Blues

Por Ulises Fidalgo

Un fin de semana frío fuimos a Clarksdale y compramos un disco de blues. El cantante había nacido en Chicago y por la música había terminado en aquel pueblo del Delta. Ya habían recogido el algodón, y a la vuelta se veían las amplias extensiones de tierra negra. La tierra en el Delta es infinita. Metros y metros hacia lo profundo de tierra fértil. Dicen que en la puesta todos los campos se parecen a Castilla, pero en el Delta la noche no parece caer del cielo sino que emerge de la tierra. Alguna noche inútil me levanté adolorido de las preocupaciones y recordé los días jóvenes en que trabajé en el campo. Después de una jornada junto a la tierra el cuerpo cae en su plenitud. El descanso es hondo y oscuro como la tierra fértil del Delta. Ahora me acerco a mi casa, escuchando ese disco de lamentos, en una tarde que se apura por la llovizna. Fantaseo: ¿y si me quedara sin trabajo y no tuviera otra opción que ir a recoger algodón? Una anciana me contó que el algodón en la flor tiene una textura suave, pero que al recogerlo la planta se venga hincándote las manos. Llegas a la noche lleno de arañazos. No puedes usar guantes, porque necesitas el tacto para recogerlo. ¡Cuántas metáforas sugieren ese dolor traicionero! Es un blues. Pero ya esa época pasó. Ahora son máquinas. Nadie requiere del cansancio de nadie. Esa melodía que ahora gime la guitarra y la armónica, es tan sólo nostalgias. Algo se lo llevó. Extraña generación que añora y se indigna con los dolores pasados porque los actuales no le alcanzan para entender el blues.

Ulises Fidalgo es Profesor de Matemáticas de Case Western Reserve University.

Obra de Carlos Manuel Galindo.

 

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