San Alberto: Una estrella en el firmamento cafetero

Por Gloria Chávez Vásquez

 

“Muchas cosas buenas han sucedido en la historia alrededor del café”

Juan Pablo Villota (caficultor colombiano)

 

Colombia es un país mimado por sus escritores y sus poetas. Sus científicos y deportistas le dedican sus triunfos. El mundo codicia su oro y esmeraldas y admira la variedad de su fauna y flora. Pero la gloria del sabor y el aroma se la ha dado la naturaleza en un producto: el café.

Esta semana, durante el VI Concurso Tierra de Diversidad, auspiciado por la Federación Nacional de Cafeteros, fueron los caficultores de Antioquia, Cauca, Cundinamarca y Norte de Santander los que se alzaron con el Premio a la Calidad. En la última etapa del concurso, que tendrá lugar el 14 de mayo, 26 cafeteros de regiones finalistas incluyendo Caldas, Magdalena, Meta, Quindío y Tolima, participaran en la subasta internacional donde se elige al mejor café por su acidez, cuerpo, suavidad, balance y carácter exótico. El concurso es la labor conjunta de la FNC, Almacafé y las cooperativas de caficultores colombianos.

La cultura cafetera en Colombia es una tradición de muchísimos años, que fue finalmente reconocida por la UNESCO en 2011. Se estima que medio millón de familias colombianas están envueltas en el cultivo y negocio del café. El refinamiento en el producto permite, desde hace algún tiempo, a los caficultores, como en la región del eje cafetero, auspiciar el turismo a sus plantaciones. De ese modo esperan educar en la calidad y diversidad de sabores a los consumidores de la bebida.

Uno de estos lugares privilegiados, está situado a 200 metros de la plaza central de Buenavista, un pequeño pueblo enclavado en la cordillera andina, en el departamento del Quindío. Una carretera, bordeada por cafetos, conduce a La Terraza San Alberto, donde, si la niebla mañanera lo permite, pueden apreciarse en la distancia, la infinitud del horizonte y la majestad y el verdor de las montañas. Es allí donde se saborea uno de los cafés más exquisitos del país y del mundo. No en balde fue escogido como el más exótico café de Colombia en 2017.

Y es aquí donde comienza la historia de una familia de caficultores que inició su affair con el grano en un gesto de amor filial.  En 1972 Gustavo Leyva Monroy compra una hacienda y la nombra “San Alberto”, en honor a su hijo fallecido en un accidente de aviación. Cuatro años más tarde adquiere la casa aledaña que se convierte en el centro de la hacienda. Cuando Gustavo muere en un accidente de automóvil en 1985, su esposa Melba se hace cargo y adquiere La Ponderosa, situada en un lote de mayor altitud.

Al fallecer su madre, Olga, la hija mayor y su esposo Eduardo, asumen el control y comienzan la renovación de la casa principal y los sitios de producción.  Para 2005 los cambios mejoran la calidad en el manejo de la tierra, el medio ambiente y las pautas de trabajo; siguiendo la visión de Eduardo Villota, se obtiene la certificación UTZ. A partir de entonces Juan Pablo y Gustavo, hijos de Olga y Eduardo crean el Grupo Kallpasapa (San Alberto Coffee) y añaden la finca El Paraíso a sus tierras. En 2009 abren la terraza y el laboratorio y al año siguiente, La Hacienda es certificada por la Rain Forest Alliance por sus prácticas agrícolas sostenibles. Ese mismo año comienza la exportación, destino a Corea del Sur. Como resultado del duro trabajo, la constancia, la paciencia y la creatividad de la familia, su producto comienza a cosechar premios:

Rusia reconoce la calidad del Café San Alberto y le otorga la Medalla de Oro como producto del año 2011 en el Moscow Food Fair. Es el primer café colombiano en recibirlo. Igualmente se convierte en el primer café colombiano en recibir el premio máximo iTQi Crystal Taste Award durante tres años consecutivos (2012-2014).  A este se le añade la Medalla de Oro del Monde Selection en Bordeaux, Francia.

Exclusivamente cultivado en la hacienda, la del café es una labor que los Villota Leyva han tomado con la devoción y el amor que solo da buenos resultados. Tal es su fe en el producto que han creado una variedad llamada Bautismo destinada a iniciar a los neófitos; la catación del café se equipara con la del vino y por ende los baristas son entrenados en el protocolo.

Debido a que Juan Pablo fue el creador de los “bautismos” de café, en el exterior le han endilgado el mote de Juan, el bautista. Es además el anfitrión en la hacienda, y atiende a los numerosos turistas interesados en la producción y el sabor del café. Tales bautismos incluyen un diario que detalla el proceso, desde la siembra hasta la colación y un estuche que incluye taza, cuchara medidora, tarjetas de olores, y un sobre que contiene un certificado como embajador del café y la cultura colombiana.

Y es que la experiencia de tomar el café en la misma finca que lo produce es muy satisfactoria para el consumidor. Durante la ceremonia virtual del pasado 25 de febrero, auspiciada por ProColombia, la Junta de Turismo colombiana para la industria de viaje de Canadá, Juan aseguró que “muchas cosas buenas han sucedido en la historia alrededor del café”. En sus presentaciones, Juan P. Villota enseña a los turistas la diferencia entre fragancia (la esencia del café cuando se seca) y aroma (como huele el café después de añadirle agua). Explica además que recoger manualmente el grano contribuye a la calidad del producto.

Inspirados por las famosas casas de té en el Japón, donde saborear la bebida se considera un ritual sagrado, Los Villota han abierto “templos”, en otras partes del país. Aparte de la Terraza en Buenavista, hay uno en el centro histórico de Cartagena, otro en Usaquén, Cundinamarca y en el Museo del Oro en Bogotá.

Para la familia Villota Leyva, San Alberto es un lugar mágico en medio de los cafetales que dan origen al 100% de los granos. Su portafolio de bebidas de café, clásicas, alternativas y modernas es extenso y su tarea es ambiciosa:  ofrecer un café de lujo cuyo sabor está íntimamente ligado a un suelo tan rico que provee un sabor e identidad únicos y en el que el artesano mezcla los sabores para crear uno nuevo. Como reconocimiento a su pasión y rigor en el proceso, San Alberto está catalogado, por la crítica internacional, como café gourmet por excelencia.

Gloria Chávez Vásquez es escritora y periodista colombiana.

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