EDITO

Un Planeta sin Nosotros

Por Gloria Chávez Vásquez.

Según los promotores de la agenda del Cambio Climático, la especie humana ha crecido más de la cuenta. La explosión demográfica sobrepasa la capacidad productiva y agota los recursos y por tanto estamos viviendo lo que se conoce como una catástrofe malthusiana. Esta catástrofe conduce a una crisis, que se denomina “control natural”, pues para defenderse, la Naturaleza se rebela, neutralizando el conflicto con inundaciones, terremotos y otros fenómenos, a un alto costo de sufrimiento para quienes sobreviven.

Algunas de las consecuencias de la explosión demográfica, ya están establecidas, aunque el ser humano no acaba de acostumbrarse y mucho menos adaptarse a un, cada vez más depauperado, estilo de vida. La densidad de la población aumenta la violencia, las conductas anormales, el consumo de droga; conduce a la proliferación de virus y parásitos y a la acumulación de desechos nocivos. Irónicamente, son los mismos factores que aumentan la mortalidad y por ende disminuyen la población.

La intención del Nuevo Orden Mundial es, sin embargo, reducir más agresivamente (hasta en un 90%) la población del planeta. La cifra ideal de habitantes en el planeta sería entonces, de unos 500 millones. Con esta finalidad, el ser humano tendría que dejar de reproducirse. La teoría es que el ser humano no es compatible con la biosfera y la solución es ayudar a que la humanidad desaparezca de una vez por todas.

A usted le parecerá indignante, criminal o increíble, una idea de ciencia ficción, pero esa agenda ya ha entrado en pleno vigor. Y para ello cuenta con la colaboración y el financiamiento de gobiernos, organizaciones y miembros del 1% de la población multibillonaria, quienes ya tienen asegurada su supervivencia en lujosos y equipados bunkers subterráneos.

Extinción voluntaria

Uno de los fundadores del Movimiento para la Extinción Humana Voluntaria (VHMET) el estadounidense Les U. Knight, está involucrado en el activismo ambiental desde la década del 70. A los 25 años optó por una vasectomía y se unió a la organización Cero Crecimiento de la Población (Zero Population Growth), hoy en día conocida como Population Connection.

En 1991, Knight comenzó a publicar These Exit Times (“Estos tiempos de salida”). Un boletín donde pedía a los lectores no procrear e incluía una historieta protagonizada por una mujer que renuncia a la procreación. Creó además un sitio en la red, en once idiomas, cuyo logotipo presenta la letra “V” (de Voluntaria) y un planeta Tierra invertido (con el norte hacia abajo).

El activista achaca la responsabilidad del cambio climático a los habitantes de los países desarrollados, ya que son los que consumen más recursos y producen mayor cantidad de basura. Pero los países del tercer mundo no se quedan atrás, pues no practican el control de la natalidad y no tienen conciencia ni educación para cuidar el medio ambiente. Knight piensa que el ser humano no tiene valor ni razón de ser en la Naturaleza y por eso las especies animales son más importantes que cualquier logro humano. Si las personas dejaran de reproducirse, y usaran sus energías en curar el medio ambiente, podrían vivir en un ambiente comparable al Jardín del Edén. Pero el activista no cree en la constancia ni en el altruismo de una gente que no merece formar parte del planeta.

Calificando de “absurda” e “inexpugnable” la lógica de Knight, el economista Brian Bethune, profesor en Tuft University, duda que, con esa premisa, los últimos sobrevivientes de la especie humana tengan vidas placenteras. Mas bien, dice, prevalecería la pérdida colectiva de la voluntad de vivir.

Aunque la ideología de VHEMT es más “moderada” que la Iglesia de la Eutanasia, que aboga por la disminución de la población por medio del suicidio y el canibalismo, su agenda es más extremista que Population Action International, cuyo argumento es, que no es necesario eliminar a la humanidad para salvar al planeta.

El periodista judío residente en EE.UU. Sheldon Richman, aboga desde el Libertarian Institute convencido de que los seres humanos son “agentes activos” que pueden cambiar su comportamiento. “La gente es capaz de resolver los problemas que enfrenta la Tierra”. Por lo tanto, las medidas extremas son prematuras. La humanidad ha sobrevivido a guerras, hambrunas, catástrofes y plagas.

El control demográfico en la historia

Históricamente, algunos grupos étnicos, religiosos o ideológicos han intentado ejercer control poblacional por medios violentos: estrategias agresivas como el genocidio, las guerras, el aborto, la esterilización, la anticoncepción o restricción de nacimientos. Otras medidas como la exclusión forzada de territorios y sus recursos asociados, el infanticidio, practicado en la antigua Grecia o hasta hace poco, en ciertas regiones de Asia. El exterminio a manera de holocausto implementado por los nazis (1939-45) y por Sadam Hussein (años 80s) con los kurdos; el uso de virus en forma de pandemia como el del Covid19, apuntan a la eliminación de un gran número de seres humanos en el menor tiempo posible.

A lo largo de los siglos XX y XXI, algunos gobiernos han implementado la esterilización forzada en las mujeres, pero los críticos internacionales rechazan esos programas y prefieren el control de la natalidad y la fuerza de voluntad para prevenir los embarazos porque las tácticas coercitivas difícilmente disminuyen el nivel de población humana permanentemente.

En realidad, las estrategias culturales son más aceptables. Desde el punto de vista ético y en alianza con la cultura social, antropológica, política y religiosa de una sociedad, se puede promover la educación de hombres y mujeres, el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo y la adaptación de métodos acordes a la moral, en la planificación familiar.

La Naturaleza en acción

Un amplio estudio publicado en 2019 por la revista médica The Lancet detecta una caída en el crecimiento de la población en los países desarrollados, al tiempo que el crecimiento demográfico en los países tercermundistas se acelera. Es en parte la razón de la crisis migratoria a nivel internacional, aunque los países avanzados destinen recursos multibillonarios para la ayuda alimentaria, educativa y médica de esas naciones. Aun así, estos países resisten el control demográfico. Nigeria, por ejemplo, triplicará su población en lo que resta del siglo, convirtiéndose en el segundo país más poblado del mundo. En ese mismo lapso, India superará a China en número de habitantes, a pesar de que se espera que su población disminuya a menos de 1.100 millones.

Japón tiene la población más vieja del mundo y la tasa más alta de personas mayores de 100 años. Para finales del siglo, su población se reducirá de 128 millones (2017) a menos de 53 millones.

Italia tiene una de las tasas de natalidad más bajas de la Unión Europea y una alta tasa de emigración. Alrededor de 157.000 personas se fueron del país en 2018. Se prevé que su población se reducirá de 61 millones en 2017 a 28 millones para fin de siglo.

Brasil ha experimentado una disminución dramática en las tasas de fertilidad en los últimos 40 años. El estudio proyecta que la población de Brasil pasará de 211 millones en 2017 a menos de 164 millones en 2100.

Irán experimentó un auge demográfico, después de la Revolución Islámica en 1979. Tras la implementación de una política de control de la población, recientemente el Ministerio de Salud advirtió que el crecimiento anual de la población ha caído por debajo del 1%.

China impuso la ley del hijo único en 1979, pero la abrupta caída de la natalidad en ese país significó una amenaza para su economía. Esto obligó al gobierno a aumentar la cuota a dos hijos. Los datos oficiales (2019) muestran que la tasa de natalidad ha caído a su nivel más bajo en 70 años. La población alcanzará un máximo de 1.400 millones en 2003, para luego reducirse a 732 millones en 2.100.

El escritor y periodista estadounidense Alan Weisman, autor de El mundo sin Nosotros, sugiere seguir el ejemplo de China y limitarse a un hijo por familia, como una alternativa preferible a la abstención de la reproducción. La medida se efectuaría mediante procedimientos legales y económicos, que obliguen a pagar multas y hacerse cargo del costo de los servicios sanitarios a quienes sobrepasan los límites marcados.

Pero, ¿conociendo ya los dudosos resultados de las soluciones humanas, no sería mejor dejar que la sabiduría de la Naturaleza decidiera?

 

Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.

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