentado que en EE.UU. el talento vale más que nada. “Talent trumps everything else.” En las corporaciones grandes, los altos puestos los ocupan igual un chino que un hindú, incluso en las empresas de Trump, éste está presto a “importar” lo que le importe a Trump. Trump con su apelación logró desvanecer su propia tesis de que un bebé nacido en EE.UU. no es americano si sus padres estaban de paso sin residencia permanente. ¡Autogoooool!
Frank Rodríguez es exiliado cubano en Miami. Tiene una Maestría en Economía de la Universidad de Miami, es comentarista, productor de Radio y Televisión, profesor, traductor y editor bilingüe.















