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CN. El mercader en la sombra: Trastiendas de la Corrupción compartida por Cuba y Estados Unidos

Por Cubanuestra.

Entrevistado: … Mono Morales, que trabajó en esa operación, estaba trabajando también para la DGI en Cuba. Mono era un traidor, un doble o triple agente; era un cabrón. Yo tuve que ver con su muerte, y el día que lo borramos del mundo fue un día mejor para todos. Lo que ocurrió realmente es que Posada y Bosch iban con la idea de tumbar el avión y ya tenían a los venezolanos listos para hacerlo siguiendo esas órdenes.

Entrevistador: Claro, por supuesto.

Entrevistado: Pero Mono le deja saber a Castro lo que iban a hacer. Castro entonces baja a los políticos del avión y monta a un equipo deportivo —no me acuerdo si era de natación, voleibol o esgrima—. Castro sacrifica a los atletas.

Entrevistado: Entonces, cuando yo te digo que Cuba lo sabía es porque Mono Morales me lo dijo. O sea, que si Mono me dijo la verdad o la mentira, ¿quién sabe? Yo te estoy repitiendo algo que puede ser verdad o puede ser mentira.

Entrevistador: No, pero yo te estoy corroborando de que es verdad. Bueno, por lo que encontré en lo otro que saqué esa conclusión y ahora tú me lo estás reafirmando, sí, de que ellos sí lo sabían. Ahora la pregunta es: ¿ustedes fueron los que pusieron eso o lo puso la Inteligencia?

Entrevistado: No, nosotros pusimos la bomba.

Entrevistador: ¿Nosotros? ¿Ustedes pusieron la bomba?

Entrevistado: Nosotros. Mira, cuando empezamos el CORU… El año 1976 fue un año que yo no sé por qué no han hecho una película al respecto. En el año 76 muere Artime, lo cual fue un golpe para todos nosotros; él era nuestro héroe, nuestro Dios. Pero ¿qué pasa cuando Artime ya no está de jefe? Todos los grupitos se unieron y formaron la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU). CORU eran toda la gente que trabajaba para Artime, que se quedaron sin un líder y cruzaron la línea. Cruzaron la línea entre ser un guerrillero por la libertad y ser un terrorista. Nos convertimos en terroristas.

Yo financiaba CORU. Mi representante en CORU era López Estrada. Él me decía: «Ramón, necesitamos 100,000 dólares para esto», y yo los daba porque me convenía, ¿sabes? La CIA lo sabía. O sea, la CIA sabía que había un grupo de terroristas cubanos poniendo bombas. Le metimos una bomba a Letelier en Washington D.C., matamos a un diplomático en Washington y la CIA lo sabía y lo permitió.

Entrevistador: Un diplomático chileno, creo. Letelier.

Entrevistado: Pusimos bombas en Miami, pusimos bombas en embajadas, tumbamos el avión, hicimos no sé cuántos actos de terrorismo en el mundo en ese año y no nos pasó nada. La CIA lo permitía.

Ramón Milián Rodríguez entrevistado por Darwin Santana*

Si la actuación del régimen castrista resulta deleznable, el retrato que Milián hace del gobierno de Estados Unidos y de la CIA no es menos sombrío.

Este ensayo encuentra su fundamento documental en un testimonio periodístico de excepcional valor histórico: la extensa entrevista concedida por Ramón Milián Rodríguez al comunicador cubano Darwin Santana para su programa El mundo de Darwin, estrenado el 6 de septiembre de 2026 bajo el título EXCLUSIVA JUICIO de OCHOA Revela FILTRACIONES IMPACTANTES / EXAGENTE de la CIA Reveló TODO. A lo largo de casi dos horas de conversación desapasionada —que sirvió de antesala a la publicación de sus memorias Lord of Money junto al productor Tony Cortés—, el exoperativo de 75 años repasa con asombrosa serenidad su transición de niño aristócrata desposeído en La Habana a contador graduado en Estados Unidos, agente entrenado en la Escuela de las Américas y cerebro financiero del Cartel de Medellín. Exhibiendo documentos desclasificados, sellos familiares y reliquias de su época en la inteligencia militar, Milián Rodríguez no habla como un penitente que busca la redención, sino como un contable frío que desglosa balances de guerra, asesinatos bajo disciplina y transacciones multimillonarias. Su confesión ante las cámaras de Santana constituye la materia prima para este análisis, desnudando los engranajes secretos donde la alta finanza, el crimen organizado y el cinismo geopolítico de las superpotencias convergieron durante la Guerra Fría.

Introducción: El hombre detrás del mito

Hay figuras en la historia reciente que parecen extraídas de una tragedia maquiavélica, suspendidas en un limbo donde la alta finanza, la violencia militar y el cinismo geopolítico se confunden. Ramón Milián Rodríguez es una de ellas. Quien lo observe hoy verá a un anciano de 75 años caminando con parsimonia por las calles, un hombre de rutina apacible que pasa desapercibido entre la multitud. Sin embargo, bajo esa apariencia cotidiana se esconde el individuo que el propio Milián define con fría lucidez como un «psicópata bajo ciertas circunstancias»: la mente financiera que articuló la contabilidad del Cartel de Medellín y manejó las operaciones monetarias en la sombra para la inteligencia estadounidense.

Su historia no es simplemente la de un gran lavador de dinero, ni la de un espía más. Es el retrato desgarrador de cómo los ideales se corrompen en el crisol de la geopolítica y cómo las mayores potencias del mundo —así como las dictaduras que se les oponen— terminan compartiendo las mismas cloacas para asegurar su supervivencia…

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