Por Carmen de Carlos/El Debate.
Una vez al año –o un mes sí y otro también– le dan por muerto. El 1 de mayo, día del trabajador y fiesta nacional, volvió a demostrar que está vivo, pero apenas es un cuerpo que camina, poco y con dificultad. Raúl Castro «desfiló» (parado) unos minutos en La Habana con su uniforme verde oliva (o viceversa). Su aspecto era más cercano al de un zombi medio momificado que al del dictador sin escrúpulos que fue tras tomar el testigo de su hermano Fidel al frente de lo que queda de esa estafa llamada «revolución socialista».
Basta decir «Raúl» para que Cuba entienda que es él de quien se habla y hoy su nombre se repetirá hasta el cansancio. Cumple 95 años y lo que le rodea es miseria, hambre, enfermedades, frustración y el fundido en negro que provoca la escasez de energía.
A Cuba ya no llega el petróleo de Venezuela y Donald Trump únicamente permitió hace un mes que atracara un petrolero ruso. Fue un gesto en medio del caos y la depresión más absoluta que atraviesa la isla soñada y arruinada del Caribe…
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