Hay violencia porque no hay familia

Por María Victoria Olavarrieta.

Mi profesor de terapia Gestalt, sacerdote español, Luis Vela, nos dejó la tarea de leer varios perfiles de asesinos. En todos había un hogar roto, un niño no amado. La visión que los padres y adultos  tienen del niño es lo que forma su auto imagen. La baja autoestima,  la idea de que “no sirvo para nada” no nacen con el bebé, se la proporcionamos nosotros. Hace 40 años, nos decía Padre Luis: _ Las personas llegaban a mi consulta con problemas puntuales, hoy me llegan hechas pedazos.

Los niños repiten los patrones de comportamiento aprendidos en casa, asusta la agresividad que hasta en los más pequeños vemos ya. Problema psicológico que no se trabaje en una terapia seria, tiene muchas posibilidades de potenciarse con las dificultades de la escuela y la vida adulta.

         Cuántos niños criados a la deriva, madres estresadas de trabajar fuera y en casa, padres ausentes, divorciados en guerra a muerte y casados que pelean delante de sus hijos, ajenos a la culpa que generan en ellos. Vivimos esclavizados a horarios y la palabra que más escuchan los pequeños es: Apúrate. No hay tiempo para preguntarnos: ¿ Qué estoy haciendo con mi vida y la de mis hijos?
Se va al hogar de visita, padres inquilinos de su propia familia. Una infancia que transcurre más en la escuela que en la casa, tardes y noches haciendo tareas y proyectos laboriosos, hijos que se perciben como una carga. Cocinar para la familia es una esclavitud, sacrificar el gimnasio para llevarlos al parque, impensable; traer amiguitos a jugar en casa deja todo muy sucio y desordenado….
¡Qué triste un hogar vacío de recuerdos familiares, de tiempo jugando con tus hijos, de toda la familia sentada a la mesa, de cuentos leídos a la hora de dormir!

Permitimos que los hijos vean películas que transcurren entre tiros, sangre, venganzas. Los héroes no entienden de compasión. Veo similitud entre el proceder de los autores de matanzas en Estados Unidos  y los protagonistas de las películas y videojuegos de moda. Donde no hay héroe se imita al antihéroe. Para detener esta espiral de violencia el gobierno tiene que hacer su parte y cada uno de nosotros la suya.

La sociedad influye, claro está, pero no siempre es determinante. Viví 29 años en la Cuba de Fidel. Mi hermana y yo recibimos el mismo adoctrinamiento y lavado de cerebro de todos mis compañeros y nunca nos hicimos pioneras, somos católicas practicantes y no paramos hasta llegar al imperio, el lugar que nos intentaron hacer odiar desde que tuvimos uso de razón. Nosotras no somos el fruto de la revolución cubana, nosotras somos las hijas de Cuco el panadero y Teté, una madre a tiempo completo. “La familia sigue siendo la institución más importante para la persona y la sociedad”, nos decía San Juan Pablo II en su incesante catequesis.

No hay tiempo para los hijos. Miami, ciudad de malls llenos y parques vacíos. Llevo más de 12 años explorando el bosquecito del parque Kendall Indian Hammocks con mi sobrino y la pequeña tropa de amiguitos. Solo recuerdo 3 ocasiones de habernos cruzado con alguien en sus senderos. La experiencia sensorial de oler, tocar, escuchar, observar… que los niños experimentan en medio de la naturaleza ayuda mucho a contrarrestar la agitación de la ciudad.

“La mano que mece la cuna es la mano que gobierna al mundo”, nos dejó escrito el poeta estadounidense William Ross Wallace. Hoy esa mano, con una manicura perfecta, está posada en cualquier parte menos sobre los hombros de sus hijitos, pareciera que los hijos molestan, que hay que quitárselos de encima para “realizarse”, que es la gran meta de la mujer moderna. Todavía están lactando y ya los mandamos para la guardería. No hay excusa válida para que en un país tan rico como Estados Unidos las madres no puedan disfrutar de un año de licencia de maternidad. A otros no se les permite nacer; ni en el vientre de su madre los niños pueden estar seguros, porque hasta allí llegamos a quitarles la vida, para poder nosotros vivir la nuestra.

Jóvenes de estos tiempos, hijos de la cultura de la muerte, bañan en sangre a Estados Unidos y nos hacen temblar ante el futuro. El padre de mi amiga Cary Correa siempre tuvo un revólver encima del armario y ella me cuenta que jamás ninguno de sus hijos se atrevió a tocarlo. “Papá lo había prohibido y su palabra era la ley”. Hoy, no solo no se respeta a los padres, se toma el arma, se dispara a sus compañeros de clase y si mamá o papá se interponen podrían morir también.

_ Los padres estamos tan mal que no hay esperanza para los hijos, comentábamos en la clase,  abatidos con la lectura de tantos perfiles de criminales. _ Hay una buena noticia _ dijo Padre Luis, tratando de llegarnos al alma: _Para que un niño no se pierda, solo necesita una cosa, tener la certeza de que al menos una persona en el mundo se muere de amor por él”.

María Victoria Olavarrieta es Profesora de Español y Literatura.

8 Comments

  1. Pingback: Hay violencia porque no hay familia – – Zoé Valdés

  2. Julio Soto Angurel.

    Cuando tenga el poder y el mando en Cuba como rey y presidente, crearé una asignatura para adolescentes de como ser un buen padre y madre y como criar y preparar a los bebés y niños.

  3. Julio Soto Angurel.

    Es un gravísimo atentado contra la vida de las familias, los estados-naciones y contra las personas humanas, esa política de inducir a las mujeres a parir hijos solas, sin la presencia de un hombre con el fin de someterlas a los poderes del estado. Una mujer sola, con hijos y sin marido, se vuelve muy dócil, sumisa, es altísimamente vulnerable y manipulable en las manos de un estado o grupo en el poder.

  4. Ya alguien tenia q comentar una tontería mayor «rey y presidente», porque los cubanos al comentar siempre lo hacemos «analfabeticamente».
    La reflexion es exactamente lo q se esta viviendo, muy atinada. Mucha tecnología pero poca o ningún sentido de la amistad. Todo lo q suene a prosperidad intelectual o encaminado al saber, es criticado por la masa analfabeta q nos rodea.

  5. El cubano que escucho en redes sociales, por acá por Miami, YouTube ,etc…mas analfabeto y pomposo no puede ser. Somos un pueblo muy dañado y nos justificamos con el comunismo 24/7. No mejoramos en el habla, en la escritura, al emigrar nos idiotizamos mas. Creemos toda la bazofia q venden y opinan.
    No he encontrado a nadie q tenga un libro en su casa. Solo cocinas y Banos remodelados…y así vamos

  6. En Cuba en medio del comunismo, en el pre- universitario. Teníamos un grupo de socios del aula q nos intercambiábamos libros (edición huracán, de aquellos) de Poe, lovercraft. Conocimos Whitman, «el viejo y el mar» y tuvimos q leer el Decameron. No era gran cosa pero nos intercambiamos libros entre los socios, no pistolas ni cigarros de marihuana. Como dice la escritora, la sociedad te puede afectar pero no es determinante. Sabia q políticamente y económicamente éramos un desastre, pero eso no justifica degradarse como ser humano. Creo q aprender es inherente al hombre. Veo en el exilio los payasos que hacen olas, las personas sin educación ni carisma. Solo tratando de hacer dinero y viendo el signo de prosperidad como la obtención de cosas, pero muy atrasadas intelectualmente.

  7. Heidys Yepe

    Excelente escrito, pone el dedo dónde va, la familia es y será siempre la base de la sociedad.

  8. Candice

    Wow

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*