Evolucionarios 

Tratado de Paz. Obra de Noel Morera

Por Andres R. Rodríguez.

El dislate francés en el siglo XVIII de encaminar su sociedad por senderos revolucionarios, ocurrió porque los Luises y su aristocracia lunática, les impidieron ser evolucionarios. Las luces del siglo se oscurecieron por el terror posterior, que dejó bien claro que aquello no es solución. Sin embargo, se ha repetido una y otra vez: la violencia “revolucionaria” siempre es administrada por jacobinos y la posible solución social se desvanece en dolores diversos de todos.

Algunos intelectuales franceses de la época (Voltaire, Rousseau, Diderot, Condorcet…), habían estado previamente de acuerdo en hacer cambiar las estructuras improductivas y rígidas bajo la égida de aquella nobleza poco noble. Pero se trataba de unos orgullosos señores de la guerra y una población sometida al hambre. Que hoy, luego de los horrores de Robespierre, Stalin y Pol Pot, la intelectualidad y la academia en cualquier lugar del mundo vuelva a llamar a la dinamita, es cuando menos, estúpido. Llaman a la barricada, a la heroicidad.  Empiezan dinamitando con suaves y confusas palabras académicas (explotación, lucha, lucha de clases, justicia social….)  y terminan poniendo piedras y cartuchos de dinamita en la mano de sus jóvenes estudiantes y aventureros que lo que quieren es serotonina. Comienzan con un moderno concepto intelectual y terminan en el error de la violencia Cámbrica.

Puede que ocurran hoy, por vez primera en la historia humana, las circunstancias que permiten que las estructuras sociales (gobiernos, instituciones, organizaciones) sean cambiables de manera paulatina, transiente, civilizada, parlamentaria. Una humanidad más educada, informatizada y comunicada, que alcanza condiciones necesarias para evolucionar culturalmente, sin extrema violencia. Las soluciones violentas (guerras, golpes de estado, sublevaciones, revueltas, revoluciones) propias de la historia e histeria humana puede que sean innecesarias si finalmente la cultura se impone a nuestro comportamiento animal, a nuestro territorialismo ancestral, a nuestras envidias traducidas en política, a nuestros previos horrores caníbales y guerreros. ¿Hubiera sido bien difícil conversar con los Luises, con los Romanov o los Santa Anna o los Diaz? Padecían la “sordera del poder” y desde la posición de señores de la guerra. Creo que no. Entonces, tal vez había que forzarlos a irse. Pero nada justifica que la emergente sociedad civil francesa, pensando en La Razón, fuera a parar al guillotinamiento masivo.

¿Cómo operan los sistemas naturales en la Biosfera para cambiar? Tienen clara tendencia al cambio gradual, gestionado (sinónimo de gestado), a minimizar la catástrofe. Son esencialmente evolutivos.  Evolución que nunca tiende a la simplicidad del sistema sino a su complejización. La naturaleza no tiende a la igualdad sino a la diversidad y la discriminación de las posibilidades creadas.

La evolución ocurre en un bosque a veces mediante algún incendio o trauma, otras una gran catástrofe. Pero la vida teme,  evita el gran incendio. Nosotros los seres humanos tecnologizados debemos temerle más, evitarlos más.  ¿Es posible?

Se podría decir que:

  • desde el inicio de la civilización hemos errado en comprender la funcionalidad del todo, de nuestra propia vida y los mensajes cifrados en este mundo y desde el Cosmos,
  • hemos favorecido la cultura de la reacción y no la de la previsión. Las sociedades, aun pretendiendo que se alimentan de la Razón, actúan de manera irracional y epiléptica,
  • que el llamado sentido común descansa en lo que ha sido usual y no en lo que parece más razonable en un contexto futural y redimensionado. Así, se acepta como lógica la beligerancia y confrontacionalidad, cuando éstas ya no tienen cabida en una civilización misilizada, cuyo centro de gravedad intelectual debe estar alrededor de conceptos como ecosistema, sistema, humanismo y cosmopolitismo,
  • si bien la cultura, la civilización y la ciudad son esenciales actos de concertación y convergencia, no se puede obligar ni manipular el ser social para acaballar al ser individual y eliminar la divergencia,
  • ninguna parte debe arrollar a otra en un (eco)sistema. La evolución, siempre descansa en la alternancia, en el margen. En todo caso, hay que sostener y resaltar el individualismo y/o la divergencia,
  • no nos podemos enfrentar a una situación inédita en su esencia y escala, con viejas herramientas melladas. Lo exitoso ha sido históricamente la jugada corta, ejecutada por individuos que pueden ser aventureros o personas de vista corta (políticos, hombres de acción). Necesitamos una emergencia espiritual para desembocar en concertaciones de individuos que se mueven por ideales, que jueguen anticipándose muchas jugadas y conformen sociedades conectadas en red, que cosechan frutos diversos después de un tiempo.
  • no entendemos que somos evolutivos, es decir, que los susbsistemas previos se transforman, gradual y amigablemente, en sistemas más funcionales,

Tenemos un gran déficit de utopía, de maravilla, de creatividad, de metáforas. ¿Cómo es posible decir esto si hoy existen muchas más mentes educadas, pensantes y activas que en toda la historia humana previa? El hecho es que más que educados hemos sido amaestrados y nuestras mentes están condicionadas por lo primero que aprendimos: vivimos encerrados en el corral de lo primero aprendido (imprinting en Etología) El resto de la vida respondemos a aquellas primeras impresiones como perros de Pávlov. Era de esperar algo más en los orgullosos herederos de Prometeo.

La modernidad tiene muchas cosas reconfortantes. Si escarbamos un poco en la historia, se hace evidente cómo vivía un ser humano en etapas primitivas, por ejemplo, apenas pasaban los 25 años, habitaban sucias ciudades medievales o un polvoriento suburbio en las etapas tempranas de la industrialización.  Nuestro problema actual es que las metáforas sociales ya no alcanzan para la metamorfosis, que está monopolizada por los exitosos tecnocráticos, y se concentran en pequeños problemitas tecnológicos y sus soluciones tecnológicas.

Realmente marchamos hacia una dictablanda globalista: la que quiere imponer como único modelo de éxito, aquel de individuos que se someten a vivir en pequeños feuditos de saber tecnotrónico. Y feuditos son ideas encerradas en pequeñas cajitas, el corral, el aula, la asignatura, la carrera, el departamento, el ministerio, mi propiedad. Y ello desemboca en el catedrático, el partido o Hollywood haciéndonos ir al espacio público no como al ágora sino como si fuéramos a un culto, pero en este caso, un mil veces repetido culto a la violencia, aunque a veces se emplee para ello conceptos muy lejanos y nos hablen de amor y de derechos humanos.

El Homo sapiens evolucionante, ha ido histórica y trabajosamente edificando un constructo civilizatorio, en el que juega papel a la vez de sujeto y objeto biológico, que pivoteando sobre lo espiritual evoluciona hacia lo biológico-cultural, que ahora está deviniendo en cultural-biológico, tal vez sentando las bases para luego evolucionar como virtualidad, en un plano meta-biológico.  Pero la estatura de las metáforas parciales actuales se difumina en una felicidad quimizada y una pareja perfumada seleccionada en internet. Esto no alcanza para tumbar una estrella, y eso es lo que estamos necesitando ahora, como siempre.

Lo vivo, para cambiar o evolucionar, primero se mueve en el sentido de crear una masa, se multiplica, se clona, crea un pool genético. A la vez «permite» que algunas opciones periféricas a ese centro hagan ensayitos y ensayos. Es decir, la masa, acomodada en el centro, deja que se sacrifique una y otra vez la periferia.

Periferia hecha de los más decididos proponentes del cambio. Los podríamos llamar mutaciones genéticas, marginales, innovadores, vanguardia, locos, revolucionarios… o ahora, mejor aún,… hecha de evolucionarios.

Andres R. Rodríguez es Científico, Biólogo. Investigador premiado con varios libros editados, entre los que se encuentran: «Lista de Nombres comunes y científicos de peces marinos cubanos (Nomenclator)» (1984, CIP, 82 pp); «Breve Diccionario de Biología Pesquera” (Mar y Pesca, 1986-1987 80pp), «Peces marinos importantes de Cuba» (1987, Ed. Científico-Técnica, 236 pp), “Ecología Actual, Conceptos Fundamentales” (2000, UdO, 134 pp.), “Maritime Dictionary-Diccionario Marítimo (Eng-Spa)” (2009, Ed. Myths and Books, 400 pp) ¨Fábulas vivas¨ (Amazon/Alexandria Library, 2015), «Colonial Havana˗Trinidad” (2018, Amazon/Ed. Alexandria 150 pp), «Havana 500 Anniversary” (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 120 pp). ), «Destellos al Alba” (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 120 pp, Ensayo). «Caribbean Touristic Dictionary” (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 165 pp), «Ecologia para Ecotourismo» (2020, Amazon/Ed. Myths and Books 380 pp), «La Verdad es llama” (2020, Amazon/Ed. Myths and Books 180 pp) En preparación: «Caribbean Ecotourism and Submarinism Eng-Spa”, «Ecotourism Multilingual Dictionary”, «Diccionario de Biología Pesquera”. Ha sido finalista en los concursos literarios “Historias sobre la Historia”. Silva Editorial (2006, Barcelona.) y Premio Orola con “Tacto”, (2009, Madrid). Actualmente es hombre de negocios, consultor de pesca, turismo, medioambiente, periodista freelance.

Noel Morera es un pintor cubano.

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