Política

Lo que Montaner no nos dice

Por Ray Luna Rodríguez.

EEUU se ha metido en un cul-de-sac harto peligroso. El país se encuentra al borde del abismo y tal parece que Carlos Alberto Montaner (CAM en adelante) está decidido a darle un buen empujón. Durante los últimos meses ha arreciado su largo maratón de cuatro años despotricando contra Trump. Siempre, eso sí, con una montaña de datos a su disposición.

Voy a ser directo: si los americanos y, por ende, los cubanoamericanos quieren seguir viviendo en un país unido, que proteja sus intereses más genuinos, no les queda otra cosa que atravesar la pared. Por ello quiero conminarlos a pensar hacia adelante, es decir, del “primer principio” a la conclusión. No inductivamente o hacia atrás, como pretenden CAM; puesto que, los datos, a fin de cuentas, son cosa humana.

Trump no nos cayó con el muro, ni ha puesto “mano dura” con Venezuela y Cuba como prometió y esperábamos; ni siquiera ha podido controlar a ANTIFA. Es verdad. No obstante, tome en cuenta que Trump salió de la nada. El hombre no llegó al poder acumulando una larga lista de cargos en el gobierno. No, Trump es un outsider y como tal tiene derecho no sólo a improvisar sino a cometer errores. Tome en cuenta que desde los tres fracasos de Pat Buchanan no había habido un candidato republicano que valiera la pena votar, pese a llevar una agenda inconexa.

Ahora bien, CAM está en su derecho de apoyar al candidato demócrata si así lo desea (aunque ello conlleve morir malquisto a los ojos de sus compatriotas y las huestes liberales de las Américas que tanto deben a su labor intelectual); pero al menos, que nos dé el cuadro completo.

Vayamos por partes.

 

  1. Trump conserva la lealtad de sus votantes aún, pero no de los donantes republicanos. Y mucho menos de los funcionarios republicanos, a quienes también tuvo que vencer en 2016. ¿Cuántos presidentes hemos visto tener que enfrentarse a su propio partido? Sobre todo, cuando los funcionarios republicanos promueven políticas contrarias no sólo a su agenda sino a la del propio Partido Republicano.

 

—Permítame adelantarme y aclarar que como reaccionario y libertario de extrema derecha que soy, Trump no me simpatiza mucho que digamos. Trump, en pocas palabras, es un republicano que gasta dinero como si fuera demócrata. En muchos temas económicos Trump se inclina hacia la izquierda y eso lo acepto sin digerirlo. Por otro lado, el tipo es un hígado. Le falta el carisma de Reagan pero también le sobran güevos.

 

  1. Sume a sus enemigos internos los del otro partido y los que tiene en el llamado Deep State (o sea, la burocracia enquistada durante décadas en las oficinas del gobierno federal). ¿Deberíamos preguntarnos por qué sigue vivo?

 

  1. Déjeme decirle que al menos la agenda comercial anda bastante bien después de su agresiva renegociación. Es verdad que Trump habla muy bien de Xi Jinping para mi gusto, pero ¿usted cree que Hillary hubiera hecho algo similar? Definitivamente, está claro que Trump dio marcha atrás a la política del PCCH como no lo hizo ninguno de sus últimos cuatro predecesores.

 

  1. De hecho, Trump no sólo no apoya la guerra sino que derrotó al Estado Islámico al tiempo que resucitó viejas y creó nuevas alianzas.

 

—Es cierto que muchas de las políticas trumpistas están todavía incompletas, aunque sin duda un resultado adverso en las urnas sólo traerá retroceso. En verdad la única solución que tiene lo poco que el presidente ha hecho mal es cuatro años más de ese mismo presidente. Quiero decir, cuatro años más de populismo y nacionalismo, pero también de patriotismo y de la ley y del orden que tanto el país necesita. Más Trump quiere decir menos negligencia de la clase política con la gente de a pie, con los trabajadores del campo y de las fábricas que aún no se marchan al Cuarto Mundo. Más Trump significa menos del Macartismo de lo políticamente correcto que nos han impuesto las corporaciones tecnológicas y de las que la propia directora de este medio ha sido víctima. Significa más libertad religiosa y más respeto por el derecho a la posesión de armas.

 

—No entender a estas alturas que una victoria de Biden significa retomar el camino hacia la tiranía corporativista iniciada por Bill Clinton, promovida por Obama y truncada por la derrota de Hillary, es un signo de testarudez.

 

—Es verdad que no es mucho, pero cuatro años más de Trump, aunque insuficientes para sacar a EEUU y Occidente de este callejón sin salida, podría tornarse una tendencia generacional.

 

  1. Trump no es el mejor defensor de Occidente, ni contra el multiculturalismo, el antiamericanismo y el antioccidentalismo, pero como dirían en Cuba: con estos bueyes tenemos que arar. Sin embargo, su política migratoria está abocada a combatir por todos los medios que sean necesarios el separatismo étnico que tanto daño está causando en Europa. Salvar a América requiere una cierta dosis de nostrismo.

 

—En realidad, me opongo no solamente a la importación de tercermundismo, sino a la de mis propios compatriotas quienes no comparten ninguna afinidad cultural con los Estados Unidos. Me opongo del mismo modo a la reinstauración del programa de parole para los médicos.

 

—CAM ha declarado más de una vez su deseo de hacer extensiva la Ley de Ajuste (Cuba Adjustment Law) a todos los inmigrantes latinos. De hacerse realidad su sueño el padrón electoral se inclinaría todavía más hacia la izquierda. Lo que CAM pretende es que el país donde reside sea más Demócrata y más democrático, menos Republicano y menos republicano. Nada más sencillo que fomentar el multiculturalismo y la envidia igualitaria (victimización y el resentimiento) si lo que se desea es destruir la unidad de la Federación.

 

—Por supuesto, la culpa de que la tendencia al multiculturalismo haya aumentado algorítmicamente no la tiene CAM, sino la derecha estadounidense que no sólo no se había opuesto a ella hasta ahora sino que ayudó a la izquierda a llevarla a cabo con gran eficacia durante los últimos, digamos, 60 años. Porque si hay algo a lo que un político de derecha le teme es a que lo llamen racista y xenófobo.

 

  1. Trump ha heredado un país tremendamente dividido por una Guerra Fría que trascendió al plano civil. Créanme, El fin de la historia es un cuento de camino. America no es un “quilt of a country”. Ya no existe un nosotros, más bien un ellos es lo que queda.

 

—Trump ha debido ingeniárselas para restaurar la unión de la Unión. Lo prueba el hecho de que la gran masa de sus votantes pertenece a la clase media y trabajadora que subsiste gracias a la agricultura y la industria manufacturera y la minería, tan alejadas de los grandes centros financieros donde residen las élites burocráticas y corporativas minoritarias que reciben las ganancias.

 

—En un momento en que el bipartidismo estadounidense ya no defiende un conjunto objetivo de postulados básicos y metas, tal parece que mientras más fuerza adquiere la pulsión identitaria en la izquierda más endeble aparece el sentimiento romántico (pulsión hacia la diversidad) en la derecha. Lo que había sido una República dividida en lo económico y una en la religión y en la cultura ya ha dejado de ser. El rojo y el azul ya no se amalgaman hoy, como el agua y el aceite, o mejor, el amor y el odio.

 

—Nunca pensé que diría esto, pero lo que el país necesita es un partido republicano trumpista que no se ponga del lado del capital global, como han venido haciendo demócratas y republicanos. Un partido que se oponga al programa globalizador de la clase dominante, porque es obvio que el Partido Republicano no puede. Por otro lado, la estrategia para combatir el populismo de izquierda de los demócratas debe ser populismo nacionalista. Hay que entender que en el 2016 la izquierda estaba preparada destruir la alternancia y convertirse en Partido Único. Hay que entender que la dictadura es una cosa de la democracia. EEUU debe volver al republicanismo y para eso se necesita un fuerza equipolente en Washington con capacidad de reelección en los niveles federal, estatal y local. Si el trumpismo llegase a constituir una clase política estatal y local fuerte, ello le ganaría el respeto de Washington, o sea, del autoritarismo de la élite dominante.

 

—La reforma del republicanismo no es una alternativa, es la única opción. Dejando a un lado a Jim Crow y, por paradójico que sea, debe parecerse mucho al antiguo Partido Demócrata, abiertamente conservador.

 

—Infortunadamente, para lograrlo el partido republicano tiene que moverse un poco hacia la izquierda en la gráfica de Nolan. Ahora bien, moverse a la izquierda para ampliar su base no significa renunciar a la defensa de la propiedad privada, la libertad económica o la equidad —igualdad ante la ley—, ni mucho menos apoyar la expropiación forzosa que la izquierda llama eufemísticamente “reparaciones”. Nada de eso, nada de redistribución. Simplemente, se necesita un partido cercano a los trabajadores: ajustes salariales, infraestructura y medioambiente. En otras palabras, un partido que fomente la industria nacional, incluso, si ello conlleva a aumentar con moderado exceso el gasto público como viene haciendo el presidente.

 

—Como Alt-right Libertarian entiendo que el salario mínimo trae, en el largo plazo, desempleo e inflación; pero como reaccionario, entiendo asimismo que la izquierda, aunque pierda, siempre gana. Verá, lo que se considera neoconservadurismo hoy en los Estados Unidos es sólo la posición ideológica de la izquierda 80 años atrás. ¿De qué cree que se trata la guerra arancelaria con China? El proteccionismo trumpiano es puro populismo. Y está bien que así sea.

 

—Sin embargo, en lo social el trumpismo debe ser intransigente, debe haber continuidad. O sea, tiene que desbaratar la ingeniería cultural de la izquierda defendiendo el cisgenerismo y desmontando la idea de que un montón de campesinos blancos de Kentucky sin un quinto tienen “privilegios”. Nada de chicos biológicos en las Olimpiadas, de baños compartidos; ni mucho menos Safe Spaces en las universidades.

 

—Aunque el partido tiene, pese a su “diversidad”, un reto demográfico importante ante sí porque sus votantes son, por lo general, blancos. En cuanto a las demás razas, el partido tendrá que concentrarse en conseguir el voto de los hombres. Los asiáticos parecen ser cosa aparte, porque supuestamente deberían ser conservadores naturales. Con todo, la etnia más próspera del vota como si fuera puertorriqueña.

 

  1. Para ganar los votos de la tecnocracia asiática, los negros, los hispanos y la clase trabajadora del Medio Oeste y Chicago, Trump necesita enviar un mensaje inequívoco. Los demócratas están horrorizados, puesto que si Trump gana esos votos, permanecerán republicanos por varias generaciones.

 

—Es aquí donde la cosa se pone difícil. Porque la élite dominante hará uso extensivo de lo que se conoce como EL MEGÁFONO. Esto es, el sórdido mecanismo de propaganda a su disposición, que incluye los centros educativos y los medios masivos de comunicación nuevos y tradicionales. Por eso el debate con Biden será definitivo. Oiremos la palabra “racista” más de una vez, se lo aseguro. El argumento favorito de los demócratas es el siguiente: si no ganas votos negros e hispanos es porque obviamente eres un racista. Ya conocemos esa cantaleta. Tratarán de aplastar la victoria posdebate con su máquinaria de calumnias y emociones. Cero razón.

 

—Trump no sólo necesita el voto de las comunidades no blancas para ganar, sino el de los medios independientes.

 

—El mensaje de esta noche debe ser concreto, digno, prometedor en cuanto a beneficios para el desarrollo individual del ciudadano americano. Un mensaje, no de amor, sino de amor propio y patriotismo. Un mensaje que defienda el libre mercado para TODOS y no sólo para unos cuantos. Para que los “nuevos empleos” no consistan solamente en lavar platos y cocinar hamburguesas, que consistan más en crear que en servir —que devuelvan el orgullo a la gente—. Debe ser un mensaje que se comprometa a bajar los costos de los servicios médicos. Un mensaje, por encima de todo, de paz racial. Un mensaje que llegue además a las fuerzas armadas, que las dote de confianza en el gobierno federal. Un mensaje de moderación con mano firme en la política exterior que proyecte autoridad y no nada más poder. Un mensaje que asegure la existencia de la familia y el exterminio de modas académicas. Un mensaje donde la palabrita “progreso” se entienda como riqueza real y para todos mas no por igual. Un mensaje, en fin, que las encuestas no puedan diluir en fragmentos digitales.

 

De nada de esto nos habla CAM.

 

Ray Luna Rodríguez es Filólogo de profesión, ex académico de la UNAM y bloguero libertario.

 

7 Comments

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  2. Carlos M. Estefanía

    Interesante artículo, lo comparto y agrego: Menos aún dirá Montaner que en su condición de antiguo vicepresidente de la internacional Liberal, su función, más que la de servir a Cuba, es la de apoyar con los intereses del imperio británico y sus neocolonias, la mal llamadas mancomunidad. Es este imperio enmascarado y supuestamente desmembrado, el verdadero padre y promotor el globalismo en el peor sentido de la palabra, el mismo que abrió el comercio de opio en China a cañonazos y que desde entonces viene penetrando y utilizando para sus cosas al gigante asiático, incluido probablemente en tales servicios la plandemia del coronamito, tan utilizados, en buena medida gracias a la casta “científica” y sus malos consejos para socavar la autoridad del presidente norteamericano según se vio en el debate con Biden. Evidentemente Trump con todos sus defectos, se aparta de este proyecto y será tarea del fundador de la Unión Liberal Cubana atacarlo.

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