Sociedad

Ismael en mi letra como memoria

Ismael Hernández Sarduy

Por Armando de Armas.

Acaba de trascender a la otra dimensión mi amigo Ismael Hernández, hombre y amigo en esta lucha por Cuba.

Cayó preso a los 21 años y encaró la pena capital, que después le fue conmutada por 30 años; de los que cumplió 18 en las peores cárceles de la isla.

Se dice o se escribe fácil, pero vivirlo es otra historia.

Antes, como ya he contado en otro artículo, Ismael fue segundo al mando del jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 30 de Noviembre, Carlos Manuel Delgado, quien al quedar sin balas en un enfrentamiento con fuerzas del régimen fue arrestado y fusilado, siendo sustituido en el puesto por el famoso Maragamba, quien cae preso al poco tiempo en un intercambio de disparos con la policía en que también se queda sin municiones, escapa de la cárcel, se asila en una embajada y sale al exilio.

Maragamba es sustituido como jefe de acción del 30 por Jesús Casai, quien en medio de un tiroteo con los comunistas, secuestra un carro para escapar del cerco y lo matan ahí mismo. A Casai lo sustituye Alberto Milián, muerto en combate 48 horas después de asumir el cargo.

Entonces Ismael pasa a ocupar el puesto de Milián y estuvo a cargo de las acciones del movimiento desde de la invasión de Bahía de Cochinos, en abril, hasta el trece de octubre en que cae preso sin parque, traicionado por la dueña de la casa de seguridad en que se ocultaba.

Repito estos datos para que se pueda entender lo que se vivía, lo que se vivía y se moría, en el trepidante tiempo del heroísmo en la lucha contra la tiranía comunista en Cuba.

Ismael se une a esa ya larga lista de amigos del tiempo heroico que han partido a la patria de los espíritus.

Gerardito Pérez, Víctor Echevarría (a quienes recuerdo en la novela La tabla y el volumen de relatos Luces en el cielo), Justo Quintana (en el libro de relatos Carga de la caballería), Rolando Borge (a quien dedico la novela Escapados del paraíso), el poeta Ángel Cuadra (en numerosos de mis artículos y reseñas) y Roberto Martín Pérez (en el ensayo Mitos del antiexilio). Todos ellos incursionaron en la lucha armada y cumplieron largas condenas en el presidio político y, a excepción de Cuadra y Martín Pérez, han sido poco conocidos a pesar de su entrega a la causa de Cuba. Todos fueron mis amigos y todos podían, por la edad, ser mis padres. Al salir de las cárceles ellos vieron en jóvenes como yo una continuidad de su legado. ¿Cómo eran los jóvenes como yo? Jóvenes que tenían poco qué perder y mucho por aprender. Hoy algunos que pueden ser mis hijos, nietos de mis amigos muertos, están en esta lucha.

Una lucha que parece no tener fin.

A veces es complicado escribir de los amigos muertos porque uno termina escribiendo de sí mismo, cosa que he criticado acerbamente en otros. Ahora comprendo que probablemente sea inevitable pues un amigo es lo que es en tanto ente individual, pero sobre todo en tanto ente individual que se relaciona con uno. A Ismael lo conocí apenas escapé de la isla. Yo había trabajado clandestinamente dentro de Cuba para el Ex Club de Ex Prisioneros y Combatientes Políticos Cubanos que dirigía Rolando Borge. Lo hice a través de Justo Quintana que había sido mi jefe en el Comité de Derechos Humanos en Cienfuegos, quien se sumó al Ex Club al exiliarse antes que yo.

El Ex Club publicó mi primer libro, el volumen de relatos Mala jugada. Pero hubo un problema, la publicación del libro se sometió a votación, todo el mundo estuvo de acuerdo menos los únicos dos escritores del grupo, sin contarme a mí que era un escritor impublicado y por tanto, un escritor hipotético. Estos dos escritores consideraban -probablemente con razón- que el libro no merecía la pena publicarse por violento, vulgar y pornográfico… Al negarse los únicos dos escritores del grupo, la masa electoral titubeó pues si ellos que sabían de ese asunto decían que no, debía ser no, y así alguien pidió una segunda vuelta electoral libresca.

Borge que era el impulsor del proyecto de publicación me miró desde la presidencia como diciendo, ni modo man…

Pero de pronto se paró Ismael con quien había intimado antes porque era, aparte de patriota, lo que en Cuba llamábamos un tipo de la calle; con los duros y claros códigos de la calle. Al terminar de hablar Ismael todo el mundo estuvo persuadido de la necesidad de publicar el libro y los dos escritores estuvieron avergonzados y acomplejados en una esquina del ring. La anécdota recoge características clave de Ismael, a saber, poder de convencimiento, cultura, apertura mental y autoridad.

Ismael estuvo en innumerables esfuerzos por liberar la isla desde el exilio, o al menos por dañar al régimen.

Aparte del mencionado Ex Club, trabajamos juntos en el Proyecto Cuba, el Instituto por la Democracia en Cuba y en la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre en tiempos de la administración de George W. Bush. En todos ellos mostró valor y dedicación. Ismael era un conspirador nato, rechazaba el protagonismo de las cámaras a cambio de la libertad de acción.

Detecté en él el don -que pocos luchadores del exilio han tenido- de hacer labor de inteligencia y contrainteligencia.

Recuerdo dos frases de Ismael que me marcaron en ese sentido: un hombre sólo o un grupo no puede nada contra un servicio de inteligencia, aunque sea el servicio de inteligencia de Haití, y, cuando veas el paracaidista descender pregúntate siempre por el avión que lo dejó, que nunca caen del cielo.

Ismael manejaba muy mal y disparaba muy bien.

Hasta hace poco íbamos con frecuencia al campo de tiro. A veces nos acompañaba mi hijo menor, Armando III. Tras la pólvora lo espirituoso, vino tinto. Un día al salir del campo de tiro rumbo a un restaurante Ismael se perdía cada vez más atrás en la distancia, mi hijo miró por el retrovisor, luego me miró a mí y dijo: ¡papi, tu amigo es el hombre que dispara como un dios y maneja como un gusano! Ismael fue dueño de un bar en Miami, Petit Chalet, pero antes vendió prendas de oro en los bares de la ciudad. Ambos oficios podían ser casi tan peligrosos como el clandestinaje en Cuba y en ambos debía tener la pistola presta y el ojo avizor.

Ismael era un hombre profundamente espiritual y eclécticamente religioso. Parecía tener una solución para todo y nadie que tocara a su puerta en busca de ayuda se iba con las manos vacías. Hablar con Ismael, vino en mano, era una fiesta. Ahora sólo lamento no haber hablado más con él ¡y mira que hablamos!, pero pocas veces se tiene la oportunidad de compartir con un hombre de acción que ha hecho historia y sabe además de historia, literatura metafísica y de los caminos del alma tras la muerte.

En ese sentido sé que le irá bien por esos caminos del alma pues, como dice el signo de Ifá y dirían los gnósticos, el que sabe no muere como el que no sabe. El día 15 de febrero, día del cumpleaños de mi hijo mayor, Andy, Ismael estaba aún consciente y los amigos celebramos con él y Juana, su esposa, el aniversario 52 del matrimonio. Juana iba a visitar a su padre preso y allí conoció a Ismael, también preso, amor a primera vista, amor de presidio. Juana lo cuidó hasta el final… El día final estuve a verle con el amigo común Yosvani García. Pensaba llevarle un ejemplar de mi más reciente libro, el arriba mencionado Luces en el cielo, pero fue ya en casa de Yosvani donde decidimos ir a verle y no traía por tanto el libro. El último relato de ese libro se titula Fusilamiento y es una experiencia onírico-metafísica de Ismael a punto de ser fusilado; en que fue fusilado en sueños de manera que no fuera fusilado en vida.

A poco más de una hora de abandonar Yosvani y yo la casa de Ismael, abandonaba él este mundo por los caminos del alma.

No pudo leer su relato en cuerpo, pero lo leerá en alma.

¡Espero que te guste, gracias por todo amigo!

Armando de Armas. Escritor cubano exiliado, autor en los géneros de periodismo investigativo, ensayo, narraciones y novelas. Entre sus libros destacan La tabla, una abarcadora novela sobre la sociedad isleña, y Los naipes en el espejo, un ensayo sobre la historia de los partidos políticos estadounidenses que augura además el triunfo electoral de Donald Trump en 2016 y un profundo cambio de época en el mundo occidental. Editor Educación/Cultura ZoePost.

One Comment

  1. Alejandro González Acosta

    Entrañable evocación del amigo y compañero de luchas. Otro más que parte tristemente sin ver la libertad de Cuba, pero que estará presente en el recuento honroso cuando se haga realidad. Allí seguirá de nuevo, por el recuerdo de los amigos y los compatriotas agradecidos. Honrar, honra.

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