Por Rafael Pampillón.
Cuando Javier Milei llegó a la presidencia, el problema de Argentina no era solo la inflación, el déficit público o la pobreza. El verdadero drama era más profundo: los argentinos habían dejado de confiar en el peso, en las instituciones y… en el futuro del país. El Estado gastaba lo que no tenía, el Banco Central imprimía dinero compulsivamente, lo cual generaba una inflación galopante.
En ese contexto, apareció Milei. Una figura extravagante, histriónica y políticamente incorrecta, que muchos consideraron un accidente mediático. Pero los accidentes no ganan elecciones con el 56 % de los votos.
Lo que está intentando Milei no es una reforma convencional. Es algo mucho más radical: una terapia de choque.
La motosierra como símbolo
Muchos observadores europeos han interpretado la motosierra de Milei como un gesto folclórico o excéntrico. Se equivocan.
La motosierra es un símbolo político y cultural. Representa la ruptura con una Argentina en la que el Estado era una inmensa red clientelar. Un aparato burocrático sobredimensionado, que multiplicaba subsidios y empleos públicos. Mientras el sector privado se ahogaba entre impuestos, inflación y regulaciones.
Durante años, millones de argentinos acabaron dependiendo, directa o indirectamente, del gasto estatal. Milei entendió que una gran parte de la sociedad ya no quería reformas. Quería una ruptura.
Por eso Milei conecta muy bien con quienes crecieron sin conocer una moneda estable, un crédito hipotecario o unas expectativas razonables de progreso…















