Paz y amor

Por Ulises Fidalgo.

La madrugada en la que leí «Las penas del joven Werther» llovía en Madrid. Mientras desayunaba me llegó por la radio la música de «La Pasión según San Mateo”. Era en un apartamento de un solo cuarto en un callejón que tenía un solo edificio. Detrás estaba aquel simulacro de río que le llaman Manzanares y cruzando el Puente de Toledo estaba la fábrica de cerveza Mahou. Me hubieran encantado trabajar allí. La soñolencia habría tenido explicación.

Cuando supe que iba a vivir a Madrid me vinieron dos sueños distintos. Me imaginé a mí mismo caminando por el Paseo del Prado, y en otro momento, me vi en la mañana temprano yendo a trabajar. Lo que nunca imaginé fue la combinación de ambas imágenes. Caminar por el Paseo del Prado sólo para ir a trabajar.

En la calle ya había escampado. Era una mañana de primavera, aún tranquila. Tanto la brisa como el brillo de las gotas eran ligeros. El recuerdo de la música de Bach contrastaba con el de la lectura de Goethe. La música caía suave como una sábana, mientras las frases del texto eran punzantes. Nada tenían en común aquellas dos obras,  «La Pasión según San Mateo” y «Las penas del joven Werther”, más allá de que ambas se compusieron en la ciudad de Leipzig.



En cualquier diccionario de sinónimos y antónimos «frenesí» es sinónimo de «pasión», pero aquella música no combinaba con el frenesí que se quedaba tras leer el texto. La paz y el amor son excluyentes. Nadie puede esperar paz mientras ame, ni lo contrario. El amor surge de la excepción y la paz medra en lo uniforme. Para que haya paz todos tendríamos que vernos iguales, pero sólo amas lo excepcional. La persona que es especial en ese momento. La paz es obtusa y el amor es agudo.

Se usa la paz como excusa para la injusticia. En nombre de la tranquilidad se intenta disolver la responsabilidad en un masa uniforme. Por suerte todo es falso. Cada persona es única, y es la singularidad lo que permite la justicia. La uniformidad, requiere del olvido, y por tanto de la impunidad. Los juicios son mal visto por los pacifistas, y por eso juzgan peor a los que piden justicia que a quiénes cometen los desmanes. No se dan cuenta de que al juzgar a los que juzgan, ya están juzgando, pero con injusticia. La paz es otra utopía colectivista, y claro, al final es corrupción.

Ciertamente nunca tendremos paz mientras vivamos, pero a cambio podemos tener la verdad que trae la libertad, y de la libertad la singularidad de cada uno, donde surge el amor. Llegue a la parada del autobús. Estaba solo antes de disolverme en otro día de trabajo. La mañana se iba levantando con sus ruidos, y las gotas se irían secando de tanto brillar.



– Paz y amor es una mezcla inverosímil.- Me dije con la certeza de que nadie me escuchaba. – Sin embargo es el Paraíso que se nos promete tras la muerte.


Ulises Fidalgo
 es Profesor de Matemáticas de Case Western Reserve University. Jefe de Redacción de ZoePost.

 

9 Comments

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  2. Maria Ekena

    Me gusta mucho como escribes, gracias! 👏🏻👏🏻👏🏻

  3. Heidys Yepe

    Precioso, genial.

  4. Me gusta La Paz que da , leerte. Gracias.

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