Bolchevirus I – ¿Igualdad?

Por Andrés R. Rodríguez

La igualdad fue por milenios nuestro alfa y omega social. Pero NO fue una igualdad expuesta, propuesta, ni impuesta a los seres humanos por una entelequia creadora, un providencial justiciero o un intelecto reestructurador, preocupado uno u otro por la justicia social. La igualdad provenía de la acción de unas entidades de muy pocas luces, extraordinariamente humildes en sus fines y aleatoria acción: los gérmenes.

Los gérmenes han estado deambulando alrededor desde nuestro origen como Homo sapiens, con su simple ambición de vivir su media hora degradando materia orgánica. Para ellos, nosotros y hasta nuestros portentosos cerebros son solo eso, otro pedazo de carne a ser degradada para extraerle parte de su energía y luego pasar a otra mísera porción cualquiera de materia orgánica y corromperla. Les da lo mismo degradar un poco de excremento, manteca de puerco, una bella flor o la materia gris de lo que fue un genio. No los mueve teoría o discriminación alguna en su accionar, simplemente esa es su forma de alimentarse, descomponiendo materia orgánica que esté cerca. Cuando encuentran las condiciones propicias, como puede ser muchos pedazos de carne de animales muertos en una estampida, se reproducen con mucha velocidad.

Cuando cuerpos extraños entran en un organismo vivo, este tiene un sistema inmunológico, que intenta y generalmente puede neutralizarlos.  Pero ello depende de miles de detalles bioquímicos, por ejemplo, ciertas compatibilidades químicas o si el microorganismo recientemente ha mutado y es más difícilmente detectable y neutralizado por el invadido. Cuando un individuo está débil, mal alimentado o enfermo, su sistema inmunológico no es eficiente. Es más proclive a padecer una enfermedad contagiosa, sufrir una epidemia. En base a eso algunos nos enfermamos por transmisión y periódicamente surgen plagas, que a veces devienen en epidemias.

Actualmente los Homo sapienssomos la mayor población humana que ha habitado este planeta (7 700 000) y nos ubicamos en grandes núcleos urbanos (es decir, la densidad poblacional humana es muy grande en ciertos puntos), y nos desplazamos por el mundo sobre medios de transporte eficientes. Ahora es relativamente fácil el contagio de persona a persona y las epidemias PUEDEN ocurrir una tras otra. En esta situación nuestras costumbres, ciencia, tecnología, economía y moral deben sufrir un cambio, o las epidemias se convertirán una y otra vez en pandemias.

Las epidemias no son recientes, se han sucedido miles de veces en la historia humana. Es bien conocido (ahora, no antes) que los gérmenes han eliminado bandas, tribus, aldeas, polis, burgos, ciudades, civilizaciones. Ante su ataque, por milenios, los Homo sapiensse han tenido que arrodillar, algunos acostarse a dormir para siempre.

Cuando constituíamos pequeños grupos, semiaislados, una epidemia tenía efectos en pocos individuos. Una banda de caza, por ejemplo, debiera incluir una decena y una aldea un centenar de individuos. Hoy, que somos millones y muy interconectados, los gérmenes encuentran perfectas condiciones para convertir en infierno pandémico nuestro mundo de lentejuelas y vanidades. Solo las podemos evitar o minimizar si adoptamos técnicas, comportamientos y moralidades que eviten la transmisión fácil de microrganismos.

Aquellas periódicas epidemias mantuvieron en estrictas condiciones de igualdad a los miembros de las primitivas hordas humanas, porque dominaban muy pocos elementos de ciencia y se guiaban por primitivos instintos para sus relaciones, más parecidas a las de las bestias que a las de los ángeles. Entonces, todo era simple sensorialidad zoológica y no había espacio para grandes ideas o sentimientos humanos. Nos guiaban por estrechos senderos hambre, instinto y feromonas. Entonces, no había mucha envidia, ni mito, y el amor era un extraño parto de las estrellas. Éramos muy pocos, con muy pocas neuronas y todo lo que queríamos era un poco de carroña. Moríamos jóvenes.

Es muy dudoso que todos los seres humanos primitivos actuaran por iguales motivos en todas partes, pero nos atreveríamos a suponer que apenas se podían percatar de otra cosa que el olor del de al lado (sus feromonas). Albergaban un sentimiento nasal de agradecimiento a la hembra fértil y ovulando, a los de la misma manada que apestaban igual, a los que dormían en su misma cueva y compartían sus pulgas. Dentro de la horda reinaba la plena igualdad y la fraternidad intragrupal era ley de vida. Una banda, se enfrentaba a la agresividad de otras bandas, con una alta tasa de asesinatos intertribales.

Se explica que por milenios apenas fuimos unos nómadas carroñeros, muy pequeños en número, primitivos en cuanto a estructura, dominados por el más feroz de cada grupito. Fuimos hordas de cazadores recolectores muy aisladas unas de otras en medio de densas selvas. Cada horda incluía unas docenas de individuos, que apenas rebasaban los 20-25 años. Un macho alfa era el único que decidía algo entre aquellos salvajes, y con frecuencia, su decisión era agresiva: dominar a los miembros de su grupo (sobre todo hembras fértiles), llevarlos a aniquilar otra banda más débil o desprevenida, enfrentar ser aniquilado por otro grupo más hábil o cohesionado.

Por muchos milenios, pequeños grupos de cazadores recolectores nómadas, nacieron, se reprodujeron y morimos. Murió la promesa divina que cada ser humano es. El H. sapiens deambuló por bosques y sabanas, arrastrando sus miedos, creyendo que espíritus y dioses le vigilaban, premiaban o castigaban, sin tener la menor idea de que no eran designios divinos sino unos pequeñuelos, microscópicos y hambrientos seres obtusos, que le acechaban en su boca, sexo, manos e intestinos. Cuando la banda u horda se reproducía un poco más allá de la decena, era diezmada por sus emboscados gérmenes. Eliminaban sin compasión a los supernumerarios o a todos.

Eran los tiempos de plena igualdad: la de la miseria total, la común indefensión ante el ataque de gérmenes, depredadores o igualmente misérrimas otras hordas. Ese extenso periodo, tal vez de millones de años, ahora le llamamos Comunismo Primitivo. ¿Quién podría imaginar que, al cabo de unos milenios, algunos que se asumen mentes orgullosamente intelectos, pretenderían hoy imponer al emergente Homo sapiensel imperio de los microbios desde los laboratorios?

La humanidad subió su Gólgota. Le podemos llamar Proceso Civilizatorio. Primero de manera torpe, pero a partir de cierto momento, como sistema que culturalmente procesa información y reestructura ecosistemas naturales. Sistema que intenta acumular suficiente sabiduría como para adoptar costumbres, instituciones, constituciones y ciencia que garanticen puedan existir grupos densos, pero, sobre todo, mentes inquietas que sean el reservorio de sabiduría.

Las ciudades estado de Grecia son un hito muy representativo del proceso emergente. Surgen allí mentes muy lúcidas. Pero es extraño que una las más brillantes, Platón, se da una licencia literaria temprana en “La República” acerca de querer ordenar la sociedad con igualitarismo bacteriano. Tal vez esta pretensión fundacional del pensador de la Academia, lo fueron repitiendo después miles y miles de pensadores, escritores, poetas, juglares, cantantes, académicos. ¿Fue un desvarío de algunos o la arrogancia intelectual es algo intrínseco del pensador y de la Academia?

Casi todo el que ha tenido suficiente inteligencia y sensibilidad sobre lo humano, ha creído poder aportar una solución a la aparente crueldad de los (eco)sistemas naturales y minimizarla en los transformados (la ciudad detrás de la muralla, la sociedad dentro de sus instituciones, la universidad como torre de marfil). Pero en realidad, casi todo el edificio humanidad repite el contrapunteo que se produjo cuando el maestro Platón (más bien un artista) encontró en su alumno Aristóteles (más bien un científico) una alternativa que lo superaba. El problema es por lo general que se pretendan soluciones platónicas, inviables, asertivas, idealistas (“Utopia”, de Aldo Moro, “La nueva Atlántida” de Francis Bacon, “El contrato social” de Rousseau, (“New Harmony”, Robert Owen, etc.) que resultan no solo inviables, sino que han conducido a verdaderos atascos morales, sociales y genocidios. Tal parece que, desde la Grecia clásica, raíz de Occidente, ya se cultivó un árbol cultural jorobado.

El paradigma del igualitarismo, lo podemos considerar históricamente muy relacionado con lo filosófico, el humanismo, las artes y las humanidades. Fue y es generalmente un planteamiento basado en “lo que debiera ser” y una reacción alternativa a otros 2 paradigmas. Uno improvisador y pragmático, que sigue la inmensa mayoría de las personas (tal vez el 90%) que sólo se concentra en sus sensorialidades y lo inmediato (esto es, el no-paradigma: el plato de lentejas, el burdo territorialismo, el olor del sexo opuesto). Y otro que sí teoriza y moraliza, pero lo hace sobre bases que ahora podemos llamar científico-tecnológicas. Este último paradigma, por su cualidad de aplicar métodos científicos, ser modular y repetible, es el que ha hecho emerger la cultura desde la barbarie hasta lo que somos hoy en día. Su problema, es que son ideas complejas, difícilmente comprensibles para la masa, manejadas por muy pocas mentes. Y que puede resurgir un virus igualitarista con intención de degradarlo. Por ejemplo, un Bolchevirus como el que hoy nos acongoja.

Andres R. Rodríguez es Científico, Biólogo. Investigador premiado con varios libros editados, entre los que se encuentran: «Lista de Nombres comunes y científicos de peces marinos cubanos (Nomenclator)» (1984, CIP, 82 pp); «Breve Diccionario de Biología Pesquera” (Mar y Pesca, 1986-1987 80pp), «Peces marinos importantes de Cuba» (1987, Ed. Científico-Técnica, 236 pp), “Ecología Actual, Conceptos Fundamentales” (2000, UdO, 134 pp.), “Maritime Dictionary-Diccionario Marítimo (Eng-Spa)” (2009, Ed. Myths and Books, 400 pp) ¨Fábulas vivas¨ (Amazon/Alexandria Library, 2015), «Colonial Havana˗Trinidad” (2018, Amazon/Ed. Alexandria 150 pp), «Havana 500 Anniversary” (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 120 pp). ), «Destellos al Alba” (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 120 pp, Ensayo). «Caribbean Touristic Dictionary” (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 165 pp), «Ecologia para Ecotourismo» (2020, Amazon/Ed. Myths and Books 380 pp), «La Verdad es llama” (2020, Amazon/Ed. Myths and Books 180 pp) En preparación: «Caribbean Ecotourism and Submarinism Eng-Spa”, «Ecotourism Multilingual Dictionary”, «Diccionario de Biología Pesquera”. Ha sido finalista en los concursos literarios “Historias sobre la Historia”. Silva Editorial (2006, Barcelona.) y Premio Orola con “Tacto”, (2009, Madrid). Actualmente es hombre de negocios, consultor de pesca, turismo, medioambiente, periodista freelance.

 

 

5 Comments

  1. Mercedes Jiménez-Hart

    ¡Excelente!

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  5. libertad igualdad fraternidad, suena bonito nuevecito, pero se oxida rapido

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