Biopolítica y degeneración nacional

Maykel Osorbo

Por Ray Luna.

La lealtad es más poderosa que el fuego.

Julius Evola

Patria se dijo, pues, de la tierra heredada del patriarca. Es palabra masculina. Según los perennialistas, hubo un tiempo en que el hombre y la tierra eran una sola cosa. El uno. Límite natural de sus necesidades y aspiraciones. Cuando no ansiaba ser lo que no era. Cuando aún era inocente de esa “alienación” que tanto condena el marxista.

Patria no significaba, como ahora, la desintegración de la persona en el ente colectivo. La patria que tanto anhelaba Sancho Panza eran el paisaje manchego, sus gentes (los amigos, la familia), la aldea, sus tejados y así.

Fue no poco lo que hice por la patria mía. La primera, pasar mucho trabajo. La segunda, pasar un poco más y, la tercera, aun otro poco. Hice una cuarta, largarme y no volver. Soy un hijo ingrato, supongo.

(Por las noches, a menudo me paga una visita.)

Nací en un pasaje de la calle Real, entre Amparo y Virtudes. Cerca de la terminal de ómnibus municipal de Santa Clara, a donde se decía que iban a “bugarronear” los reclutas para hacer algo de dinero. Allí había de todo: granujado, desamparo y vicio. Este hecho no me honra ni me avergüenza.

En el 85, Kate destruyó lo poco que poseíamos. Fuimos a parar a un albergue para damnificados. ¡Bienaventurados quienes logran salir de ahí!

Salimos.

La Loma de Belén no fue muy diferente. Crecí rodeado de carteristas, sonadores, matarifes, pastilleros, boliteros, bisneros, presidiarios, jineteras, pingueros… El barrio me enseñó dos cosas: 1) que hay dos clases de criminales: los de arriba y los de abajo; 2) a elegir mis batallas.

Los motivos del crimen son siempre cosas convenientes. Potencialmente placenteras. Quien delinque persigue lo agradable. El criminal, de arriba y abajo, acomete un daño voluntario contrario a la ley —divina y humana— cuando cree que es posible y posible para él, y cuando cree que es posible escapar a la detección. O cuando cree que la pena, en caso de ser atrapado y juzgado, será inferior a la ganancia que reporte el crimen.

Por eso los hombres poderosos o bien relacionados son probables criminales. También los sinvergüenzas y aquellos que poseen muy variadas destrezas o habilidades y a la inversa. Los que se encuentran en necesidad y los que no tienen nada que perder, son criminales en potencia.

También se cometen crímenes contra aquellos que han cometido numerosos delitos del tipo que ahora se comete contra ellos. Crímenes que, según Aristóteles, parecen un acto de justicia poética.

La gente de los bajos fondos, la gente del hampa —en general, los sectores marginales de la sociedad— no se interesa en la política, ni el bienestar de la patria.

(Tengo poca fe en la redención.)

La principal diferencia entre el delincuente de arriba y el de abajo consiste en el grado de organización. Las personas de más bajo estatus (o sin estatus) son desorganizadas por naturaleza. Cuando el hampa se organiza, entonces, se le llama estado.

Desde que los habitantes de la isla se separaron del árbol imperial español, el país se ha visto sometido a innúmeras revoluciones. Esto es, a cambios sociales rápidos. Todos esperan un gran cambio. Se ha repetido hasta la náusea. Sólo la Providencia sabe qué pasará. Lamento el que aquí y allá se hable con tanta ligereza acerca de la chispa que encendería en fuego de un posible levantamiento.

En realidad no se sabe siquiera qué clase de cambio —de haberlo— esperamos. Y no es posible saberlo porque la teoría de que las revoluciones comienzan en el estómago, de que las llevan a cabo los pueblos hambrientos, es completamente ajena a la historia de la humanidad. También es falsa la idea de que los pueblos se rebelan —instintivamente— contra la tiranía. Todo eso es pura demagogia. Esto no es obiter dictum.

Dos formas de control interno tiene el castrismo, lapsicoarquía (administración, gobierno y manejo del pensamiento de los residentes, que no ciudadanos) y la fisicoarquía (que persuade a los residentes para que se abstengan de organizarse con el objeto de capturar el poder). Sobre la primera descansaba su legitimidad, que a su vez descansaba sobre el consenso popular. La segunda, o sea, se divide en dos técnicas de control interno: las leyes y el miedo. La fisicoarquía (o dominación física e irresistible) se reconcentra a medida que la psicoarquía se debilita.

En pocas palabras, si la cosa sigue así habrá un baño de sangre como, por ejemplo, en Venezuela o Burma; pero en modo alguno habrá “un cambio”.

Como tal fenómeno histórico, las revoluciones “son enfermedades de los pueblos ricos, las revoluciones son enfermedades de los pueblos libres” y, además, “las revoluciones profundas fueron hechas siempre por opulentísimos aristócratas”. Es un error creer que el germen de “un cambio” se halla entre la miseria y la esclavitud isleña. Los cambios sociales rápidos germinan entre los tribunos que sobreexcitan y explotan los deseos de la muchedumbre.

¿Por qué no puede haber “un cambio”? Pues, porque no puede haberlo. No sin una élite que substituya a la actual. A esto le llaman en política Ley de Hierro de la Oligarquía. Todas las sociedades son gobernadas por una minoría muy bien organizada a la que los historiadores llaman clase dominante.

En otro momento he descrito el mecanismo psicoárquico del castrismo:

El castrismo es una ideología que te hace creer que el flujo de poder va en dirección contraria a la dirección real. Es decir, es un relato que dice que el flujo de poder va de la gente al Estado, no del estado a la gente. De modo que el castrismo funciona como una iglesia. Hay quienes le llaman a esto religión política —una suerte de filosofía enlatada—, pero yo prefiero llamarlo simplemente castrismo.

Lo que sucede con el castrismo es que es una ideología que ya ha alcanzado un grado muy alto de obsolescencia. El castrismo ya no es capaz de moverse más hacia la izquierda. Ahora que el “termómetro religioso está por debajo de cero”, es aquí donde entra en juego lo que llamaré Novocastrismo.

Aunque yerra en su análisis sobre el funcionamiento del feudalismo, Coco Fariñas acierta cuando describe la élite castrista como un gobierno cohesionado a la manera feudal. Es decir, como una forma de gobierno muy natural. Básicamente, se trata de traspasar la jerarquía de un ejército conquistador a tiempos de paz. Los militares se convirtieron en nobles. Todos obtuvieron un pedazo de tierra (cuota de poder), un conjunto de reglas de comportamiento, un conjunto de deberes de lealtad. Valga decirlo, el feudalismo duró mil años.

La clave para entender cabalmente el párrafo de arriba está en la palabra lealtad. O sea, el castrismo tiene la asabiyyah que le falta a la oposición. Su capacidad para mantenerse unidos y formar una pandilla —manteniendo estable la estructura de gobierno— es aún mucho mayor que la de la oposición.

El novocastrismo forma una clase muy separada de la sociedad —cuidándose mucho de que su gobierno nunca sea impugnado—. Como clase dominante, es mucho más cohesiva y ordenada. Su razón de ser consiste en asegurar su estabilidad y reproducción. Al contrario que la democracia liberal (incapaz de todo lo anterior), no persigue la prosperidad económica. En absoluto.

Con todo, cada revolución —como hecho de orden histórico— tiene su propia fórmula. La revolución que llevaron a cabo las clases medias, y que acabó con las clases nobiliarias en Francia, prometía igualdad. (Así nos lo cuenta Flaubert en La educación sentimental.) “Serás rico”, dijo Castro en su alegato La historia me absolverá. Esa es la fórmula de la revolución socialista.

La revolución de Fidel Castro (y su cáfila de inadaptados) triunfó por estar fundada en una promesa de estatus más alto para mucha gente que, en el fondo, sabía que no lo merecía. Es una cuestión de biología muy básica. La igualdad es una quimera. Las personas son diferentes. La gente más inteligente, atractiva, astuta y popular constituye una minoría en toda sociedad natural. Siendo generosos, podría decirse que en todas las sociedades humanas el 20% de las personas tienen un estatus alto y todos los demás tienen que conformarse con su inferioridad de por vida. Así es como funciona.

Como en la Rusia de Lenin, en la Cuba de 1959, cuando Castro se entronizaba, si tenías un poco de ascendencia industrial, terrateniente o pertenecías a la clase media, no eras confiable. ¿Por qué? Porque sólo se podía confiar en la lealtad de los campesinos y los trabajadores. La gente rica, o las personas con los rasgos innatos que llevan a ser rico, siempre tendrán un estatus en cualquier sociedad natural. Siempre les irá bien. Por eso no se puede confiar en ellos. En todo caso, preferirán tener más libertad para realizar sus talentos. Sin embargo, la gente de origen campesino y proletario sabe perfectamente bien que todo lo que tiene se lo dio el partido. Por eso mis abuelos —y tal vez los tuyos— le fueron leales a Castro hasta la muerte. Por eso hay mucha gente leal a la revolución aún, porque saben que si el castrismo cae, su estatus caerá tan rápido como una roca en un pozo.

Para renovarse y remontar esta crisis psicoárquica, el castrismo necesita formar una nueva casta, otorgar estatus a cambio de lealtad. Esta es la razón por la que Mariela Castro se interesó en el transgenerismo en primer lugar. Este es el motivo por el que la nueva izquierda cubana se interesa tanto en el Movimiento San Isidro. La idea es otorgar estatus a las mujeres, los homosexuales, los musulmanes, los negros, los ex convictos y los transexuales. Incluso, a la gente gorda o con discapacidad.

No obstante que es como hacer un pacto con el diablo, cuanto más naturalmente repulsivo es alguien, más valioso es para el castrismo, puesto que su lealtad será mucho más fuerte.

Cuanto peor se comporta el Movimiento San Isidro, más le gusta a la izquierda. San Isidro es un calco de Black Lives Matter, dirigido ideológicamente— por Anamely Ramos desde el Colegio de México, donde estudia un doctorado en historia bajo el influjo de académicos marxistas como Lorenzo Meyer y Rafael Rojas.

Luis Manuel Otero Alcántara y Anamely Ramos

No hay que ignorar ni tomar a broma a Maykel Castillo Pérez (El Osorbo), cuyos actos revisten una importancia imborrable. Ese momento ante las cámaras lo elevará hasta el cielo o lo hundirá en el infierno. Nuestra pobre nación ya tiene su héroe profeta en su figura; el portador de un mensaje que le inspira una nueva fe. Una nación que ansía descollar por su valor y esplendor, por el infinito destello de su genio. Hay quien lo ve como el rayo celeste que los cubanos esperan, llameando a su contacto.

Allí se lo vio cantando el nuevo himno de la “rebelión nacional”. Me refiero al revoltillo confuso, crudo, lleno de infinitas repeticiones, “Patria y Vida”. Estupidez insoportable, especie de cántico bárbaro, rapsodia selvática que sólo por obligación escucharía alguien estéticamente exigente. La canción tiene un mérito muy distinto al literario porque surge del corazón y por eso penetra en otros corazones. El arte y la pericia retórica salen sobrando. Toda persona imparcial hallará en la canción otro sentido. “Patria y Vida” es el confuso fermento de rudas e indoctas almas humanas que ni aún saben leer, pero que fervientes, serias, luchan con gran vehemencia tratando de manifestarse en palabras.

Volviendo al video, allí se observa un Maykel Osorbo ofuscado, jadeando con intensidad al tiempo que pugna por manifestarse en palabras. Mas no puede. Como al propio barrio de San Isidro, los pensamientos lo abruman, puesto que hay tanto que tiene que manifestar y, sin embargo, no consigue expresarse. Cuando habla a su barrio, aquello que se propone decir no adquiere substancia ni forma. No sigue un método. Su discurso carece por completo de ilación y coherencia. Su caótica e inarticulada manifestación es el reflejo de un pensamiento deforme. Es el reflejo de su propio barrio. Espejo de una isla impaciente.

El Osorbo no parece un hombre malo, pues de ser así, la fiera barriada de San Isidro —en constante contacto con él— no lo reverenciaría. Allí vive gente agreste entre la que surge la querella a causa de su ruda sinceridad. La guapería —una suerte de dignidad viril— se hace desobedecer de la policía. Habitar por allí es áspera prueba para cualquiera. Esta misma noche, cuando el cañonazo de las 9 retumbe en las calles de La Habana, se escuchará de labios del transeúnte “no cojas por ahí”.

Sin embargo, el futuro del país no puede concebirse en el aquel humilde barrio de Centro Habana. Las ideas de la oposición batallarán siempre en la oposición porque el error no merece otra cosa. Son ideas que la parte de la oposición que busca una salida verdadera al descalabro actual debe combatir por ser infecundas, estériles, desastrosas. Por ser castristas.

Temo mucho más a la revolución que a la dictadura. Si bien es verdad que, aún no pudiendo condenarla, no podría ejercerla. Cuando medito sobre este asunto, se arma una bronca tremenda entre mi instinto y mi razón. Por un lado, reconozco que la dictadura es una verdad en el plano racional y un hecho frecuente en el plano histórico. Por el otro, admito que la dictadura es sólo otra forma de gobierno que, en algunas ocasiones, puede constituir un gobierno legítimo, bueno, próspero y racional.

La oposición verdadera debe rechazar, e incluso detestar, todo acto político encaminado a alimentar pasiones. Debe evitar a toda costa que el magnetismo revolucionario de la nueva izquierda cubana continúe desarrollando nuevos focos de acción como el de San Isidro, infectando el paso a un porvenir auténtico.

La revolución que Miami intenta llevar a cabo desde una butaca puede tener un efecto desastroso. No cae en la cuenta de que la propia tecnología que sirve a la gente para liberarse, sirve al gobierno para reprimir. El castrismo puede ser aún más sanguinario. Miami podría, con su actitud negligente, perpetuar la dinastía del crimen.

Ray Luna es bloguero reaccionario.

7 Comments

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  2. Anamely

    Usted ni es serio, ni tiene vergüenza. Con errores tan evidentes como ese de que estudio en el Colegio de México, Historia, bajo influjos marxistas, y que dirijo ideológicamente al MSI del que solo fui parte hace unos meses, mientras el MSI tiene más de dos años de fundado ; con errores así ya usted está totalmente desacreditado. NO SE PUEDE PEDIR RIGOR SIN TENER RIGOR. De la dictadura no espero nada hace siglos pero personajes como usted realmente dan pena.

  3. Ray Luna

    Srita. Anamely Ramos: me retracto públicamente y reconozco mi error. La información que tenía sobre usted era errónea en cuanto a la institución donde estudia y la especialidad. Me refiero a la Universidad Iberoamericana (¿campus de Santa Fe?) donde estudia un doctorado en Antropología Social.

    Pido sinceramente a los lectores una disculpa por este error pasajero.

    También dejo a los lectores del ZoePost el currículo de ese posgrado para que puedan corroborar por sí mismos cuán en la línea del marxismo está. (Cambio climático, políticas indígenas, etc.)

    https://posgrados.ibero.mx/doctoradoenantropologiasocial

    Ahora bien, no me retracto acerca de afirmación de que usted sostiene alguna suerte relación (intelectual y de amistad) con Rafael Rojas.

    Si hubiere otra insatisfacción de su parte, le sugiero se dirija a los editores de este medio y solicite su correspondiente derecho de réplica.

    Saludos

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