Cultura/Educación

Jaime Lopera Gutiérrez: Minimalismo en clave de humor

Por Gloria Chávez Vásquez.

 

El Jardín de tus oídos, 135 páginas, 52 artículos. Prólogo de John Isaza. Dividido en cuatro secciones: La reina de la poesía (devaneos literarios); El mundo subterráneo (Ensayo); Vender el himen (ficción); Una mariposa sobre Nabokov (Escritores). Biblioteca de Autores Quindianos.

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Ya nos lo había revelado su notable cultivo de historias, anécdotas y cuentos en El Minotauro Insólito y La Perorata, en Postigos, su serie de ensayos, que la brevedad es la mayor virtud de su narrativa minimalista. Amenidad y lucidez en el propósito, riqueza y ricura de vocabulario son los complementos. Además de la habilidad de seducir con la elegancia de su prosa, la variedad de temas alrededor de la sociedad y la cultura y su afición a rescatar la genialidad de poetas y escritores locales y universales.

En su más reciente colección EL Jardín de tus Oídos, el escritor colombiano Jaime Lopera Gutiérrez (1936) nos pasea por las múltiples facetas de este mundo, en el encanto e intimidad de la anécdota; la reflexión y análisis del pensador erudito y realista; los ocurrentes cuentos y comentarios, producto de quien se autodefine como un optimista con paracaídas.

La de Lopera G. es una literatura fresca y en la arquitectura de su narrativa está la clave: redefinición de los objetos ordinarios, juego de palabras, (lo que en México llaman los albures), ironía, hipérboles, metáforas y contrastes: El sabor de las magdalenas como motivador de recuerdos en la novela de Proust; la grata ironía en una foto de Marilyn Monroe leyendo el Ulises de Joyce en Mujeres lectoras; los episodios sobre el genial humorismo de Jorge Luis Borges, las filosóficas reflexiones sobre la escritura contemporánea de autores controversiales como E. Pound y V. Nabokov. Lopera apunta, además, los ángulos y grietas de la novela occidental. Alude a las idioteces de la violencia en los procesos de Moscú y las purgas estalinistas de los 30 dirigidas a “eliminar la violencia capitalista” y califica de expectativas desbocadas la de Lenin y los bolcheviques en El optimista sin escrúpulos. Como un epitafio, en El sortilegio del libro, se pregunta: ¿Quién cuidará mis libros?

Lopera Gutiérrez es el típico hombre renacentista: brillante académico, hombre estructurado, intelectual, con una cuota saludable de humor borgiano, pleno de morcillas teatrales. Historiador, periodista y ensayista proveniente de esa generación que todavía viste su mejor traje y su más fina corbata en presentaciones y conferencias, cosa que traiciona su buen gusto y su sincero respeto a los demás. Aparte, es lector empedernido, cinéfilo, amante del buen futbol y admirador del tango, especialmente el gardeliano. En un viaje de juventud a Buenos Aires, desperdició la oportunidad de una charla espontánea con Ernesto Sábato a quien dejó con la palabra en la boca. En su timidez e inexperiencia, no imaginó que un escritor del calibre del argentino, tuviera el tiempo y la humildad para compartir con uno de sus lectores.

Fue presidente de la Academia de Historia del Quindío y como Gobernador de ese departamento, tuvo que aguzar su sexto sentido para esquivar las peligrosas condescendencias de la burocracia y la política. Actualmente se desempeña como consultor de empresas y columnista en Revista Pluma, Portafolio, y La Crónica del Quindío. En sociedad con su esposa, Martha Inés Bernal, escribe libros de autoayuda y de gerencia para Editorial Planeta.

Leer a Jaime Lopera es iniciar una aventura por el mundo del conocimiento y enterarse que Manuel del Socorro Rodríguez, fundador de la Gaceta de Santa Fe, era cubano. Es echar de menos a Truman Capote en su Reportaje de no ficción. Es debatir con el autor, durante el desvelo, que la creatividad de Guillermo Cabrera Infante no es irrespetuosa sino más bien irreverente. O querer compartir sobre la relatividad moral del Macartismo y que los 13 en la lista negra no eran tan inocentes, como nos lo ha hecho creer la historia escrita con la izquierda. Es también, cuestionar la insinuación en De tercos y perseverantes que El Llanero Solitario era terco, cosa que daría para otro debate con los amigos del justiciero enmascarado.

Las citas oportunas, equivalen a la brisa o al rocío mañanero, en la lectura: como la del austriaco Paul K. Feyerabend, “la duda es necesaria para el progreso”, o la del escritor francés, “son tan diferentes que parecen gemelos” y las registradas por su autor: “El cine en clave de humor” para referirse a las comedias. O su metáfora en “Una crisis es lo que resulta cuando las dificultades aparecen en manada” en Breve elogio de la crisis. Su descripción del éxtasis de un gol con la frase: “El calcio es así”.

Navegando por temas sobre el manejo del lenguaje escrito, Lopera observa que la crónica colombiana se alimenta de adjetivos y sustantivos. Que la literatura busca lo que acredite la construcción, la creación, la reputación. ¿La fórmula del soneto? 14 versos más dos cuartetos más dos tercetos. ¿Técnicas de poesía? Nadie escribiría poesía. Critica a los blogueros que se comportan como autistas y escriben chatarra mientras se agreden entre sí.

Lopera considera “el instinto ético” que “despierta azuzado por el dilema del espíritu”. En sus temas de ficción, El Cuervo es una fábula cuya moraleja apunta a los falsos lideres de hoy.  Tríptico es la concepción de las distopias: Los ministerios, los de los colores, el de los frutos frescos. Son el comentario a los vicios que “Agotan nuestra insatisfacción” según diría Manuel Mujica Laínez uno de los escritores examinados por Lopera G.

El escritor calarqueño lleva en sus genes la historia y legado de su familia de pioneros e intelectuales y una transfusión de la sangre de su tierra, regada con la de su propio padre. Porque como enseñanza que deja en Testimonio de un forastero, el linaje del librepensador en Colombia lo legitima el bautismo de sangre.

“Algunos escritores hay que dejarlos quietos, si no se les dedica tiempo y vida” le dijo algún amigo en una tertulia literaria. Señala el autor de El Jardín de tus oídos, que literatura no es solamente el conjunto de “evocaciones o recuerdos entre otras cosas, sino una especie mejorada y aumentada del narcisismo o, mejor dicho, de la adicción al ego”.

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Otras obras de Jaime Lopera Gutiérrez: La culpa es de la vaca: anécdotas, parábolas, fabulas y reflexiones sobre el liderazgo. El Minotauro Insólito, La carta a García y otras parábolas del éxito. El lado humano del conflicto; El pez grande se come al lento, Saquen al tiburón de la pecera en colaboración con su esposa la también escritora Martha Inés Bernal Trujillo.

 

Gloria Chávez Vásquez es escritora, periodista y educadora residente en Estados Unidos.

 

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