¿Qué es psicoterapia?

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Por Lucimey Lima Pérez.

El acto psicoterapéutico es una interacción “milagrosa” en términos concretos, no esotéricos. Algunas veces es exitosa y otras no tanto, hasta podría resultar desastrosa. Revolver lo interno es un gran reto para el cual no todos estamos preparados, incluso, aunque listos para buscar ayuda pueden ocurrir derrumbes espontáneos o provocados del YO. ¿Cómo saberlo? Pues como reto al fin es en el proceso de afrontación, puede que entendido, eso sí, perseverante. Es un contrato de envergadura.

La psicoterapia es un llamado al tratamiento por la palabra, lo cual me parece una descripción sucinta y limitante. Existe mucho más en la interacción, y de esta depende el resultado positivo. Con respeto y cautela señalo que hay muchos exabruptos, temores y resquebrajos ante un proceso que debería ser fluido y espontáneo, sin dejar de lado el gran embate que significa.

Psico viene del griego Psiche, espíritu, ser. Terapia es también de origen griego, creo que llover sobre mojado ayuda a secar… mejor, así es therapeutikos, el que atiende, el que cuida del otro. Pues si entrelazamos, la psicoterapia consiste en un proceso de cuidado y asistencia del espíritu del otro. Tremenda responsabilidad, mucho más en resguardo de la confidencialidad. Sin embargo, expertos en psicoterapia y me incluyo, consideran que el 50% de la responsabilidad en el cambio para el bienestar depende del afectado que consulta. Un 30% se relaciona con la interacción psicoterapéutica, la técnica, el “rapport”, la afinidad, tantos otros componentes que son parte de la humanidad de cada cual.

Sin duda, consiste en una interacción afectiva y empática, a la vez neutral. ¿Cómo se maneja? Pues con la experiencia, con la práctica, con la comprensión de los límites precisos, nada difícil para el experto, puede que complicado para el consultante hasta llegar al entendimiento del proceso, tan deseable.

El acto psicoterapéutico no juzga jamás, es consensuado entre el consultante y el profesional. Tiene un efecto sanador gracias a la neutralidad, la técnica y la empatía. Como interacción afectiva, tiene un papel sanador si bien es conducido y recibido. No hay misterio, es solo verdadera y sincera interacción.

Muchas veces enfrentar las adversidades nos hace ser más fuertes, aunque no lo concertemos con nosotros mismos, pero sucede, existe y ayuda. ¡La resiliencia! Espontanea muchas veces, inducida la mayoría.

Profundicemos. El concepto de resiliencia no desecha el estrés vivido, los sentimientos tristes, las pérdidas, ni los pensamientos negativos ante las adversidades, sino que es un desarrollo de la capacidad de fortalecerse frente a las dificultades y reprocesar las vivencias con entereza naturalmente desarrollada en el proceso terapéutico o en el propio yo que se desarma emocionalmente y se reconstituye con mayor fuerza.

Como aprendizaje, la psicoterapia amerita constancia, compromiso, acuerdo, no es un hecho aislado ni mucho menos puntual. El aprender en base a los eventos de vida puede ocurrir de varias maneras, cito tres posibilidades: i) solitario, sin retroalimentación ni refuerzo, lo que algunos llaman “escuela de la vida”; ii) acompañado por allegados que podrían ser también sufrientes, muy relevante como apoyo social propiamente dicho o familiar, pero sin los elementos que conforman las técnicas; iii) supervisado, con retroalimentación y muy particularmente mediante técnicas específicas, individualizadas y validadas.

Un psicoterapeuta bien entrenado ha ocupado el lugar de paciente dentro de su formación profesional. Si bien un cardiólogo no tiene por qué cursar con una cardiopatía, en el caso del psicoterapeuta las vivencias de su curso personal lo hacen un sujeto con emociones, pensamientos y acciones que siempre pueden ser redimensionadas. Las escuelas de psicoterapia con solidez académica exigen a sus estudiantes que sean pacientes también, es una parte del entrenamiento, lo cual aprecio y considero de utilidad ineludible.

De acuerdo con la literatura los procesos comunes en psicoterapia incluyen:

1-Ampliar la visión de sí mismo y del entorno, reconocer que el soporte social es necesario.

2-Recapitular eventos y conflictos para que se produzcan los cambios necesarios.

3-Establecer una relación sana, afectiva y efectiva, lo cual no resta las confrontaciones con el debido respeto.

4-Dar permiso para expresar y aceptar las emociones de cualquier índole.

5-Desarrollar visiones del presente y del futuro cercano.

6-Consolidar un concepto claro de lo que puede o no puede modificarse.

Dos aspectos cruciales adicionales son el pago del servicio, a menos que se trate de una organización financiada y la inclusión de dar consejo al paciente. De acuerdo con la literatura el acto de darle un precio monetario al acto terapéutico hace que el compromiso sea fortalecido, los honorarios varían y en ocasiones son simbólicos. Este último aspecto, “el consejo” se relaciona más con los llamados consejeros que con el acto psicoterapéutico. Existen escuelas muy directivas, cuyos fundamentos no comparto, pero que como proceso individual, algunos pacientes ameritan ser guiados por un profesional que comparta esa orientación y que la haya estudiado.

El consultante debería contar con la información necesaria para realizar una escogencia adecuada del tipo de psicoterapia que desea recibir. También existen análisis de compatibilidad o pareo entre las partes, paciente y psicoterapeuta.

El psicoterapeuta debe desarrollar habilidades y conductas para proteger sus propias vicisitudes, de otra manera no está en capacidad de ayudar a su semejante.

Hoy, cada vez más, se realizan consultas “online” y son tan reales como las físicamente posibles. Buenos deseos por el bienestar.

Lucimey Lima Pérezes Psiquiatra, Psicoterapeuta, Máster y PhD en Neuroquímica. Investigador Emérito del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).

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