Por Zoé Valdés/El Debate.
La prolongada retención e interrogatorio de la joven cubana Anna Sofía Benítez Silvente, conocida en redes como Anna Bensi, junto al pastor evangélico Rolando Pérez Lora, identificado públicamente como el Pregonero de Cristo, y jóvenes (hermanos Amanda Beatriz y Abel Alejandro Andrés Navarro) vinculados al proyecto de los cuatro Fuera de la Caja Cuba, vuelve a colocar bajo observación internacional los métodos de intimidación empleados contra ciudadanos críticos del sistema comunista cubano.
Según reportes de medios independientes y testimonios difundidos en redes sociales, los citados permanecieron durante más de diez u once horas bajo control policial el 2 de julio de 2026, en distintas unidades de La Habana. Anna Bensi habría entrado a la estación de Alamar alrededor de las 10:00 de la mañana y salido cerca de las 9:00 de la noche, visiblemente afectada, llorando, entre aplausos y abrazos de quienes aguardaban en las afueras.
Lo que formalmente fue presentado como una citación policial terminó, de acuerdo con las denuncias, en una jornada de desgaste físico y psicológico. En el caso de Bensi, varios reportes señalan que permaneció durante horas sin atención clara, sin información transparente sobre el procedimiento y bajo presión para modificar el contenido crítico que publica en sus plataformas digitales.
La propia joven ha dicho que el interrogatorio giró en torno a sus vídeos, sus opiniones sobre la realidad cubana y supuestas acusaciones de incitación al desorden público. También denunció que se le hizo firmar una advertencia formal, mientras se le negaba copia del documento. Hasta ahora, las autoridades cubanas no han ofrecido una explicación pública detallada sobre la duración del procedimiento ni sobre las garantías legales aplicadas durante la retención.
El caso no se limita a una creadora de contenido. Junto a Anna Bensi también fueron señalados Rolando Pérez Lora, conocido como el Pregonero de Cristo, y los jóvenes Amanda Beatriz Andrés Navarro y Abel Alejandro Andrés Navarro, integrantes de Fuera de la Caja Cuba. Todos forman parte de un entorno de activismo cívico y cristiano que ha utilizado las redes sociales para denunciar la falta de libertades, la represión política, la crisis social y el control ideológico en la isla.
De acuerdo con las denuncias, los jóvenes de Fuera de la Caja fueron retenidos durante casi once horas en otra unidad policial. El colectivo sostuvo que el operativo buscaba impedir su participación en actividades públicas y describió el trato recibido como inhumano. En el exterior de las estaciones, familiares, amigos y simpatizantes esperaron durante horas, oraron y trataron de acompañar a los detenidos, mientras agentes policiales habrían impedido incluso cantos religiosos frente a la unidad.
Cuando una persona es retenida durante una jornada completa, aislada de su entorno, sometida a preguntas insistentes, amenazas veladas o presiones sobre su vida personal, el daño no siempre deja marcas físicas. Pero el objetivo puede ser igualmente devastador: quebrar la voluntad, sembrar miedo, enviar un mensaje ejemplarizante y advertir a otros ciudadanos que pensar distinto tiene un coste.
Este patrón ha sido denunciado durante años/décadas por opositores, periodistas independientes, activistas religiosos y organizaciones de derechos humanos: citaciones sin suficiente transparencia, interrogatorios prolongados, amenazas de cárcel, vigilancia, cortes de conexión, hostigamiento familiar y expedientes penales utilizados como mecanismos de intimidación. En ese contexto, la experiencia de Anna Bensi, el Pregonero de Cristo y Fuera de la Caja aparece como parte de una estrategia más amplia de silenciamiento.
Lo que inquieta al poder no parece ser exclusivamente el contenido de un vídeo o la presencia de un grupo juvenil. Lo que incomoda es la aparición de una generación que habla desde la fe, desde la experiencia cotidiana y desde el lenguaje directo de las redes sociales. Son jóvenes que no se presentan como dirigentes políticos tradicionales, sino como ciudadanos que narran apagones, carencias, abusos, miedo y esperanza.
En Cuba, donde durante más de seis décadas el Estado ha intentado monopolizar la palabra pública, esa voz espontánea resulta especialmente peligrosa para el régimen. Por eso la represión ya no apunta únicamente contra líderes opositores conocidos, sino también contra creadores de contenido, pastores, jóvenes cristianos, familias y comunidades que se organizan desde espacios digitales o religiosos.
Las imágenes de Anna Bensi en llanto al salir de la estación de policía no deben interpretarse como una derrota, sino como la evidencia humana de una presión abusiva. Detrás de esas lágrimas hay cansancio, impotencia y también resistencia. Detrás de las horas de espera de sus amigos y hermanos de fe hay una comunidad que se niega a abandonar a quienes son castigados por expresar lo que piensan…
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