Cultura/Educación

Serie Los Castrati: ¿Quiénes fueron los más famosos? Sus vidas (6)

Por Víctor Fernández.

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Carlo Broschi nació en Apulia, Italia, el 25 de enero de 1705, en una familia perteneciente a la baja nobleza, a diferencia de la mayoría de los castrati, que solían ser de origen humilde. Su padre, Salvatore, era compositor y maestro de capilla en la catedral de la ciudad. Su madre, Caterina Barrese, era oriunda de Nápoles. Probablemente recibió entrenamiento musical de su padre, y después del compositor y maestro de canto Nicola Porpora (1686-1768), de manera privada.

La familia Broschi se mudó a Nápoles en 1711. En 1712 Ricardo, el hermano mayor, entró en el Conservatorio de Sta. María di Loreto, donde se especializó en composición. Salvatore Broschi, el padre, murió el 4 de noviembre de 1717, a la corta edad de 36 años, lo que colocó a la familia en una situación económica difícil, de ahí que, presumiblemente, Ricardo haya tomado la decisión de hacer castrar a Carlo. Como se solía hacer, puesto que la castración estaba prohibida, se inventaba una excusa para llevar a cabo la “operación” que, en el caso de Farinelli, fue “que se había caído del caballo”. Tenía 12 años en ese momento, una edad bastante tardía para la castración. Su nombre artístico “Farinelli”, es una derivación del apellido Farina, dos hermanos que eran unos ricos abogados napolitanos, y fueron quienes patrocinaron sus estudios.

Bajo el tutelaje de Porpora el canto de Carlo progresó rápidamente. A la edad de 15 años debutó con la serenata de su maestro “Angelica e Medoro”, con libreto de Pietro Metastasio (1698-1792), quien llegaría a ser el libretista más famoso de su época; desde entonces se estableció una amistad entre ambos -libretista y cantante-, que duró toda la vida. Como los dos debutaron el mismo día, con frecuencia solían referirse el uno al otro como “mi querido gemelo”.

Farinelli se hizo famoso inmediatamente en toda Italia. En 1722 cantó en Roma la ópera de Porpora “Flavio Anicio Olibrio”, y el titular -un rol femenino- de la ópera “Sofonisba” de Luca Antonio Predieri (1688-1767). Todas sus presentaciones tuvieron mucho éxito. Según el crítico musical inglés Charles Burney “Farinelli cantaba un aria que incluía un obbligato de trompeta, que se convirtió en una competencia entre el cantante y el instrumentista. Farinelli superó al trompetista tanto en técnica como en ornamentación con tanto éxito que solo el clamor del público consiguió silenciar la voz del cantante”. (Aunque esta escena se reproduce en el filme biográfico, no está comprobado que haya sucedido pues no se encuentran registros en el repertorio de Farinelli de que exista un aria para soprano acompañada por trompeta).

Llegó a Viena en 1724 por invitación de Pio di Savoia, director del Teatro Imperial. La siguiente temporada cantó en Nápoles. En 1726 se presentó en Parma y Milán, donde le escuchó el compositor alemán Johann Joachim Quantz (1697-1773), quien comentó: “Farinelli tenía una penetrante, llena, rica, brillante y bien modulada voz de soprano… Su entonación era pura, sus trinos hermosos, su control de la respiración extraordinario, y su garganta muy ágil, lo que le permitía interpretar las piezas más difíciles con agilidad y gran facilidad. El pasaje y los melismas no eran complicaciones para él Improvisaba y ornamentaba con gran facilidad”. Quantz fue muy acertado al clasificar su voz como soprano, porque todo su repertorio así lo demuestra.

 En 1727 se presentó en Bolonia, allí conoció al famoso castrato, compositor, y maestro de canto, Antonio Bernacchi (1685-1756), quien le llevaba 20 años. Durante una representación de la ópera “Antígona”, de Giuseppe María Orlandini (1676-1760), en un dueto, Farinelli explayó toda la belleza de su voz y el refinamiento de su estilo, ejecutó numerosos pasajes con gran virtuosismo, y recibió una gran ovación. Impávido, Bernacchi repitió cada trino, cada modulación, cada cadencia con aún más exquisitez que su joven rival, además de agregar más florituras. Farinelli admitió su derrota y le suplicó a Bernacchi que lo instruyera. El maestro accedió.

 En 1728 cantó para el Emperador en Viena en la corte de Múnich. El año siguiente, durante el Carnaval de Venecia, cantó dos óperas con libreto de Metastasio, “Arbace” y “Cantone in Utica”, del compositor Leonardo Leo (1694-1744), además de “Semiramide Riconosciuta” de Porpora, en el Teatro San Giovanni Crisóstomo.

 Durante este período recibió inmensas sumas de dinero y honores, llegando a convertirse en un intérprete tan formidable que se dice que su rival y amigo, el castrato Gioacchino Conti, Gizziello (1714-1761), se desmayó una vez escuchándole cantar. George Friedrich Haendel estaba muy interesado en contratarle para su Royal Academy of Music de Londres, y trató infructuosamente de reunirse con él en Venecia en 1730.

Visitó Viena por tercera vez en 1731, donde cantó para Carlos VI, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1711-1740), quien le aconsejó -según el biógrafo del cantante, Giovenale Sacchi-, “que modificara su estilo y cantara de manera más sencilla y emocional”. Después de algunas presentaciones en Italia y Viena, en 1734 llegó a Londres.

En Londres se unió a la Opera of the Nobility, dirigida por su maestro Nicola Porpora, donde en ese momento era la estrella Francesco Bernardi, Senesino (1686-1758), quien antes había sido miembro de la Royal Academy of Music, dirigida por Haendel. La incorporación de Farinelli afectó la situación financiera de la compañía, que no había hecho una buena temporada 1733-1734.

Su primera aparición fue en el pasticcio “Artasese”, con música de su hermano Riccardo Broschi, y de Johann Adolph Hasse. El aria “Son qual nave”, de su hermano Riccardo, era una pieza para que Farinelli explayara todo su potencial. Es descrita por el crítico musical Charles Burney del siguiente modo: “Atacaba la primera nota con mucha delicadeza, para luego darle mucho volumen, y después disminuirlo con tal maestría que la gente le aplaudía durante cinco minutos enteros. A continuación, retomaba con tal agilidad y brillo que hacía difícil a los violines seguirle”.

Todos le adoraban, público y melómanos. El libretista Paolo Rolli, amigo cercano de Senesino escribió: “Farinelli me ha sorprendido tanto que siento como si antes hubiera escuchado solo una parte de la voz humana, y ahora ya la he escuchado toda. Además, Farinelli es amigable y tiene modales muy educados…”. Algunos fanáticos alcanzaban tal desenfreno que existe la leyenda de que una dama le gritó desde uno de los palcos “¡Un Dios, un Farinelli!”. Entre otras estrenó la ópera “Polifemo”, de Porpora, de la cual se han hecho varias grabaciones en los últimos años, y de donde sale el aria “Alto Giove”, que tan popular es actualmente.

A pesar de la rotundidad del éxito de Farinelli, la Opera of the Nobility no consiguió perpetuarse en el tiempo -tampoco la Royal Academy of Music de Haendel-. El salario de Farinelli era elevadísimo, y no era el único en cobrar tan altas sumas, lo que hacía que la compañía fuera insostenible a largo plazo. Durante este período, aún bajo contrato con la Opera of the Nobility, en el verano de 1737 recibió una invitación de la corte española.

Camino a Madrid se detuvo en París. Cantó en Versalles el 9 de julio, allí Luis XV le regaló su retrato engarzado en diamantes, y 500 luises de oro. Salió para Madrid el 15 de julio y llegó un mes después. La reina Isabel Farnesio (Parma, 1692- Aranjuez, 1766), le había invitado a la corte porque creía que la voz de Farinelli curaría la severa depresión del rey, Felipe V (1683 – 1746).

El plan de la reina funcionó. Farinelli cantó cinco arias desde la habitación contigua a la del rey, a la cuarta este se levantó de su cama, fue, y le dijo – ¿Qué quieres por cantarme así todas las noches? -Que su majestad se levante, se asee, y cumpla con sus deberes de monarca-. Al día siguiente el rey, después de años postrado, estaba de pie. Farinelli se convirtió en favorito de la casa real y adquirió gran influencia en la corte. La gratitud del monarca correspondió al sacrificio de Farinelli. Cancelaron su contrato con la Opera of the Nobility pagándole un salario correspondiente al que allí tenía, y le hicieron ministro, aunque Farinelli nunca usó ese poder. El 25 de agosto de 1737 fue nombrado Músico de Cámara y Sirviente de la Familia Real. Nunca más cantó en público. Se retiró a los 32 años. Hoy día sería el equivalente a que un astro de la música pop como era Michael Jackson, por ejemplo, se hubiese retirado para convertirse en el cantante privado de algún millonario. Vivió 22 años en España. Cada noche interpretaba, a petición del Rey, las mismas cuatro arias, durante 9 años. Farinelli a veces comenzaba a cantarle a la 1.00, otras a las 3.00, y en ocasiones continuaba hasta el amanecer.

Organizó los Festejos Reales en Aranjuez, con conciertos fluviales en el río Tajo, donde aparecían él y los músicos sobre barcazas. En alguno de esos festejos llegaron a participar el Rey y la Reina. Importó una compañía de ópera italiana al completo, y estableció la ópera seria en Madrid. Se hicieron modificaciones al Coliseo del Palacio Real del Buen Retiro para sus representaciones, convirtiéndose así en el único teatro de ópera de Madrid. En él se representaron suntuosamente una serie de óperas italianas de compositores como Francesco Corselli (Piacenza, Italia 1705- Madrid, 1778), Francesco Coradini (Nápoles, 1700 – Madrid, 1769), Giovanni Battista Mele (Nápoles 1701- 1752), Johann Adolph Hasse (1699-1783), Baldassare Galuppi (1706-1785), y Nicoló Jommelli (1714-1774).

Cuando Fernando VI (1713-1759) ascendió al trono, la influencia de Farinelli se hizo aún mayor. Fernando era un avezado músico, y su esposa Barbara de Braganza (1711-1758), también era muy melómana. La relación entre el cantante y la pareja real era cercana y personal. Cantaba duetos con la reina mientras el rey los acompañaba al clave. Farinelli se encargaba de los espectáculos y los entretenimientos de la corte. Le fue otorgada la Orden de Calatrava en 1750, un honor del que siempre se sintió muy orgulloso. A pesar de ser cortejado por muchos diplomáticos, Farinelli se mantuvo ajeno a la política.

En 1759 Fernando VI fue sucedido en el trono por su medio hermano Carlos III (1716-1788), quien no tenía mucho interés por la música. Carlos III era hijo de Isabel Farnesio quien nunca le había perdonado a Farinelli que permaneciera en la corte después de la muerte de su esposo Felipe V. Existe la leyenda -no comprobada historiográficamente-, de que Carlos III al respecto de Farinelli exclamó: “No me gustan los capones a mi mesa”. Farinelli tuvo que abandonar España. Le fue asignada una generosa pensión vitalicia.

Se retiró en Bolonia, donde en 1732 había adquirido una propiedad, inmensamente rico y famoso, aunque padecía de una fuerte depresión que le duró el resto de sus días. En Bolonia se dedicó a la poesía y la música. Algunas de sus composiciones sobreviven. Fue visitado por las más notables figuras locales, y por grandes personalidades como el célebre músico y teórico de Bolonia, Giovanni Battista Martini, “Padre Martini” (1706-1784), el compositor, musicólogo, organista y clavecinista inglés Charles Burney (1726-1814), el gran compositor alemán Gluck, Mozart (Farinelli tenía 65 años cuando se conocieron, le llevaba 51 al salzburgués, y sintió por él un verdadero afecto paternal), y el célebre Casanova, además de personajes de la realeza como la Electora de Sajonia, y José II del Sacro Imperio Romano Germánico (1741-1790). Tuvo una vejez muy solitaria porque sobrevivió a casi todos sus amigos. Mantuvo la correspondencia con “suo gemello” Metastasio hasta su muerte. Dejó instrucciones en su testamento, datado el 20 de febrero de 1782, para ser enterrado con su Orden de Calatrava en el cementerio de los Capuchinos del monasterio de Santa Croce en Bolonia.

Falleció el 16 de septiembre de 1782 a los 77 años.

Dejó un vasto patrimonio que incluía una gran colección de pinturas con obras de Velázquez, Murillo, y José de Rivera “Lo spagnoletto”; una colección de clavecines por la que sentía particular afecto, violines Stradivarius, y Amati. Su tumba fue destruida durante las Guerras Napoleónicas, pero en 1810 su sobrina-nieta Maria Carlotta Pisani hizo trasladar sus restos al cementerio de La Cartuja, en Bolonia. Su sobrino y heredero, Matteo Pisani, vendió la casa en 1798, que más tarde se convirtió en una fábrica de azúcar, y en 1949 fue demolida porque se había afectado mucho durante la Segunda Guerra Mundial. María Carlotta legó muchas de sus cartas a la Universidad de Bolonia.

Los restos de Farinelli se exhumaron para ser analizados el 12 de julio de 2002. Como su sobrina Maria Carlotta se había hecho enterrar junto con él, los huesos de Farinelli estuvieron amontonados en un rincón de la tumba durante más de 200 años y estaban muy dañados. La Orden la Cruz de Calatrava había desaparecido. Entre los huesos hallados se encontró la mandíbula, algunos dientes, partes de la calavera, y casi todos los huesos largos. La exhumación se llevó a cabo por gestiones del anticuario florentino Alberto Bruschi, y de Luigi Verdi, secretario del Centro de Estudios Farinelli. Se llegó a la conclusión que Farinelli tenía una estatura de 190 cm, y una enfermedad ósea en la parte frontal de la calavera que es comúnmente del sexo femenino, consistente en engrosamiento óseo, una consecuencia de la falta de hormonas masculinas producto de la castración posiblemente.

Curiosidades:

Existe una zarzuela de tres actos en verso titulada “Carlo Broschi”, de 1853, del director y compositor soriano Joaquín Espín y Guillén (1812-1881), con texto del escritor y jurista cubano, diputado en las cortes de Madrid, Teodoro Guerrero y Pallarés (Cuba 1824-Madrid 1904).

Agustin Eugène Scribe (París 1791-1861), autor de libretos que fueron musicalizados por Rossini, Auber, Meyerbeer, Boïldieu, Donizetti, y Verdi, escribió una novela titulada “Carlo Broschi”.

 

Discografía recomendada

Farinelli

Cecilia Bartoli

Il giardino armonico/ Givanni Antonini

Arias for Farinelli

Vivica Genaux

Akademie für Alte Musik. Berlin

Rene Jacobs

Caro gemelo

Farinelli and Metastasio

Valer Sabadus

Concerto Köln

Farinelli

Porpora arias

Jaroussky

Venice Baroque Orchestra

Andrea Marcon

Veni vidi vinci

Franco Fagioli

Il Pomo D’Oro

Zefira Valora

(Continuará…)

Víctor Fernández es escenógrafo y director de escena, historiador de la ópera, y galerista.

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