EDITO

Teoría del valor y catolicismo

Por Ulises Fidalgo.

Tomás de Aquino era dominico, debe de ser por eso que algunas discusiones entre tomistas en ocasiones son a cara de perro. He asistido a un debate por YouTube entre los filósofos Dante Urbina y Gabriel Zanotti. El tema era sobre la compatibilidad de la escuela austriaca de economía con la doctrina social de la Iglesia. Resultó una discusión entre sordos. No se entendían. Para Zanotti la escuela austriaca sólo brinda un método de estudio al comportamiento humano (la praxiología), mientras que para Urbina el liberalismo, más que una ciencia fría, es todo un corpus ideológico que intenta influir en la sociedad. Para Zanotti el liberalismo es lo que a los liberales honrados les gustaría que fuera, mientras que para Urbina es lo que realmente es y siempre ha sido.

Como aristotélicos que son, ambos saben que no hay ciencia sin interés político. El hombre es un animal político. Incluso la lógica fue sistematizada por primera vez por el Filósofo (Aristóteles, en términos tomistas) como herramienta para desenmascarar a sofistas y demagogos en la Polis. Desde que el primer Adam probó del árbol de la sabiduría cada afirmación que hagamos tiene una valoración moral. De hecho podemos usar la palabra juicio como sinónimo de afirmación. De todos modos el trabajo de los científicos consiste en la impostura de aparentar que podemos ver las cosas como antes de la Caída del Hombre. A primera vista esa pretensión se muestra factible. Por ejemplo, las leyes de Newton del movimiento parecen amorales, y tal vez lo fueran si no tuviéramos la tentación de usarlas para alcanzar nuestros buenos o malos intereses. Tal vez las leyes sociales también fueran amorales, pero una vez desentrañadas, vamos a querer usarlas. Y usar las leyes sociales significa manipular a la sociedad. Política.

Si los miembros de la escuela austriaca hubieran querido construir sólo un método de estudio,  y no una ideología que reemplazara la religión y la tradición moral ya existente, no habrían desembocado en el principio de no agresión de Murray Rothbard. Gabriel Zanotti no negaba que la escuela austriaca hubiera construido un corpus ideológico, que como todas las ideologías, son más o menos anticristianas. Lo que él defendía era que el centro del pensamiento austriaco podría usarse como un buen método para analizar el comportamiento de los hombres dentro del mercado. No sé si Dante Urbina entendió la defensa de Zanotti. No paraba de recordarle frases anticristianas de Misses y Hayek. Tal vez Dante fingía no entender para ganar el debate. En un momento Gabriel Zanotti respondió a aquellas pruebas de Fe, diciéndole que también Tomás de Aquino uso los escritos de Aristóteles y Averroes, quienes no eran cristianos.

El peruano Dante Urbina, como otros jóvenes católicos que han amanecido en este Papado de Bergoglio, lleva tiempo hablando contra el liberalismo, como si en Perú el liberalismo fuera el verdadero peligro. Como estudioso de Chesterton cree conocer un camino alternativo al socialismo, que no es el liberalismo económico. Cualquier cosa que se haga en la economía de un país consistirá en un cierto grado de intervención estatal. Menos intervención es menos socialismo, y más intervención es más socialismo. Dante Urbina cree que no defiende el socialismo en la economía simplemente porque le cambia el nombre. Extraños tiempos en los que hasta los tomistas son nominalistas.

Otra doctrina que defiende Dante Urbina es la del valor objetivo de las mercancías. Digo, doctrina, porque aceptar el valor como objetivo o subjetivo, que defiende la escuela austriaca, es el principio sobre el que empezar a analizar el mercado. Ciertamente la doctrina del valor objetivo es indefendible. De hecho Carlos Marx, que era heredero de la escuela escocesa de Adam Smith y David Ricardo, todos creyentes en el valor objetivo, incluyó cierto valor subjetivo, para explicar las crisis económicas, y argumentar la existencia de la explotación del obrero a través de la plusvalía. Hay centenares de ejemplos que muestran que aceptar el valor de la mercancía como un hecho subjetivo es lo más recomendable. Por ejemplo, si el valor fuera objetivo, las empresas nunca quebrarían, porque siempre se podría pasar los gastos al precio de las mercancías. Ante esa objeción se podría argumentar que el valor es objetivo, pero que no se sabe. Eso es equivalente a decir que es subjetivo. De hecho es lo que decían los clérigos de la Escuela de Salamanca. En palabras del siglo XXI sería: “Las mercancías tienen valor objetivo, pero sólo los conoce Dios. A nosotros nos queda atender a sus precios en el mercado.”

Ulises Fidalgo es Profesor de Matemáticas de Case Western Reserve University.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*