La manzana y la vida

Imagen Jarmoluck

Por Ulises Fidalgo.

El lunes es Labor Day, el martes es Rosh HaShaná y el miércoles, el primer cumpleaños de ZoePost. Así empieza la semana. Todo está conectado. Salimos a caminar. Estamos en la cosecha de la manzana y ya hay algunas caídas en los front yards de Cleveland Heights. Esta vez mi hijo no se adentró para coger la de los vecinos. Nosotros respetamos la propiedad ajena. No somos comunistas. Claro que es pecado comer del fruto del manzano de otro.

En Rosh HaShana no se festeja la Creación, sino que se recuerda la caída del primer Adán. Alguna vez escuché que al principio el árbol de la sabiduría no era un manzano sino otro que no sabemos cuál. Suena contradictorio que nos haya traído la sabiduría y que no sepamos qué fruta era. Sólo empezamos a pensar en una manzana cuando el mito llegó al latín, donde manzana se dice malum. También escuché que el hueso con el que se diseñó a la mujer no era una costilla, sino que salió del hueso del pene que los hombres ahora ya no tienen. Los animales para aparearse se ponen verticales y necesitan un hueso para el esfuerzo de las dos erecciones. Los humanos, ya erectos durante el día, suelen acostarse para el sexo en la noche. Tuvimos que prescindir de ese aditamento al empezar a andar sobre dos piernas. Así, con los años, tanto el hombre como su pene tienden a encorvarse.

La gravedad. Si la historia de la manzana de Newton es cierta, también tenemos que festejar durante estos días el descubrimiento y formulación de la Ley de Gravitación Universal. Según cuenta el mito, durante una pandemia la Universidad de Cambridge suspendió sus clases, y el joven estudiante Issac Newton dedicó su tiempo a mirar un manzano. Supongo que en septiembre vio caer una manzana. En otro momento del año habría sido un milagro. Al verla caer se preguntó por qué si las manzanas caen, no se cae la Luna. Ese es el tipo de preguntas que se hace la gente cuando tiene un año completo de Labor Day y lo dedica a mirar una mata.

El Cielo no se cae porque Atlas aún lo sostiene. En toda la historia hubo un sólo día en que Atlas descansó de su peso. Lo reemplazó Hércules. Fue parte de su penúltimo trabajo que consistía en robar las manzanas doradas del jardín de las Hespérides. Lo maravilloso de este relato no es que el Cielo pueda caer, ni que robar sea un trabajo (siempre ha habido comunistas), es que antes del descubrimiento América, ya la gente robaba tomates. Pomodoro en italiano significa manzana dorada. De todos modos, es probable que Hércules antes ya hubiera estado en Cuba cuando robó los ganados de Gerión. Dicen que estuvo en una isla más allá de la mar océano. Debió ser Cuba. A su vuelta construyó las Columnas de Hércules, y le puso nombre a los Pirineos.

Nada de lo anterior está comprobado. Lo que sí es cierto es que gracias a las manzanas hoy podemos leer ZoePost. Sin la manzana de la discordia no habría ocurrido la guerra de Troya, ni Eneas habría fundado Roma, ni habría habido guerras Púnicas, ni se hubiera romanizado la península Ibérica, ni existiría España, ni se hubiera descubierto América, ni tampoco podríamos leer en español. Pero si no queremos recurrir a los mitos antiguos, tenemos más manzanas. Sin manzanas no existiría Asturias, y ya se sabe: “España es Asturias y lo demás es tierra conquistada”. Así también la hispanidad. El cumpleaños de ZoePost lo festejaré con Sidra, porque ningún gran comienzo puede prescindir de las manzanas.

Ulises Fidalgo es Profesor de Matemáticas de Case Western Reserve University.

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