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Causeur. Cuba comunista: ¿Cuánto durará?

Por Alex Destouches /Causeur.

En Cuba, los noticieros de televisión atribuyen la crisis exclusivamente al embargo estadounidense, sin mencionar jamás factores internos. Sin embargo, la población está harta. Los contenedores de basura rebosan, ya que la recolección se ha suspendido por falta de combustible, según observa nuestro reportero.


Desde hace tres meses, Washington impone un bloqueo total al suministro de combustible a Cuba. Desde entonces, la isla se encuentra paralizada, como sumida en un letargo que recuerda a Macondo, el escenario de la novela  Cien años de soledad de Gabriel García Márquez  . Solo un barco ruso ha logrado atracar, sin intervención alguna de la Armada estadounidense. Y, como el ingenio humano no conoce límites, el combustible refinado llega en pequeñas cantidades, transportado en isotanques de mil litros, y se revende a precios exorbitantes.

Pero eso no es suficiente. La economía cubana está completamente paralizada. Los negocios ya no operan, las oficinas gubernamentales solo abren dos o tres días a la semana, las filas en los bancos son cada vez más largas y, para la mayoría de la gente, la vida cotidiana se ha reducido a simplemente sobrevivir día a día.

¡10 euros por litro de gasolina! 

En las calles de La Habana, el tráfico de automóviles escasea; en las carreteras nacionales, prácticamente ha desaparecido. El combustible, tan preciado, se vende en el mercado negro a precios exorbitantes: cuatro euros el litro de diésel, hasta diez por la gasolina. Incluso las embajadas están racionadas: veinte litros semanales por vehículo.

El turismo está en declive.

El turismo, el último motor económico que quedaba, se está derrumbando. Las grandes plazas de estilo colonial de la capital están vacías, los hoteles —a menudo construidos por cadenas españolas— están desiertos y los restaurantes cierran uno tras otro.

Leído de nuevo por el mismo autor: Cuba en sus estertores de muerte

¿Cuánto tiempo puede durar un régimen así? Nadie lo sabe. Lo que llama la atención es la falta de voluntad para reformar. Los noticieros atribuyen la crisis exclusivamente al embargo estadounidense, sin mencionar jamás las responsabilidades internas. La población, por su parte, está harta. Tras el éxodo masivo de 2021, las salidas prácticamente se han detenido por la falta de visas, requisito indispensable para emigrar, y la frontera estadounidense está ahora completamente cerrada.

Ayuda de «países hermanos»

Las tiendas estatales están vacías. Los pocos alimentos básicos disponibles, especialmente el arroz, provienen de la ayuda internacional (principalmente de México, China, Vietnam y Rusia). El pueblo cubano, acostumbrado al racionamiento durante décadas, sufre como nunca antes. La pobreza es evidente. Las calles de La Habana están repletas de mendigos, las farmacias están vacías y los pocos medicamentos disponibles se venden en el mercado negro. Los contenedores de basura rebosan, ya que la recolección de residuos se ha suspendido por falta de combustible. 

A pesar de todo, la población se mantiene sorprendentemente tranquila, paralizada por el miedo a la policía y la represión. No hay levantamientos, solo protestas esporádicas, rápidamente sofocadas, contra los cortes de luz, que pueden durar varios días. En estas condiciones, es imposible conservar alimentos perecederos.

Indiferencia de poder 

Muchos cubanos habían albergado la esperanza de una intervención estadounidense. Pero con la guerra en Irán y el paso del tiempo, esa esperanza se desvanece. El régimen parece indiferente al sufrimiento del pueblo. Prefiere dejar que el país se hunda aún más en el caos antes que emprender reformas que podrían poner en peligro su propia supervivencia.

Porque, como siempre que la economía se reduce a un vasto mercado negro, una pequeña élite se beneficia de esta crisis. Durante la Semana Santa, el Hotel Meliá de Varadero, el emblemático destino turístico internacional, estaba repleto de cubanos que exhibían autos de lujo y joyas ostentosas. Los bufés rebosaban de comida, una imagen casi surrealista en un país donde la gran mayoría lucha por sobrevivir.

A excepción del combustible, Cuba se abastece bastante bien del extranjero, pero estos productos están fuera del alcance de la gran mayoría de los cubanos, que ganan menos de un euro al día. El abastecimiento de la isla depende de importadores vinculados a la  nomenklatura comunista, que se están enriqueciendo a costa de esta situación.

Cuba sigue en pie, pero pende de un hilo. ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir un sistema que se derrumba beneficiando únicamente a una ínfima minoría?

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