Relajo con orden

Manuel Cuesta Morúa, dirigente de Arco Progresista, una de las organizaciones de la Nueva Izquierda cubana

Por Ray Luna.

Me han preguntado, hartas veces, qué es el izquierdismo. He dado, a lo largo de los años, diferentes respuestas. La más adecuada, sin embargo, es que el izquierdismo (o la izquierda) es un oxímoron: un relajo organizado. Esto es, un desorden organizado o, por qué no, un orden desorganizado, da igual. Quizá sea un reordenamiento del orden desorganizado. ¡Si lo sabremos los cubanos!

Los amigos que buscaron la salida, solían decir: “Esto aquí es un relajo, pero con orden”. Hace 20 años muy pocos cubanos estaban plenamente conscientes de que la democracia es sólo otra variante del colectivismo que hoy llamamos socialismo (ya sea marxistanacional o democrático). Mis amigos no comprendían un hecho tan simple: no hay salida. Casi todos los países de Occidente son socialistas y se inclinan cada vez más hacia la izquierda. Quienes vivían en Europa o Estados Unidos se imaginaban a sí mismos en “tierras de libertá”. ¡Craso error! Una cosa es tener un amo menos cruel y malvado, otra muy diferente ser libre. (Al menos esto es lo que dice un tal Robert Nozick.)

Cuando salí del país por primera vez, abordé un vuelo de Cubana de Aviación a las 6 am, aterricé dos horas más tarde en el Distrito Federal (la capital de todas las izquierdas). ¿Adivina quién era el Jefe de Gobierno en esa época? Sí, acertaste: Andrés Manuel López Obrador. AMLO procede del ala más izquierdista del Partido Revolucionario Institucional (PRI); más tarde fundaría el Partido de la Revolución Democrática junto a otro gran líder de la izquierda mexicana: Cuauhtémoc Cárdenas. Sí, acertaste otra vez: Cuauhtémoc es hijo del expresidente Cárdenas, quien no sólo nacionalizó la industria de los hidrocarburos, sino que  quiso combatir en Bahía de Cochinos. Tal vez valga la pena mencionar que, Lázaro Cárdenas, dio asilo y protección económica a casi todos los comunistas españoles que llegaban huyendo de Franco, incluso, creó una universidad para ellos, el Instituto Politécnico Nacional.

(Note como las palabras revolución y democracia van casi siempre juntitas, tomaditas de la mano.)

Me tocó sentarme junto a una cubanita que fue inspeccionada con gran severidad por los agentes de aduana en la Ciudad de México, pues llevaba una bolsa de chocolate en polvo (ridiculez inconcebible); me compelió a “aprovechar” los servicios de la aerolínea ordenando la cerveza en vez del jugo cuando la azafata nos ofreció el menú del desayuno. “Trágame tierra”, me dije. El vuelo fue el preludio de una experiencia única e inolvidable.

Malcolm X dijo que una revolución —cito de memoria— es como un fuego que arrasa con todo, como un bosque en llamas. Un incendio es un desorden organizado. (Para la física moderna el fuego es solamente gas ionizado, plasma. Para Heráclito, algo muy distinto. El fuego en la Edad de Bronce era símbolo de la juventud y la eternidad del mundo. Pero sobre todo, caos. El fuego está hecho de caos, como las revoluciones.)

Sin embargo, a la derecha —en todas partes— le gusta la definición de Malcolm X. Le gusta pensar en la izquierda y sus revoluciones como en un fuego muy ardiente, muy veloz y muy peligroso. No obstante, el hecho de que México se haya ido moviendo más y más hacia la izquierda, demuestra que la izquierda es también una podredumbre lenta y degradante.

El izquierdismo es una droga hecha de palabras. Como Jefe de Gobierno del Distrito Federal, AMLO implementó muchísimos programas sociales que elevaron, por supuesto, la deuda de la ciudad y la corrupción a niveles inéditos: pensiones para los ancianos, las mamás solteras, los discapacitados, etc. Este émulo tabasqueño de Cárdenas no podía sino fundar su propia universidad, un nido de marxistas.

Lo primero que notas cuando sobrevuelas la megalópolis es que no tiene ríos. Fuera del aeropuerto ya todo es caos vial, un océano de concreto y mugre. La exuberancia demográfica del Distrito me pareció chocante. Y, como en casi todas las capitales, puede observarse la decadencia arquitectónica del México moderno a simple vista. No obstante, se conservan huellas de un pasado verdaderamente organizado y bastante pulcro cuando visitas los cuadros centrales de la ciudad y algunas colonias. Con todo, la decadencia urbanística de la Ciudad de México es tan antigua como los pequeños pueblos que la mole fue de a poco absorbiendo como un monstruo que no puede parar de crecer. Me gustaba leer en clase una graciosa novelita de Ángel del Campo que muestra ese humillante proceso: La rumba. Más de un estudiante vio el retrato de su familia en la obrita, puedo asegurarlo.

Alguien me dijo una vez que la tumba de Porfirio Díaz, en París, siempre tiene flores. Es muy probable que la gente añore el porfiriato por representar una época de orden. Fue bajo su gobierno que floreció el Modernismo y con él la obra de uno de los más extraordinarios poetas modernistas, Manuel Gutiérrez Nájera, quien se declaró marxista con apenas diecisiete años y fuera, además, amiguísimo de José Martí. Así como es válido preguntarse cómo un dictador pudo construir tanto en treinta años —fascina el Palacio de Bellas Artes—, también es válido preguntarse cómo es que sociedades no democráticas producen hombres de tan gran calibre y genio. Como la Cuba española, por ejemplo. El positivismo mexicano, padre de la Revolución, prometía “orden y progreso”; mas todo lo que vemos es caos y miseria.

Perdón por la digresión. Decía que la Ciudad de México es el caos, pero no sólo eso. La Ciudad de México es también el horror. Durante el tiempo que moré allí, bajo el gobierno de AMLO, Alejandro Encinas, Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera, la inseguridad y el crimen organizado hicieron el lugar inhabitable para mí. (Todos ellos tienen las manos manchadas de sangre, en especial Ebrard.)

Huyendo del caos y la violencia mexicana, me refugié en un paradisíaco pueblito playero de la Costa Oeste de los Estados Unidos.

Ray Luna es filólogo y bloguero reaccionario.

6 Comments

  1. Pingback: Relajo con orden – – Zoé Valdés

  2. Alejandro González Acosta

    He disfrutado mucho tu texto, Ray. Este da pie para varias sabrosas y muy dilatadas conversaciones sobre «lo mexicano», tema que a mí también me intriga. Un gran abrazo.

  3. Ray Luna

    Un abrazo muy fuerte para ti también. Pues estaría bueno que Zoe nos invite a su programa y charlamos para que el público comprenda la gran cercanía entre ambos regímenes.

    Sospechoso que Zoé también lo disfrutó mucho, pero no quiero ser arrogante.

    Gracias por tu comentario

  4. Ray Luna

    A ti. El Zoepost se está volviendo un refugio político cultural para mucha gente buena. Gracias a ti y al Carba y a todos los que hacen este bastión más grueso cada día.
    De veras, muchas gracias.

  5. Pingback: Relajo con orden II -

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*