Sociedad

Depresión, ritmos biológicos anuales y diarios

Imagen Gerd Altmann, Pixabay.

Por Lucimey Lima Pérez.

Un nuevo año ha comenzado y avanza vertiginosamente. Hoy puede ser igual que ayer, pero los ritmos biológicos, tanto individuales como ambientales nos mueven cada día casi sin darnos cuenta.

Los ritmos circanuales consisten en variaciones que ocurren durante el año y que repercuten en nuestros sentires y pueden ser abordados con el conocimiento del afectado y la ayuda del terapeuta. Los cambios ambientales son muy influyentes. En mi experiencia, hay personas que se sienten muy mal en Navidad, con razones fundamentadas y otras no. Otras ansían esos días para el compartir familiar. Pero la Navidad es invierno y es verano, con lo cual se hace difícil una correlación entre la luz, la temperatura y las precipitaciones.

Por mucho tiempo se consideró que el otoño era la época de mayor número de deprimidos y de suicidios. Había razones para explicar, la temperatura, la falta de luz y la desesperanza en cuanto a la realidad de un largo y frío invierno. Hoy sabemos que la primavera es la época que más repercute sobre el estado de ánimo y se presentan argumentos, basados en la evidencia, que apoyan los hechos. Sin embargo, no he encontrado una respuesta completa que señale los mecanismos por los que esto ocurre, aunque tengo mis teorías fundamentadas en la experiencia. La primavera llama al calorcito del verano y el otoño nos asoma un respiro a las temperaturas del verano. ¿Es algo netamente psicológico o se suman complejos elementos ambientales y endógenos?

Una interrogante pendiente consiste en las altas tasas de suicidio reportadas en Lituania y en Rusia, y ¿por qué tan bajas en Kuwait? Factores geográficos podrían tener incidencia.

La depresión mayor es un trastorno común globalmente, con variaciones en sus presentaciones clínicas, tanto regionales como individuales, pero con claros criterios diagnósticos universales. Si bien ha resultado más complicado explicar las variaciones circanuales, las circadianas se han estudiado por años y contamos con más datos. Sin embargo, las pautas de tratamiento se ajustan más a la gravedad de la depresión que al tipo o variedad de esta. Si se trata de una depresión leve la aproximación terapéutica de consenso es la psicoterapia; de leve a moderada, aun se puede continuar con la psicoterapia de varias tendencias validadas; de moderada a intensa o intensa, se añade un antidepresivo y se continúa con la psicoterapia. Existen métodos físicos, tal como el abordaje electroconvulsivo, con altos niveles de buena respuesta y sin complicaciones cuando es llevado a cabo adecuadamente en manos de expertos.

El ritmo biológico regular de día y noche regula muchas funciones en diferentes organismos. Ocurren cambios en la temperatura corporal, la secreción de hormonas, la frecuencia cardíaca, la función renal y la motilidad intestinal. Las modificaciones en el electroencefalograma son conocidas y evidentes, y pueden guiar la conducta terapéutica. Dentro de las hormonas que han llamado la atención por varios años, se encuentra el cortisol, producido en la corteza suprarrenal bajo el comando del cerebro y de la hipófisis. Los niveles de cortisol se elevan antes del despertar, lo cual se relaciona con un descenso matutino en el estado de ánimo. De manera que, existen personas que se sienten ¨más deprimidas¨ en la mañana. Pero ¿por qué no todas? Ya que otras sienten más los síntomas al atardecer. Una explicación valedera es que el cortisol actúa sobre blancos específicos para producir sus efectos, y estos blancos pueden variar en su respuesta.

El primer paso que dar por la persona afectada es llevar un registro horario de su estado de ánimo, que le permita identificar si su malestar es más matutino que vespertino. Esto ayudará al clínico a tomar decisiones sobre el esquema de tratamiento.

Existen sencillas recomendaciones a seguir, que pueden ser un gran reto al principio, pero que a mediano y largo plazo serán beneficiosas. Estas son: i) Mantener los horarios de actividades diarias en la mejor medida posible: las comidas, los descansos, las actividades recreativas; ii) Realizar actividades diarias que mantengan la energía física y mental, así como la relajación; iii) controlar el sueño con rutinas individualizadas que permitan una disciplina sana y un buen balance mente/cuerpo; iv) balancear las relaciones interpersonales hacia la solución armónica de conflictos y la comunicación asertiva.

 

Lucimey Lima Pérez. Psiquiatra, Psicoterapeuta, Neurocientífico. Investigador Titular Emérito del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Clínico en Salud Mental, Australia.

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