El inexplicable y fundamentado vacío

Foto Michael Gehlert

Por Lucimey Lima Pérez.

¿Qué es el vacío? En Física se considera como la ausencia de material en un espacio determinado, ni aire existe, es invivible. En Filosofía el vacío es la nada, pero no estamos claros sobre este concepto ¨tan aparentemente claro¨ como la nada, inexistencia… no encuentro respuesta fiel entre tantas elucubraciones.

No me atrevo a definir o siquiera contemplar el vacío como sentimiento, porque no tengo las herramientas suficientes para sustentarlo, porque han sido muchos momentos de vacío que he presenciado, tratado e intentado llenar con más vacío, con más aire disuelto en agua turbia o con agua clara pero sin contenido.

Lo dejo abierto. Pero existe… el vacío es un hecho, y por tanto tan tangible como un vaso de vino, como un abrazo a un ser querido, como un sueño, como un pensamiento espontáneo y vivo, como un simple almuerzo o un caminar en el espacio vivo. El vacío está lleno.

El vacío está atiborrado, lo que venga es tuyo, es nuestro, probablemente de todos, es un lleno sin contenido, es una complejidad de aires, penumbras, sombras, realidades, visiones auténticas, es lo que podría ser el vacío…

¿Se entiende? ¡Pues no! No lo entiendo, yo, simple mortal endeble e inexperto. Pero lo he percibido como uno de los retos más tremendos en la Psicoterapia.

Cuántas veces he sentido empáticamente el vacío del otro, cuántas veces he tratado de que lo llene con alivio, que lo constituya en suyo y que comprenda que está pleno, pero cuán difícil es la tarea, no solo mía, sino la del otro, yo orquesto no cambio ni siquiera dirijo, orquestar es impulsar con fuerza, firmeza, ternura, suavidad, tacto, dulzura, y gran empatía.

La fuerza vacía al vacío… Me atrevo a reconocerlo como un sentimiento y a describirlo como uno de los más sobrecogedores que he enfrentado en mi intento de ayuda terapéutica, de acompañamiento y de posible resolución. Es como tener las manos inútiles, o los dedos paralizados y no encontrar la forma de asirse a una barra invisible que sostenga y aliente.

En ocasiones la prolijidad ayuda a entender al otro, en otras, más bien nubla. La parquedad y el silencio son bulliciosos cuando se vive en el vacío y son una fuente frondosa de documentación sobre la emoción tan fuerte.

Caso clínico. Gustavo es un hombre de 33 años que consulta por sentirse preocupado y acongojado. Gustavo ha ido a trabajar a otro país, donde lo contrataron por tres años. Como en el suyo no tiene buenas oportunidades de trabajo, esta oferta le pareció maravillosa. Describe a sus patrones y a su equipo de trabajo como ¨buenos¨. El salario es exiguo, cuenta con ¨protección¨ en salud, puede enviar dinero a su familia. Pareciera que son millones de beneficios. Habla quedo, es espontáneo por momentos, responde a los cuestionamientos que hago con palabras de algodón, me encuentro con sus ojos de azabache y siento que el vacío es muy profundo. Percibo impotencia, indecisión, duda, temor. Una esposa y cuatro hijos lejos, un deber que cumplir, sus sustentos. Un dolor que sobrellevar, la vacía ausencia. Es esto el vacío, me pregunto. El proviene de una de las islas de un mar tan inmenso como tan diverso y tan complejo, aunque pareciera un sitio ¨vacío¨. Trato de comprenderlo, sé que lo comprendo, pero aun trato, porque no es fácil ni expedito seguir comprendiendo. En un primer encuentro hubiera querido ayudarlo, quisiera creer que lo hice, porque volverá según dijo, pero su desgarro es más que vacío. Sigue siendo parco, pero su lenguaje corporal y sus pocas palabras me dicen mucho. Siente y aprecia ser entendido, pero no soy la ¨solución¨, solo puedo ser el alivio. No me frustro, sugiero, impulso, esperaré… La fuerza terapéutica me invade y así trabajaremos juntos. Nada asegura nada porque todo es el ¨vacío¨.

Sí, de acuerdo, interesan las noticias, los asaltos, las ¨bombas¨, realmente explosivas y otras informativas. Gustavo está consciente de eso. Sinceramente, no sé qué más añadir a este nivel en el que solo he podido percibir el vacío y ya ese es un primer paso.

Lucimey Lima Pérez es Psiquiatra, Psicoterapeuta, Máster y PhD en Neuroquímica.

2 Comments

  1. Pingback: El inexplicable y fundamentado vacío – – Zoé Valdés

  2. El vacío es la constatación de la «soledad vital, personal e intransferible». Esa soledad que el ser humano «intenta llenar» con «explicaciones, sentimientos, creencias»… Es un «agujero negro» «lleno» de todo lo que somos y lo que no somos, es bucear en el interior buscando respuestas a preguntas que no pueden ser respondidas y es «los por qué y para qué» de la incongruencia. Y en última instancia el vacío aparece también en la «saturación», cuando abruman tantas cosas que están fuera del más mínimo control personal, que «viste el interior con la impotencia y el desgarro». Aunque, existe un «vacío luminoso» cuando la certeza de lo que no vemos pero sí esperamos nos alcanza al final, para llevarnos con una sonrisa y los ojos vacíos de miradas porque ya no es necesario «ver» para «abrazar» una paz infinita después de una lucha encarnizada.

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