Yo maté a Sánchez (2)

Por Ray Luna.

En otra parte he hablado acerca de cómo Carlos Alberto Montaner devino parte del Megáfono, esto es, del mecanismo de propaganda al servicio de la izquierda global. En aquella ocasión, por razones de espacio, no lo dije todo.

El dêmos

Incluso si Trump ganase las elecciones, la izquierda seguiría al mando de las universidades, los medios, las grandes corporaciones… Esencialmente, de todos los centros de poder en Estados Unidos. Los republicanos corren el riesgo de nunca más volver a ganar una mayoría nacional. La matemática electoral luce muy mal para ellos y ha sido así por lo menos durante una generación.

Los demócratas han manipulado la demografía del país y están felices porque de ello depende permanecer en el poder.

Hace mucho que no existe una alternancia del poder real. La democracia siempre funciona mal, pero sobre todo cuando un partido siempre gana y los demás son relevantes. La decadencia democrática tiene lugar cuando deja de haber un acicate para promover el programa de un partido frente a la oposición. De ahí a la dictadura no hay un gran trecho.

Trump, en cambio, no ha dado señales de querer acaparar el poder para siempre.

Montaner lo sabe.

La moral

Cuando la derecha habla de estas cosas se la acusa de conspirar, de instigar el miedo y el odio. Esto se conoce como paralaje moral. Sólo la izquierda puede hablar sobre política migratoria sin ser “racista”. Se trata de una evidente proyección: cualquier cosa de que la derecha sea acusada será precisamente lo que la izquierda está haciendo.

Montaner lo sabe.

El relato obamista

Las nuevas economías, los nuevos tipos de arreglo social, que predominan, por ejemplo, en las ciudades universitarias están sepultando para siempre la vieja y aburrida Middle America.

Valga mencionarlo, el partido de la oligarquía siempre ha sido el Partido Demócrata, los verdaderos neoliberales, los que continuamente machacan a la clase media y la clase trabajadora. Si Biden toma el poder esa tendencia sólo puede acelerarse. Todas sus políticas fiscales y sociales, sus industrias… Todo esto “representa” el futuro y los republicanos de habían —vergonzosamente— aliado con ese futuro.

En ese sentido el 2016, no solamente fue un viraje inesperado para los demócratas y sus élites —quienes estaban seguros de que Hillary Clinton iba a ganar—, sino que supuso la abolición del acuerdo bipartidista del 2002. Es decir, la tesis de Obama de que America no iba a volver a ser lo que era y había que irse acostumbrando. Esa tesis iba por fin a consagrarse, permanentemente.

¿Qué otra cosa explica entonces la histeria de los cuatro últimos años?

Montaner lo sabe.

La conjura

El Russiagate es otro asunto del que Montaner casa partido. La izquierda ha fracasado miserablemente al tratar de sacar de forma extraconstitucional y humillante al hombre naranja de la Oficina Oval. Pusieron en marcha un ardid inaudito sólo para sentirse emocionalmente satisfechos.

El Boomers Remover

Los demócratas están, por otro lado, encantados con el encierro por el COVID19. Hoy lo sabemos, la Blue America insistió, sobre todo, en el cierre económico. Sabían que el cierre de la economía y el repentino aumento del desempleo iban a dañar la imagen del presidente. La estrategia no funcionó. De pronto, comenzaron los disturbios.

No es cierto, como dice Montaner, que los seguidores de Trump nieguen la existencia del virus. La verdad es que todos los pronósticos sobre la expansión de la pandemia —entre febrero y abril— fallaron. En un momento de total confusión, cuando nadie sabe qué hacer, fue necesario atenerse a los principios. Por eso miles de fábricas continuaron trabajando en la completa clandestinidad.

Con el correr de los meses la América azul siguió insistiendo en el cierre económico.

Black Lives Matter dijo en Chicago que los saqueos son reparaciones. Cual sacrificio pagano se queman ciudades enteras. Los Down Towns de las algunas de las grandes urbes lucen desiertos. Cada vez hay más indigentes y son cada vez más descarados y agresivos, más antisociales. La destrucción de las ciudades se lleva a cabo con la total complicidad del liderazgo demócrata, que se rehúsa a hacer casi nada.

¿O tienen un plan maestro que escapa a nuestra comprensión?

Tal vez Montaner lo sepa.

Igualdad sin libertad

¡Y pensar que una errónea interpretación de la igualdad nos ha traído hasta aquí!

Montaner es un liberal progresista. Esto quiere decir que piensa que “gobierno sin consentimiento” es injusticia. Para él la igualdad es el terreno metafísico —o prepolítico— donde el consentimiento se materializa: un hombre tiene derecho de propiedad sobre su conciencia, su trabajo y sobre sí mismo.

Por añadidura, los hombres sobresalientes y talentosos no son por ello regentes naturales de los demás hombres. Lo embarga entonces la necesidad de pertenecer a una comunidad política. A menos que sea un eremita. Defensa colectiva y colaboración requieren política, requieren reglas.

Pero ¿en qué sentido todos los hombres son creados iguales como dice la Declaración de Independencia norteamericana?

Una economía creciente y un alto grado de libertad individual atrae un innúmeros inmigrantes, es verdad. Aún así, se debe reconocer la legitimidad que tiene el soberano (el pueblo) a decir “no, queremos una inmigración limitada”. Los derechos civiles se han transformado en una segunda Constitución ilegal. De modo que la inmigración es considerada por la izquierda y las élites como un derecho civil para extranjeros.

Montaner se halla entre quienes creen que hay espacio para el mundo entero en este país.

El sistema de castas

Muchos de los grupos que pelean o llegan en caravanas reclaman derechos —presuntamente ancestrales— basados en la raza y la identidad. Esta actitud vindicativa sólo puede conseguir una cosa: minar el tejido social. La izquierda, supuestamente combate la instauración de un nuevo sistema de castas mientras instaura un nuevo sistema de castas.

Maquiavelo decía que la mejor manera de destruir las instituciones es hacerlo sin cambiarles el nombre.

Montaner lo sabe.

Trump vs la élite 

El presidente no pertenece a la élite gobernante porque, en primer lugar, no comparte su agenda, ni sus opiniones acerca de casi nada. Principalmente, en materia de política exterior. Trump se dirige en dirección opuesta a las metas de las élites.

Ellos no quieren una inmigración limitada, él sí.

Ellos no quieren aranceles , ni redomiciliar las fábricas, él condena el outsourcing.

Trump es duro con china, ellos se alían con china.

Ellos quieren un súperestado policía (Constabulatory State), tropas por doquier, peleando por Dios sabe qué; él no.

La élite dominante no es patriota, sino mercenaria. No son leales a ningún estado, y menos a los Estados Unidos. Ninguna sociedad puede sobrevivir por mucho tiempo si es manejada por una élite que no es leal al propio país que gobierna. Tampoco es cosmopolita en sentido estricto, sino globalista: conforma una burocracia que opera, no por encima de los estados, sino independientemente de ellos. Si las cosas se ponen muy malas, ellos se refugian en sus búnkeres y listo.

Montaner tiene de triple ciudadanía. Las cosas se ponen feas en España, pues, te marchas a Estados Unidos y ya está.

Se requiere un juramento para convertirse en ciudadano de este país, se requiere que se le rinda total y exclusiva lealtad. Es absurdo, le diré quiénes tienen múltiples pasaportes: los espías tienen múltiples.

Martí, contaba Ripoll, nunca se hizo ciudadano de los Estados Unidos. Montaner lo sabe muy bien.

El relato

El núcleo de narrativa de la izquierda es que Estados Unidos es irremediablemente racista y, como no ha sido capaz de expiar este pecado, lo único que se puede hacer es implementar un nuevo sistema de castas elevando nuevos grupos —presuntas víctimas— y castigando a otros —presuntos represores—. Como parte del Megáfono, Montaner acumula y muestra constantemente datos que encajan en esta narrativa, que se inserta incluso en el entretenimiento y en el deporte.

Sólo se puede analizar una ideología desde el punto de vista de otra ideología. Quienes sobreestiman su resistencia a la propaganda, son su blanco perfecto. En la próxima entrega le explicaré cuál es la motivación oculta tras el sismo ideológico que cimbra la personalidad de Carlos Alberto Montaner.

Ray Luna Rodríguez es filólogo, ex académico de la UNAM y bloguero libertario.

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