Colombia secuestrada

Por Gloria Chávez Vásquez.

No entiendo la testarudez de los individuos que se hacen participes y cómplices o justifican la violencia de los fanáticos adoctrinados para destruir a Colombia.

No se puede manipular la realidad, porque como decía el filósofo Julián Marías, “la realidad no cede, es inexorable”. Y la comparaba con una pared contra la cual muchos chocan, por no querer verla.

El daño a la nación y a sus ciudadanos, no solo en términos económicos sino morales y espirituales, es irreparable. Solidarizarse con un pueblo trabajador y honrado ante el dolor y la miseria en que lo sumen sus hijos más rebeldes y las fuerzas externas que los patrocinan, no es odio, es indignación.

Personas sin educación política o histórica, sin conciencia de derechos y deberes queriendo asumir un liderazgo sin la capacidad para conducir apunta más bien a que son ellos el problema más grave que tiene al país. Un caos producto de su ignorancia y falta de respeto al prójimo y a las libertades. Es el machismo en esteroides. La manada de ingratos que no tienen en cuenta el sacrificio de sus vecinos, familiares y antepasados.

Un líder debe ser sanador, orientador, estimulante, emprendedor y constructor. Una persona sin esas cualificaciones no puede elegir ni opinar ni dirigir. Lo suyo no es servir. Porque no sabe ni tiene la capacidad.

¿Quién se ha encargado de quitarle el poder a los verdaderos lideres para asumirlo ellos?: los improvisados.   

El fenómeno de la corrupción y coacción de la opinión ha menoscabado la verdad y el prestigio del conocimiento y la autoridad. De manera irresponsable se ha convertido el poder en mera fuerza cuando, como decía el filósofo, el poder es espiritual.

Que si “el cambio”. ¿Qué cambio? Mejorar algo requiere paciencia y conlleva a una evolución gradual. Requiere trabajo y esfuerzo individual. El cambio, no es tirar todo por la borda y acabar con la vida de otros. ¿Para qué? ¿Para imponer una doctrina y un régimen de fanáticos en nombre de un partido que no ha logrado nada más que sufrimiento, represión y odio en el mundo?

El marxismo no ha causado más que deterioro inmediato de la convivencia, nos recuerda Julián Marías y por tanto hay que desprenderse de sus sofismas “Es imposible que la totalidad del mundo tenga el mismo nivel de vida”. En su mediocridad, el hombre masa cree que tiene derecho a todo sin esfuerzo. “La estructura inexorable de la realidad, nada tiene que ver con la justicia”.

Arr. Candidato Rodolfo Hernández, Deb. Candidato Gustavo Petro

Los individuos-masa actúan como si los hubieran despojado y nunca han trabajado o ayudado a otro en su vida. Han introducido la desmoralización en el mundo, abolido leyes y creado una crisis hasta en los mandamientos. Como si todo se lo merecieran y ellos no tuvieran obligaciones cívicas ni humanas.

“No se puede vivir en recreo porque se acaba la escuela” observa Marías y se lo recuerda a la gente sin estructuras.

En cuanto a la nube negra que se cierne sobre Colombia y los colombianos, ¿A quién se le ocurre ideas como la de disfrazar a cientos de adoctrinados, como personal de Catastro, para ir tocando puertas y engañando a la gente prometiendo que si votan por Petro la casa que arriendan será suya? ¿Y qué clase de persona cree una promesa así?

¿Qué clase de gente secuestra a los habitantes de todo un pueblo en la región del Guaviare y los amenazan de muerte si no votan por Petro y aparte los fuerzan a ir otros poblados a hacer lo mismo? ¿Qué tipo de persona justifica esto? ¿En qué clase de país se permite un horror de estos? Es que hay que creer en las fuerzas del Mal porque las estamos viendo en acción. 

Tampoco me resulta clara la inacción del gobierno colombiano ante los ataques de la izquierda, las guerrillas y todos los sediciosos que pretenden acabar con la democracia y la poca libertad del pueblo colombiano.

Son muchos los clamores y peticiones para que el presidente Duque agarre al toro por los cuernos y no permita que las fuerzas destructoras se apoderen del país. Que ponga en marcha un plan para controlar la violencia callejera y las revueltas estudiantiles cada vez más peligrosas. Que garantice un día de elecciones sin violencia. 

No es demasiado pedir por la restauración de un orden que se ha ido perdiendo por falta de lideres que contrarresten la delincuencia y crímenes de los agentes del Mal.  Los atentados terroristas diarios, las coacciones de los petristas para obligar y robar votos, están ahí, en pantalla, en altavoces. ¿Qué espera el gobierno para enfrentar a los destructores?

El día 19 de junio no es más que la línea trazada para ver quien prevalece, si los colombianos de bien o una figura que como Pablo Escobar solo ha traído desgracias Colombia.

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Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora residente en EE.UU.

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