Libertad y Vida para universalizar la rebeldía. A propósito de una conferencia en redes sobre los vínculos del arte y política con relación a Cuba

Por Carlos M. Estefanía.

Tuvo lugar el pasado 26 de febrero de 2021, y con cierto retraso en la hora acordada la anunciada Conferencia oficial del Parlamento Europeo «Patria y Vida, arte y política unidos por Cuba». Francamente no me fue fácil dar con ella, a pesar de que, en el anuncio del evento que me había llegado, se incluía el enlace a un canal de YouTube que transmitiría el evento. Sin embargo, a la hora acordada allí no empezaba nada, me trasladé a la página del propio Parlamento, concretamente al sitio donde se presentaban sus eventos en videos y no aparecía tampoco. Por fin di con el canal ADN donde estaba transmitiendo el evento, con un nivel de atrasos y silencios de los participantes, que dejaba mucho que desear, sobre todo si se le compara con las tertulias disidentes de Cambio de Bola, un evento inédito en la historia de las disidencias bajo regímenes comunistas, un programa que se hace desde La Habana, hacia el mundo, aunque con participación de gente de afuera. Además de estos inconvenientes, sobre todo de la ausencia de cualquier elemento visual asociable con el Parlamento Europeo, mas bien parecía una reunión de amigos emitiendo desde sus respectivas casas, como las que nos hemos acostumbrado a ver en las redes en estos tiempos de pandemia. Lo que más se echó en falta fue la interpretación en el evento de la canción que le daba nombre, la cual quedó recomendada para ser interpretada ante los ilustres y ausentes parlamentarios europeos cuando terminen los encierros decretados en nombre del Covid19, es decir Ad calendas graecas o para ser más claro, para cuando la rana críe pelos.

Pese a todo el encuentro internético «Patria y Vida, arte y política unidos por Cuba» ha sido muy aplaudido y retransmitido en las redes sociales del anticastrismo virtual. Evidentemente no comparto la magnífica opinión sobre el encuentro que tienen muchos de mis compatriotas no alineados con el gobierno. Tampoco me sumo a la feroz crítica lanzada desde La Habana contra el mismo, aunque debo reconocer que sus organizadores se la pusieron fácil a sus agentes de opinión, incluido personajes disminuidos física y mentalmente como Edmundo García, que se ha dado gusto atacando el evento, entremezclando verdades y mentiras,  aireando algún que otro trapo sucio de sus participantes o simplemente centrándose en la crítica (no siempre desatinada)  no solo de las palabras, sino de la obra artística, musical o literaria de sus participantes, cebándose especialmente en Wendy Guerra, Yotuel Omar Romero Manzanares, Alexis Valdés y Arturo Sandoval

Por cierto, de todo lo que escuché, lo más interesante, por lo inesperado y su carácter humano, fue la experiencia del trompetista Sandoval, contando la peripecia de sus ancianos padres devenidos en balseros.

Todo lo demás, más que por lo sabido, por la forma en que se expresaban (habiendo tantas artes involucradas) resultó aburrido. Es como si un demonio se hubiera encargado de borrar en los participantes, ese carisma que suelen derrochar en escenarios y entrevistas cuando de vender sus obras respectivas se trata.

De la maldición no escapó ni siquiera Alexis Valdés. Presentado como el mejor cómico cubano, y creo que lo es (entre los que viven), no alcanzó a dar una de esas emotivas arengas políticas, que no por demagógicas, suenan tan bien en la boca de su colega y competidor Alex Otaola, incapaz empero de dar la talla en eventos políticos internacionales de verdad, como aquel Fórum 2000 de la República Checa, en el que tanto desentonó. Lo suyo son los espectáculos en las redes sociales y esta habría sido su oportunidad. Sin embargo, el compromiso con Trump convierte al posible culpable de Patria y vida, en “figura non grata” a la hora de elegir participantes del evento presuntamente auspiciado por un parlamento que no perdona el intento del expresidente, de desmantelar poco a poco la presencia de tropas norteamericanas en el viejo continente.

Carente de tamaña competencia bien pudo Alexis representar algo mejor que el papel de un artista tardíamente arrepentido de su silencio frente al gobierno, más allá de algún que otro chistecito subido de tono político que se le haya escapado en sus programas televisivos y que parece haber terminado enemistando al gobierno cubano con el Rey del Bien humor de la televisión, así se hace llamar en su sitio digital. Bien pudo el Rey salvar la situación apelando a su talento histriónico, dejando a sus personajes de Cristinito o mejor aún Nereida, criticar la política de nuestra ínsula, con el ingenio que les caracteriza, burlándose lo mismo de situaciones cotidianas que de la política norteamericana o internacional y poniéndolos al servicio de la denuncia. Pero en lugar de eso, prefirió sacar el peor lado de su creatividad y castigarnos con el discurso invertido de un guía de pioneros, rematando al público, sin la más mínima piedad con un nuevo poema, olvidando, que como rimador solo da para presentar a sus invitados o si acaso para la letra de una graciosa guaracha.

Así, entre los invitados no había un sólo especialista de talla que valiera la pena escuchar. Y eso que, en lo referente al tema de los vínculos entre el Arte y Política cubanos, sobran pensadores con facilidad de palabra dentro de nuestra enorme diáspora, algunos con obras de gran actualidad, a propósito de lo que se pretendía discutir en el encuentro, por citar un ejemplo, el escritor y conferencista cubano, radicado en Barcelona, Arsenio Rodríguez Quintana, acaba de publicar una obra de gran pertinencia para un encuentro como el de marras: “-Los Acuartelados de San Isidro. Crónicas sobre disidencia artística en Cuba 1961-2021.” Ed Muntaner 2021.  Pero gente como esa no participa en esto encuentros- No es casualidad, es la predecible consecuencia de la mediocridad que impera en la política europea hacia Cuba y su visión tercermundizante de los acontecimientos que tienen lugar en una isla, que solo se asocia con la música, el baile y el libertinaje sexual.

El pecado se profundiza en aquella parte del estamento político europeo que en teoría y por ideología debería colaborar con la democratización, en sentido liberal, de Cuba. Los conozco bien y no creo que los de España sean muy diferente a sus colegas suecos, con los que he lidiado durante décadas, sé lo poco que podemos esperar de sus representantes, ya no los cubanos, sino los ciudadanos de sus países que con votos y pagos fiscales garantizan la vida muelle que estos llevan

 

Una experiencia

 

Hace más de 20 años un puñado de cubanos recién llegados a Suecia, todavía en proceso de integración social, y a expensas, de la injusta deportación que tantos compatriotas sufrieron en el país escandinavo, se las ingeniaron, sin gastar el centavo que les faltaba en el bolsillo, para hacer del Centro liberal internacional sueco, la palanca con la cual, mover la solidaridad sueca hacia el incipiente movimiento democrático cubano. En ese momento emergía de manera heroica en la isla, una extensa disidencia, con su prensa independiente a la vanguardia. Esta conexión fue muy útil para los que intentaban democratizar a Cuba desde abajo, porque demostró que el problema de la isla era más que una confrontación entre su gobierno y el de Estados Unidos, y que existía un pensamiento opositor que merecía el respaldo de un tercero, en este caso, los políticos europeos.

Pero allí donde estaba nuestra fuerza también estaba nuestra debilidad, radicaba en el pragmatismo, la falta de ideales y entrega a causas universales que caracterizan a quienes viven de la política europea. La primera señal nos la dio el mismo CILS cuando, pese a nuestras advertencias y para beneplácito del régimen, comenzó a aceptar fondos públicos norteamericanos, a sabiendas de que en la propia Suecia existe un dinero destinado a fomentar los derechos humanos en el exterior, del cual se habían valido los acólitos del régimen cubano a falta de otros proyectos realmente comprometidos con el pueblo. Pero lo peor fue la inexplicable orden que nos llegó de nuestra contraparte sueca, la que poseía los recursos, para disolver el Comité pro-Premio Nobel a Oswaldo Payá Sardiñas (La Habana, Cuba, 29 de febrero de 1952-provincia de Granma, 22 de julio de 2012) que habíamos creado junto con representantes del liberalismo, el conservadurismo y la democracia cristiana locales.

No sé si de haberse mantenido aquel comité se habría conseguido el Nobel para el líder del Movimiento Cristiano Liberación, pero sí habría sido una garantía más para conservar su vida, sobre todo en ese momento en que el opositor cubano entraba en conflicto público con la Iglesia Católica, la misma que de algún modo había amparado su obra, un manto protector que desaparecía ante los ojos del régimen opresor.

Entre tantos errores, de aquellos políticos que intentamos colocar al servicio de la causa cubana, llamó mi atención la propuesta de un funcionario de crear un proyecto para trabajar ideológicamente a la disidencia para inculcar en ella los valores del feminismo, que es la ideología imperante en casi toda Europa Occidental.

Ocurría que algunos de los suecos que habían viajado al país tropical regresaron alarmados por el modo en que las esposas de los disidentes atendían a sus esposos, por ejemplo, llevándoles hacendosamente el café a donde estaban sentados.  Se trataría de aplicarles a los opositores, el mismo tipo de ingeniería social que ha degenerado en la guerra de sexos en Europa, con la correspondiente destrucción de la familia tradicional y afección de sus hijos. No se daban cuenta aquellos “liberales feministas”, que gracias a esa ecología de afecto familiar que pretendían desarticular se gestaba una entrega mutua, fundamental en la resistencia del ciudadano frente al poder del estado. Algo impensable para la Europa feminista de nuestros tiempos, donde si el marido va preso por mucho tiempo, los probable es que al salir de la cárcel se encuentre otro hombre en su ligar. En la Europa moderna la historia de Penélope es cosa del pasado, quizás porque ella emigró a Cuba, pues, ¿qué otra cosa sino la naturaleza “penelópica”  que hasta principios de este siglo anidó en el corazón de la mujer cubana podría explicar el nacimiento de un movimiento, como lo fueron en sus orígenes Las Damas de Blanco? Esas esposas valientes y leales, supuestamente sometidas al patriarcado disidente, salieron a las calles, sin otra arma que gladiolos a defender con un coraje inigualable, la libertad de sus esposos, injustamente encarcelados por el estado totalitario durante la llamada “Primavera negra del 2003”.

 

Y dale con el feminismo

 

No había vuelto a pensar en aquel intento de feminizar la lucha del pueblo, hasta escuchar las palabras de Yotuel en el Parlamento Europeo. El caso es que Youtuel casi reconoce haber sido adoctrinado por su mujer. Tampoco es culpa de ella, como el resto de los jóvenes españoles ella está educada en los cánones del Borbonismo de género, con el que se sustituyó el adoctrinamiento nacional católico tras la desaparición del franquismo. Y es por ella, que, sin venir al caso, el esposo, mete la cuchareta del machismo para explicar el tema cubano, usando, a falta de otro paradigma científico, la imagen de la violencia doméstica como explicación de lo que sufre el pueblo de Cuba.

Qué pena que en este asunto Yotuel prefiera guiarse por lo que opina su señora, y no lo por lo que dice en esa misma España, que tanto le enseña, una compatriota, que ha demostrado que en nuestra época la condición de mujer, no está reñida con crear una familia y al mismo tiempo hacer carrera profesional y política, me refiero a Rocío Monasterio, quien con la misma fuerza que denuncia al régimen cubano, desenmascara la mal llamada ley de igualdad de sexos, con un discurso que, a la vez que denuncia el sexismo andrófobo feminista, busca la erradicación de la violencia doméstica,  en todas sus versiones, es decir el de la agresión del hombre a la mujer, de la mujer al hombre, de los adultos a los niños,  de los jóvenes a los ancianos, o entre las parejas de un mismo sexo.

Pero eso no es lo que aprende el artista cubano del debate político en su nueva patria, se va por camino fácil, por eso no se le ocurre otra cosa que comenzar su intervención, usando ese paradigma feminista que rompe con la realidad extrayendo de su contexto sólo una de las expresiones de esta violencia y contemplando maniquea e ideologizadamente a los factores que se involucran en ella.  En consecuencia, Yotuel reduce el pueblo cubano a la condición de mujer infantilizada, débil e incapaz de valerse por sí misma, que ha creado el imaginario feminista, precisamente como justificación para exacerbar los conflictos maritales y así el estado pueda colarse en los problemas de alcoba y desde allí tomar control de la familia española como no se vio ni en los tiempos más autoritarios del franquismo.

Este tipo de comparación lo único que sirve es para confundir a quienes quieren comprender el problema cubano, amén de servir además al propio Yotuel, quien asegura que el arte debe ser apolítico, para seguir su labor de politización artística en un nuevo escenario, el del debate cubano, con su papel de desestabilizador de costumbres familiares ancestrales, misión que cumple en uno de sus últimos videos musicales:” Rebelde”, dirigido por Eugenio Recuenco donde actúa junto a Omar Montes y Beatriz Luengo reutilizando la canción del mismo título de Jeanette; la incapacidad para crear canciones completamente nuevas, de valor, es asombrosa en el caso de este equipo.

El video es un buen ejemplo del modo en que Yotuel no le hace asco mezclar arte y política cuando se trata de apoyar desde la cultura la agenda del feminismo hegemónico. En ese caso concreto la actuación música, baile y ambientación se usan más que para distraer o complacer los sentidos, para popularizar un alegato, por demás muy de moda, contra la forma en que los grupos religiosos en Occidente, ya sean protestantes, católicos, hebreos o gitanos, intentan canalizar la libido de sus jóvenes, particularmente las chicas. Naturalmente no se muestra en el video la alternativa que les espera, una vez que se “rebelan” contra los valores que el video critica, un mundo donde el acto amoroso está mediado por las drogas, la experimentación de prácticas sexuales no reproductivas, como el masoquismo, el uso de muñecas y consoladores, la sodomía, etcétera, donde desde esa misma industria cultural se promueve entre los jóvenes la promiscuidad (poliamor le llaman eufemísticamente) la aceptación de la poligamia sobre todo dentro del mismo sexo o en su variante poliándrica que es la menos “fértil”), la falta de compromiso y en general toda la animalización de la sexualidad humana, mediante la cosificación por igual de mujeres y hombres, aunque los feministos y feministas no puedan reconocerlo.

Lo importante es apelar al espíritu de rebeldía, para sacarnos de una situación y llevarnos a otra, posiblemente más peligrosa. El mejor ejemplo lo tenemos en eso que un día se llamó revolución cubana y que todavía se propagandiza en Europa con dinero de sus propios contribuyentes mientras los políticos miran para otro lado.

 

Rebeldes en tiempos de Covid-19

 

Y ya que hablamos de rebeldía, la pregunta pertinente sería: ¿Por qué Yotuel Romero, en lugar de hablar de las lindezas democráticas aprendidas en Europa y de paso afeminar la condición de su pueblo no aprovecha la ocasión para denunciar el modo en que la politiquería europea se ha cubanizado, para espanto de los que un día contamos con ella como parapeto de nuestro movimiento democrático?

Nada más oportuno para percatarse del fenómeno en estos momentos, en que los Gobiernos de Europa parecen competir con el cubano en el establecimiento de una suerte de tiranía sanitaria sobre sus respectivos pueblos, no importa la tradición y cultura “democrática”, generalmente sobrevalorada, que solemos atribuir a los europeos, y negamos injustamente a los cubanos.

Dado el paso a la disidencia, el miembro de Orishas debería haber usado la oportunidad, para ejercer la crítica al sistema en general, no solo a esa caricatura grotesca que se manifiesta en Cuba.

Yotuel, más que del maltrato a mujeres, debe haber sido testigo del maltrato físico y pecuniario que están sufriendo desde hace meses, sus conciudadanos, españoles, por delito de reunirse en casa, salir de ella o simplemente no ponerse el bozal cuando la policía se lo ordena, sin mucha justificación en la ciencia.

El emigrado cubano en Europa, ve con asombro cómo se le regresa a su pasado, sin necesidad de deportarlo. Cómo estos estados que le acogen, hasta ayer tan de derechos y democráticos, están usando, con el pretexto de la pandemia, los mismos mecanismos de control, aislamiento y destrucción de la economía que solo creíamos posible bajo un régimen totalitario de izquierda, violando derechos humanos y constitucionales sin que sus parlamentarios digan nada.

Un nuevo y bravo mundo feliz donde se ha deshumanizado a la población reduciéndola a la condición de simple vector del Covid-19, donde se está reprimiendo, de manera cada vez más violenta y arbitraria a todo el que se manifieste en las calles o en las redes contra las políticas que dicen luchar contra la pandemia, a la vez que dan señales de obedecer a otras agendas; convirtiendo en nuevos Giordano Bruno y Galileo Galilei a quienes desde la ciencia y la evidencia, cuestionan los dogmas de las narrativas con que gobiernos, medios y especialistas carentes de toda ética, justifican la imposición del nuevo orden viral, marcado por  encierros, distanciamientos innecesarios y sobre todo por el intenso miedo al otro.

Por supuesto que se hacen necesarios eventos que unan a la oposición cubana con Europa, pero la contraparte de esta no se encuentra en la casta política del viejo continente. De ella no podemos esperar nada, como acaba de demostrar el embajador de la UE en Cuba Alberto Navarro, quien ha puesto a Cuba, entiéndase su gobierno, como modelo de Solidaridad con Europa, y que califica de ¨respetuosa, franca y honesta¨  la cooperación entre el bloque comunitario y la isla antillana.

Llama particular atención, el modo en el que el funcionario elogia la estrategia cubana para enfrentar al coronavirus, aprendida por los europeos de la China continental y que, en el caso cubano, se ha caracterizado no sólo por la más violenta represión de la población, como aventajado discípulo de sus maestros europeos y asiáticos, sino  también por la extorsión más descarada a quienes viajan a la isla, llevándoles de manera directa o indirecta a hospedarse en hoteles de cuyos ingresos se beneficia el Estado, explotando aún más el bolsillo de aquellos repatriados a los que por años estuvo dando alas y a quienes ahora cobra impuestos y retira gratuidades. Son los mismos afectados que hoy extrañan unos privilegios, que al desaparecer, bajo el raulato tardío, podrían explicar, en parte las críticas al régimen, de algunos artistas que, hasta el otro día, visitaban la isla sin decir de ella, ni esta boca es mía.

 

Conclusión

 

Lo que tiene que hacer el movimiento democrático cubano es olvidarse de la ambivalente burocracia política europea y responder a la mecánica de un gobierno que, aplaudido desde el viejo mundo, se agarra de un virus para arreciar su control sobre el pueblo y su economía. Se trata en esta hora tan especial de la humanidad, de no solo declararle la guerra, a la tiranía totalitaria nacional, también a la sanitaria universal, que no perdona a los pueblos sometidos hasta ayer por gobiernos aparentemente “democráticos”, entregando su particular experiencia bajo un régimen autoritario de más de sesenta años, a quienes acaban de despertar del sueño de la “libertad” y hoy plantan cara a lo que muchos médicos e investigadores califican de plandemia, batiéndose contra ella, lo mismo en Buenos Aires, que en las calles de Paris, Roma o Viena, enfrentando el decreto de Cuarentena o Muerte, con miles de pancartas cuyo contenido resumimos, parafraseando el título del evento de marras, como Libertad y Vida. Ese sería también el título de la canción virtual que uniría a la vieja oposición cubana, y sus nuevos reclutas del arte, con la nueva disidencia de occidente, una pieza musical todavía no escrita que anda pidiendo a gritos, la música, el texto y la voz que sabrían poner Yotuel, Gente de Zona, Descemer Bueno y compañía.

 

Carlos Manuel Estefanía. Nacido en La Habana en 1962, realizó estudios de Filosofía en las Universidades de La Habana y Moscú, licenciándose en 1987 en la especialidad de Materialismo Histórico. Posteriormente realizó estudios de postgrado en materias tales como, economía, relaciones internacionales, periodismo, lingüística, teoría de la comunicación y semiótica. Así mismo recibió cursos por encuentro en la Facultad de Derecho en la Universidad de La Habana, en materias tales como: Historia del Estado y el Derecho, Teoría del Estado, Derecho de Familia, entre otras. En mayo de 2009 recibió el título de Magister en Pedagogía del Español y de las Ciencias Políticas por la Universidad de Estocolmo.

Radica en Suecia desde 1993, donde es fundador e integrante de la directiva de la Sociedad Académica Euro cubana, así mismo, es presidente de la Asociación de Graduados Extranjeros en Suecia. Es además miembro de la Asociación de Corresponsales Extranjeros en Suecia (PROFOCA) y del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio.

3 Comments

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  2. Es lo que siempre digo la falta de instruccion, de visual politica hacen que algunos cubanos caigan en el error de pensar que la UE es el non plus ultra y en realidad no es asi, y en el caso especifico caer en parlamentarios de izquierda , como siempre en fin los cubanos esperando siempre que otros les resuelvan el problema y los veo muy mal si los tainos no luchan su yuca poniendo entre comillas que este show fue cinicamente preparado a beneficio personal y de la dictadura

  3. Félix Antonio Rojas G

    Grandioso artículo…

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