Rosa Rosae

Ángel Carromero dando su explicación sobre el asesinato de Oswaldo Payá y Harold Cepero

Por Ulises Fidalgo.

Sidra con coñac. El coctel se llama España en llamas, que es como una versión destructiva de la diplomacia de Molotov. La dirigencia del Partido Popular parece intoxicada por alguna sustancia, o simplemente es la doblez de siempre. Hace generaciones que los cubanos y los peninsulares son gobernados o tiranizados por dos Estados diferentes, pero cuatro siglos de matrimonio no permiten una separación efectiva. Lo que pasa en Madrid aún afecta a los cubanos, y lo peor es que los cubanos no lo saben, porque ya no miran a la metrópolis. Cuando asesinaron a Oswald Payá, allí estaba Carromero. Ese personaje ha sido el siniestro intrigante de las penumbras oficiales que medraban en las cloacas del Partido Popular, durante estos años de presidencia de Pablo Casado. Ahora fue apartado del Ayuntamiento de Madrid por dirigir una red de espionaje contra la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso, y su familia cercana y lejana: hermanos, madre, y hasta exmaridos y exnovios.

Ángel Carromero, sí, ese mismo galleguito que apareció confesando una culpa de asesinato imprudente a Oswaldo Payá frente a las cámaras castristas. Entonces no tenía cara de mosquita muerta, sino de guayabito asustado. Dijo, hablando rápido para que no se le pasara el teleprompter, que había sido un accidente de tránsito. Luego, ya a salvo, recordó que no dijo accidente de tráfico, que es como se dice en España, para que supiéramos que estaba siendo amenazado. Claro, lo condenaron en Cuba, por haber asesinado a Oswaldo Payá y a Harold Cepero, pero al final el ministerio de pusilánimes exteriores del también invertebrado Rajoy, logró sacarlo de las cárceles cubanas, para traerlo como preso a España. Los Castros le permitieron una prisión domiciliaria en Madrid. Podría estar en la calle, pero debería llevar un grillete electrónico todo el tiempo, hasta para dormir, y hasta para visitar los baños saunas.

Claro que sabíamos que estaba siendo amenazado. Ciertamente no era un asesino, aunque sí era un imprudente. Una persona tan cobarde como él no debería desafiar a una tiranía que tiene en su haber alrededor de nueve mil asesinatos políticos. Pero allá se fue él como el turista que va a África a cazar leones, pero cuando ve uno, suelta la escopeta y retrocede dando saltitos nerviosos y gritos agudos. Tal vez entonces no se conocía a sí mismo. Quizás no había comprobado que su carácter era tan débil. Pero ahora, con plena consciencia de su condición invertebrada ha vuelto a tropezar, pero esta vez contra Ayuso. Nunca había sabido de un cobarde que le gustara tanto el riesgo. Quizás quiera probarse una y otra vez, para ver si alguna vez logra actuar de manera digna. Pero lo más probable es que le guste el olor de su propio líquido de miedo.

Cuando Casado se presentó como candidato a la presidencia del Partido Popular, tanto Ayuso como Carromero lo apoyaron en su esfuerzo. Isabel daba la cara y la luz, mientras que Carromero, la espalda y la sombra. Una vez ganó la presidencia, Casado entonces propuso a Ayuso para que fuera candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, en el Palacio de la puerta del Sol, mientras que descendió a Carromero a la jefatura de las alcantarillas de la noche genovesa. Trabajaba en los pasillos de la Calle de los Genoveses, y en los gimnasios cercanos. Con efectividad cuidaba al líder, e intrigaba contra las posibles competencias. Es decir, contra Isabel Díaz Ayuso quien iba adquiriendo liderazgo mientras Casado se desinflaba. Luego sembraron a Carromero en el ayuntamiento de Madrid, y desde allí intentó jugar a ser Fouché, y claro le salió mal. Fouché era un genio. Carromero sólo era tenebroso. No llegó ni a detective Smart, ni siquiera a la agente noventaynueve.

Esta semana Isabel Díaz Ayuso denunció la persecución emprendida por la dirigencia de su partido contra ella. Pablo Casado ha quedado invalidado para llegar al gobierno de España y el Partido Popular se deshilacha en el escándalo. Para colmo, al intentar justificarse, Pablo Casado dio una entrevista a la cadena COPE donde, con eufemismos de politiquillo, confesó que alguien le había hecho llegar un informe sobre datos fiscales del hermano de Díaz Ayuso, y él lo guardó para chantajearla. En estos días se ha visto que no había ningún caso de corrupción de Ayuso. El espionaje de Carromero fue inútil, delictivo y absurdo, por contraproducente. Tras el Ayuso-Gate se entiende porqué el Partido Popular tenía tanta doblez con la causa de la libertad cubana. Carromero y su mafia rosa estaban en el mismo extremo centro de nuestra Rosa de los vientos.

Ulises Fidalgo es Profesor de Matemáticas de Case Western Reserve University.

2 Comments

  1. Estaba esperando esta publicacion, el Carromero hizo el trabajo sucio se vendio como Judas por 3 dinares que verguenza , nunca me gustò su presencia pero asi es la vida los altarcitos caen y veremos las consecuencias aqui habra tela para cortar , vestidos, pantalones camisas sacos y hasta corbatas

  2. Andrés R Rodríguez

    Los políticos ya no saben en qué cloaca habitar. Que tipo más bajo!!!!

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