La Basílica de La Sagrada Familia  -Una obra maestra inconclusa-

Fachada del Nacimiento

Por Manuel C. Díaz.

Ciento cuarenta años después del inicio de su construcción, el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, cumbre de la arquitectura religiosa moderna y al cual el gran arquitecto catalán Antonio Gaudí dedicó la mayor parte de su vida, sigue inconcluso.

Los dirigentes de la Junta Constructora habían anunciado que la Sagrada Familia, como sencillamente se le llama a esta conocida basílica católica, estaría terminada en el año 2026, coincidiendo con el centenario de la muerte de Gaudí.

Sin embargo, la pandemia del coronavirus acabó con esos planes. Así lo dio a conocer Esteve Camps, presidente delegado de la Junta Constructora, en una reciente entrevista: “Si no hay un milagro los trabajos no podrán terminarse en esa fecha”.

La construcción de esta emblemática edificación comenzó en 1882 bajo las órdenes del arquitecto Frances de Paula del Villar quien, por desavenencias con la Asociación de Devotos de San José que patrocinaba la construcción, renunció cuando apenas habían comenzado los trabajos de la cripta.

La dirección recayó entonces en Antonio Gaudí y, de repente, todo cambió. El joven y genial arquitecto tomó la idea original de Villar de construir una iglesia de tres naves con elementos típicos del gótico y la convirtió en una monumental concepción arquitectónica que podría catalogarse, por la amplitud teológica de sus temas, como una Biblia esculpida en la piedra de sus fachadas, pórticos y torres.

Detalle de la Fachada del Nacimiento

La primera de sus fachadas, la del Nacimiento, es una meticulosa recreación de los momentos más humanos y familiares de Jesús; la segunda, la de la Pasión, que se empezó a construir en 1954 según los dibujos y explicaciones que había dejado Gaudí al morir en 1926 después de haber sido atropellado por un tranvía, refleja el sufrimiento de Cristo en su crucifixión a través de una serie de dramáticos conjuntos escultóricos. Y la última, la de la Gloria, que una vez terminada será la más grande y espectacular de todas, permite el acceso a la nave central del templo y está dedicada al reino celestial de Jesús.

Fachada de la Pasión

Recuerdo el asombro que sus fachadas me hicieron sentir la primera vez que las vi. Para describir lo que se siente frente a su monumentalidad arquitectónica y artística, solo se me ocurre contar esta anécdota. Fue hace muchos años: veníamos en una excursión guiada desde Francia y cuando nuestro grupo llegó frente a ellas, un americano que caminaba delante de nosotros se detuvo, alzó la vista lentamente, como queriendo abarcar toda la verticalidad de las torres, y dijo: “Oh, my God”. Pero enseguida, cuando no alcanzó a comprender el simbolismo de aquel acertijo de piedra, exclamó: “What the hell is this?

A mi nunca se me olvidó aquello porque yo tampoco salía de mi desconcierto, que fue mayor cuando el guía nos explicó que las fachadas, cada una con aquellas cuatro torres que se perdían en el cielo, eran solamente los costados de la iglesia, y que cuando estuviesen terminadas, si es que alguna vez llegasen a estarlo, serían el doble de alto.

Detalle de una de las torres

Pero no son solo sus fachadas las que causan admiración. También la provocan sus tres pórticos, todos situados en la Fachada del Nacimiento y que representan las virtudes teologales. Vistos desde la calle, el de la Esperanza aparece en la izquierda, está dedicado a San José y en el mismo pueden verse escenas de Los Santos Inocentes; el de la Fe, a la derecha, está ofrendado a la Virgen María y contiene vistas de la Inmaculada Concepción; y el de la Caridad, en el centro, pertenece a Jesús y simula ser el Portal de Belén con numerosas figuras relacionadas con su nacimiento.

Como Gaudí quería que el templo fuese visible desde cualquier lugar de Barcelona, diseñó dieciocho torres en forma de estilizadas agujas que se elevarían con gran verticalidad hacia las alturas. Doce serían las de los Apóstoles; cuatro la de los Evangelistas; y dos las de Jesús y María. Todas ellas serían distintas en la complejidad artística de sus símbolos (escudos, cruces, atributos episcopales y signos del Zodiaco) y estarán rematadas (algunas ya lo están) por pináculos de mosaicos venecianos, estrellas de doce puntas y cruces de seis brazos.

Sobre esto cuentan que cuando le preguntaron a Gaudí por qué se había esforzado tanto por embellecer la parte alta de las torres si nadie podría verlas de cerca, contestó: «Los ángeles sí podrán».

Las torres servirán también como campanarios. Entre todas tendrán un total de ochenta y cuatro campanas, algunas tubulares de percusión y otras de órganos resonantes. Unas pocas, las de la fachada de la Gloria, estarán afinadas con las notas mi, sol y do para lograr, por decisión de Gaudí después de haber realizado complejos estudios de acústica, una perfecta sonoridad.

El interior de la Sagrada Familia, en forma de cruz latina y con cinco naves, posee la misma grandiosidad arquitectónica y artística de su exterior. Con la intención de alejarse de cualquier vestigio gótico, Gaudí ideó el uso de columnas que semejaran el tronco de un árbol. Acerca de los pilares de la nave principal dijo: «Serán palmeras que representen el sacrificio y el martirio». Y sobre los de las naves laterales señaló: «Serán laureles que simbolizarán la gloria y la inteligencia».

El propósito era dual: ingeniería y estética. Por una parte, el peso de las cubiertas recae directamente en el suelo; y por la otra, le otorga al espacio una armonía similar a la de un bosque en penumbras, apenas iluminado por una luz amable y atemperada que al filtrarse por los ventanales producen una sensación de recogimiento espiritual.

Así mismo, también diseñó el ábside (su cúpula está cubierta de un mosaico dorado que representa las vestiduras de Dios) y el Altar Mayor (con la escultura de Cristo en suspensión), así como las lámparas, armarios de sacristía, púlpitos, confesionarios y atriles.

Después de la muerte de Gaudí, cuyos restos mortales reposan en la cripta, los trabajos de construcción de la Sagrada Familia continuaron. Algunos de sus directores fueron los arquitectos Sugrañes, el primero que lo sustituyó, Quintana, Puig, Bonet y Faulí.

El autor y su esposa

Pero no sólo han sido ellos los continuadores. Están también los escultores, pintores y artesanos de todo tipo quienes, siguiendo los planos y maquetas dejados por Gaudí (siempre respetando su estilo personal y único) contribuyeron a que este colosal proyecto se encaminase a su terminación, algo que se ha visto interrumpido, momentáneamente, por la pandemia.

Y me pregunto: ¿Se terminará algún día La Sagrada Familia? ¿Dejará de ser una inacabada construcción para convertirse, al fin, en una obra maestra imperecedera? ¿Se realizará el milagro que hace falta?

Yo creo que sí. Después de todo, ¿no dicen que Gaudí era el arquitecto de Dios?

 

Manuel C. Díaz es escritor y crítico literario, además de cronista de viajes.

3 Comments

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  2. Tony Cruz

    Excepcional escrito…

  3. idd00jea

    Ciertamente es una obra excepcional en su diseño y construcción.

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