Cultura/Educación

Emilia Pardo Bazán publica una nueva novela

Por Sonia Yáñez Calvo.

La condesa Emilia Pardo Bazán, nacida el 16 de septiembre de 1851 en A Coruña fue una escritora y periodista, además de ensayista, crítica literaria, poetisa, dramaturga, traductora, editora, catedrática y conferenciante. Fue la introductora del naturalismo de Emile Zola, con libros como Los pazos de Ulloa o su segunda parte La madre naturaleza. Doña Emilia fue adelantada a su tiempo y lejos de acomodarse en su posición privilegiada luchó por los derechos de las mujeres. Propuso la entrada de Concepción Arenal en la Real Academia Española, pero fue rechazada al igual que ella por ser mujeres. La Real Academia Española recientemente ha reconocido el error y ha intentado enmendar el rechazo del pasado otorgándole una silla simbólica a Doña Emilia. La condesa predicaba con el ejemplo y precisamente ser la introductora del naturalismo le costó el matrimonio, su marido José Quiroga la apoyó hasta ese momento. Emilia tenía muy claro que camino seguir, y escogió la literatura.

 

El 12 de mayo se han cumplido 100 años de la muerte de la condesa Emilia Pardo Bazán. El momento histórico en que coincide las causas de la muerte de Emilia con el centenario no deja de ser curioso: Doña Emilia muere por complicaciones derivadas de una gripe, que provenía de una pandemia de 1918; en el centenario de su muerte, nos encontramos parece que saliendo de la pandemia provocada por el coronavirus.

 

En los momentos que estamos viviendo, y cien años después de su muerte, Doña Emilia nos vuelve a sorprender publicando una novela nueva Selva incluida en el volumen Los misterios de Selva, de Ézaro Ediciones.

 

El «culpable» de que Selva salga a la luz es José María Paz Gago, escritor y catedrático de Teoría de la literatura y Literatura Comparada de la Universidad de A Coruña, además de presidente del Comité Científico de la Casa Museo de Emilia Pardo Bazán.

 

El volumen además de la novela inédita cuenta con La gota de sangre (1911), que si había sido publicada. Las dos son novelas policíacas, lo que convierten a Emilia Pardo Bazán en la primera mujer en escribir una novela del género, pues se adelantó diez años a Ágatha Christie.

 

Con Selva, Emilia quería superar a Arthur Conan Doyle, pues lo que le criticaba al inglés era la falta de profundidad psicológica en su obra. No vio la luz hasta ahora porque no consiguió el resultado deseado, ella era muy perfeccionista y se creó a sí misma tales expectativas que lograron que Selva quedase guardada durante cien años.

 

El proceso del rescate no ha sido nada fácil. Doña Emilia tenía dos versiones del mecanoscrito de Selva en completo desorden, lo que hizo difícil su publicación hasta el momento. El mecanoscrito consta de ciento setenta cuartillas apaisadas, muchas de las cuales están corroídas por la humedad o quemadas por el fuego, repletas de tachaduras sobre las que se superpone la letra no siempre legible de doña Emilia. Hubo varios intentos de reconstruir este mecanoscrito, pero ha sido finalmente José María Paz Gago el que, con mucho esfuerzo, finalmente ha logrado que hoy podamos leer la continuación de La gota de sangre.

 

Precisamente en La gota de sangre se presenta a Ignacio Selva, el detective protagonista de estas dos novelas policíacas. En esta primera novela, Selva es aquejado de apatía, y cuando acude al doctor Luz, éste le prescribe desde encontrar alguna afición que le motive lo suficiente pasión, incluso le recomienda enamorarse.

 

En Selva, existen referencias hacia el caso resuelto en La gota de sangre y sabremos si Ignacio Selva logra recuperarse de su apatía y si Bice, la protagonista femenina, logra enamorarlo.

 

Emilia estaba al tanto de todo, leía de todo. En Selva nos encontraremos con críticas a las novelas de Conan Doyle, de ahí nace su deseo de mejorar el género. Veremos otras referencias del género, pues Arsene Lupin o Fantomas son también mencionados.

 

En temas de sociedad estaba también al día, por eso en las dos novelas habla de robos famosos de la época, como el robo del cuadro de La Gioconda en el museo de Louvre. Precisamente por estos hechos se pudo datar la fecha en que escribió Selva, entre 1912 y 1913.

 

Los lectores hemos tenido que esperar cien años para leer esta novela, pero ha merecido la pena. La edición de este volumen es muy bonita y cuidada. En La gota de sangre se han recuperado las ilustraciones de la primera edición, y las ilustraciones de Mere Merola que se incluyen en Selva, conservan la esencia de las ilustraciones antiguas.

 

Aunque Doña Emilia no consiguió la novela perfecta que perseguía, es interesante leerla y no se me ocurre mejor plan para conmemorar su centenario que descubrir su nueva novela.

 

Sonia Yáñez Calvo es escritora y bloguera.

 

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