Pompeya: preservada para la posteridad

Una de las calles principales de Pompeya

Por Manuel C. Díaz.

 

Pompeya pudo haber llegado a ser una importante ciudad de nuestra época. O pudo haber desaparecido en el tiempo, como tantas otras ciudades romanas de la antigüedad, dejando en su camino hacia el olvido un leve rastro de columnas destruidas y capiteles dispersos. Pero no fue así. Ni se convirtió en una ciudad moderna, ni terminó siendo, entre las ruinas de algún coliseo, un atisbo de pasadas glorias imperiales. Todo lo contrario. La erupción del Vesubio en el año 79 de nuestra era la preservó casi intacta -bajo una capa de lava y cenizas- para la posteridad.

Es por eso por lo que, casi tres siglos después de su descubrimiento, cuando los visitantes atraviesan la Porta Marina y ven sus casas, sus templos, sus calles, sus prostíbulos y hasta los cuerpos conservados de sus habitantes, inmóviles en la cotidianeidad de sus vidas truncadas, es como si atravesasen un misterioso umbral que conduce al pasado.

Hace unos años, cuando la visité, los recorridos turísticos comprendían los mismos lugares de siempre: el Templo de Venus; la Basílica, donde los magistrados impartían justicia; el Macellum, un mercado bajo techo donde se vendían carnes y pescados; la Casa del Fauno, llamada así por la estatua de bronce del mítico personaje que se halla en el centro de lo que fue un estanque; la de los Cupidos Dorados, perteneciente a la segunda esposa de Nerón; la casa de la familia Vettii, en cuyas paredes espléndidamente decoradas, pueden verse algunas escenas de fuerte contenido erótico, sobre todo en las del famoso mural de Príapo, en el que abundan numerosas representaciones fálicas; y la de Menander, una de las más opulentas, con las paredes de sus habitaciones adornadas con hermosas pinturas, entre ellas una en la que puede verse a Ulises en la Guerra de Troya.

Una sección del Foro, parte de la vida pública de la ciudad

Y, claro, el Foro, centro de la vida pública de la ciudad y desde donde pude ver, en su amenazante esplendor, el Vesubio.

Sin embargo, ese conocido recorrido turístico ha cambiado. En realidad, se ha ampliado. Y es que los arqueólogos, que nunca han dejado de excavar, recién descubrieron nuevas calles y mansiones perfectamente conservadas.

Estatua de bronce de El Fauno, a la entrada de la casa del mismo nombre

Muchas de ellas ya han sido bautizadas: el Callejón de los Balcones, un conjunto de varios edificios en los que en cada uno pueden verse tres ventanales casi intactos; la Casa de los Delfines, con sus coloridos frescos de animales: un pavo real, un loro y varios ciervos. Y la de Júpiter, la más suntuosa de todas, dedicada al principal dios de la mitología romana.

Uno de los cuerpos conservados, inmóvil en la cotidianeidad de su vida truncada

No hay un día en que no descubran algo nuevo. A veces son las evidencias de la vida diaria de sus pobladores antes de la erupción: mesas, camas, candelabros, joyas, ánforas y perfumes. Los hallazgos se suceden uno tras otro. El más reciente de ellos -y quizás el más sorprendente- son los restos de tres mujeres y dos niños, encontrados en un dormitorio donde aparentemente trataron de resguardarse del fuego y las cenizas. Viendo las fotos de sus cuerpos calcinados es imposible no imaginar el terror que sintieron cuando vieron correr hacia ellos la lava que los sepultaría.

Una calle con sus columnas destruidas y sus capiteles dispersos

Cuando el llamado Gran Proyecto Pompeya concluya y se puedan visitar sus nuevos yacimientos, estoy seguro de que quienes lo hagan los recorrerán con un asombro aun mayor que los que lo hicieron primero. Y estoy seguro también de que cuando vean el Vesubio alzándose en la distancia entre retazos de nubes, no les parecerá el verdugo implacable que sepultó con su furia telúrica a Pompeya, sino el celoso guardián de sus ruinas.

Manuel C. Díaz es escritor y crítico literario. Fotos del archivo personal del escritor.

El autor con su esposa en el centro del Foro y con el Vesubio como imponente trasfondo

One Comment

  1. Pompeya tiene muchas cosas interesante y aun siguen descubriendo casas afrescos , mosaicos etc, pero para mi lo mejor de Pompeya son los puticlub los lupanares y las calles que indican las direcciones con falos, se imaginan un cubano en esos tiempos dando direcciones hahaha

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*