Por Carlos Maniel Estefanía, productor y conductor de su revista hispana.
La noticia de que Radio Botkyrka se verá obligada a cesar sus emisiones tras las elecciones municipales de septiembre de 2026 ha causado una profunda tristeza entre quienes creemos en la importancia de los medios comunitarios como pilares de la democracia local, la diversidad cultural y la participación ciudadana.
Durante aproximadamente quince años he tenido el honor de producir y conducir Spanska Magasinet (El Magasin hispano), cuyo nombre alternativo en castellano es La Tertulia de Estocolmo, un programa dirigido a la comunidad hispanohablante de Botkyrka y de toda Suecia. Lo he hecho impulsado únicamente por la convicción de que la cultura, la información y el diálogo son herramientas fundamentales para construir una sociedad más cohesionada. Durante todos estos años he realizado dos programas semanales sin percibir una sola corona de remuneración. Mi trabajo, al igual que el de muchos colaboradores de la emisora, ha sido completamente voluntario y motivado exclusivamente por el deseo de aportar algo positivo a nuestra comunidad.
Spanska Magasinet ha funcionado como una auténtica revista cultural en formato radiofónico. A través de sus emisiones hemos acercado a nuestros oyentes la música, la historia, la literatura y la actualidad del mundo hispanohablante. También hemos explicado la realidad sueca a quienes llegaron desde otros países en busca de una nueva vida, contribuyendo así a su integración. Del mismo modo, muchos oyentes suecos han encontrado en el programa una oportunidad para mejorar sus conocimientos de español y descubrir la riqueza cultural de América Latina y España.
Especialmente valiosa ha sido nuestra edición de los sábados, en la que resumimos y comentamos las noticias más relevantes de Botkyrka y de Suecia. Gracias a este esfuerzo, numerosos inmigrantes hispanohablantes han podido comprender mejor la sociedad en la que viven y participar más activamente en ella. Esta labor de puente entre culturas y comunidades constituye una de las contribuciones más importantes que una radio local puede ofrecer.
Por eso resulta difícil comprender que un proyecto con semejante trayectoria y utilidad social pueda desaparecer simplemente por falta de apoyo económico. La desaparición de Radio Botkyrka no supondría únicamente el cierre de una emisora; representaría la pérdida de un espacio de encuentro, de debate y de participación ciudadana que durante años ha enriquecido la vida democrática y cultural de nuestro municipio.
Quiero expresar un reconocimiento especial a Leif Backström, cuya dedicación, liderazgo y capacidad para inspirar a otros han sido fundamentales para mantener viva esta iniciativa durante tantos años. Su carisma, su compromiso con el servicio público y su capacidad para reunir a personas de distintas procedencias alrededor de un proyecto común merecen el respeto y la gratitud de toda la comunidad. En una época en la que demasiadas actividades se evalúan únicamente por su rentabilidad económica, Leif ha demostrado que existen valores más importantes: la participación ciudadana, la libertad de expresión y la construcción de una sociedad más inclusiva.
Algunos argumentan que los grandes medios de comunicación ya cumplen suficientemente la función informativa. Sin embargo, esa visión pasa por alto una realidad esencial: la democracia se fortalece cuando existen múltiples voces y canales de expresión. Las radios comunitarias permiten que grupos que a menudo permanecen invisibles en los grandes medios puedan participar en la conversación pública, expresar sus preocupaciones y compartir sus experiencias. Son espacios de proximidad que ningún medio nacional puede reemplazar.
Radio Botkyrka ha sido precisamente eso durante más de una década: una plaza pública abierta a todos los ciudadanos, independientemente de su origen, idioma o condición social. Su desaparición significaría una reducción de la diversidad de voces presentes en nuestra esfera pública y, por tanto, un empobrecimiento de nuestra democracia local.
Los marineros saben que las tormentas son las que revelan el verdadero carácter de una tripulación. Hoy Radio Botkyrka navega por aguas difíciles, pero quienes hemos formado parte de este proyecto seguiremos firmes en cubierta. Continuaremos defendiendo, con todas nuestras fuerzas, una programación plural, independiente y de calidad, convencidos de que merece seguir existiendo. Lo hacemos porque creemos que la radio comunitaria no es un negocio ni un instrumento para obtener beneficios económicos. Es un servicio a la sociedad, una herramienta de integración, una escuela de ciudadanía y un vehículo de cultura.
Por ello hago un llamamiento a los responsables políticos, a las organizaciones culturales, a los medios de comunicación, a las asociaciones vecinales y a todos los ciudadanos comprometidos para que muestren su solidaridad con Radio Botkyrka y exploren todas las alternativas posibles que permitan garantizar su continuidad.
Invito también a quienes aún no conocen nuestra programación a escucharla antes de formarse una opinión. Los animo a sintonizar Radio Botkyrka en el 91.6 FM o a seguir sus emisiones a través de internet. Estoy convencido de que descubrirán una programación diversa, cercana y realizada con una dedicación extraordinaria por personas que trabajan sin ánimo de lucro y únicamente por el bien común. La calidad de Radio Botkyrka no es una afirmación vacía; es el resultado de años de esfuerzo voluntario y compromiso cívico.
Todavía estamos a tiempo de evitar que esta voz se apague. Una comunidad que pierde sus medios locales pierde también parte de su memoria, de su identidad y de su capacidad de diálogo. Por eso no estamos pidiendo un favor. Estamos reclamando el reconocimiento de una institución que durante años ha servido fielmente a los habitantes de Botkyrka.
La radio comunitaria no es un lujo. Es una necesidad democrática. Y Radio Botkyrka merece seguir viviendo.
Carlos M. Estefanía, disidente cubano radicado en Suecia.















