Política

Por qué el comunismo no

Por Andrés Alburquerque.

El panorama cubano se ha hecho mucho más variopinto y de mayor espesor de lo que era unos años atrás. Hoy por hoy se puede hablar tranquilamente con amigos y parientes sobre las opciones ante nuestros ojos. Persiste, empero, la idea de que todo vale y que aquello que persigue el bien de todos los seres humanos debe ser considerado. Mi respuesta a esto es siempre la misma: “el comunismo no”.

¿Responde esta tenaz persistencia a la tozuda y rígida postura del intransigente, o a la certeza de que la toxicidad del comunismo no compagina en su genética y su trayectoria con ninguna opción factible de proyecto? La razón correcta es la segunda. Pero antes de despotricar contra el experimento más aberrante que la humanidad haya conocido hagamos justicia al manifestar que el “capitalismo” no es la panacea que muchos afirman y que no responde para nada a un proyecto humanitario y justo de felicidad para todos. Este sistema se basa en la acumulación de ganancias por parte de algunos que lo arriesgan todo o casi todo en aras de una vida de holgura y en última instancia de opulencia y plena satisfacción; lo que ocurre es que para lograr sus objetivos de enriquecimiento los más beneficiados requieren una atmósfera de paz, equilibrio y concordia social que como efecto secundario positivo crea la posibilidad potencial de que todos los demás protagonicemos nuestra propia versión de acumulación de capital; por supuesto una acumulación mucho más modesta y menos redentora pero acumulación al fin y al cabo. Imagínense que el llamado capitalismo consista en un individuo en extremo obeso que se lanza a la piscina mientras los demás estamos sentados en el borde de la misma. Inevitablemente resultaremos salpicados en mayor o menor grado y ese salpicar constante es lo que caracteriza al “capitalismo”. Habiendo despojado a nuestro sistema de todo vestigio de edulcoración y romanticismo resumamos la fundamentación expresando que en el capitalismo se puede vivir. Eso del bien para todos es una falacia; pero se crean posibilidades de bien para millones de personas.

El comunismo por su parte se apoya en la misma mentira del bienestar de todos, pero sobre la base de que no exista propiedad privada ni reglas que la refrenden y defiendan a capa y espada. Todo debe ser de todos y por consecuencia nada es de nadie y todos nos quedamos con un rotundo NADA. Pero contrario a lo que muchos en modo indulgente, o timorato o cómplice según el caso afirman, el fallo de comunismo no ocurre a priori; la imposibilidad de dar bienestar a la población no es un defecto de fábrica; el empobrecimiento de todos es parte del plan maquiavélico para alcanzar una igualdad en la miseria de la que todos tratan de escapar mostrando, al menos en apariencia, fidelidad y amor a la leyenda de la felicidad de todos. El comunismo es el modo más sangriento de despojar a pueblos enteros del acceso al poder y la riqueza y se sostiene a partir del control que la elite minoritaria ejerce sobre el resto de los seres humanos invocando una deidad inexistente. El comunismo no fue creado para traer abundancia sino para permitir que un puñado de individuos disfruten del poder absoluto que se crea cuando los medios de producción están en muy escasas manos que esgrimen el rígido andamio de la legalidad socialista para quedarse con todo. Es por ello que el comunismo(en realidad socialismo) goza de una primera etapa de logros mientras dilapida la riqueza dejada por el sistema anterior y cae al precipicio de la indigencia una vez que los recursos heredados/arrebatados se extinguen.

Un sistema basado en la igual no sería para todos no puede jamás ser permitido por las naciones; un sistema que donde quiera que ha llegado ha creado pobreza material y espiritual; persecución, inmovilidad y tristeza no puede permanecer en el grupo de opciones y variables de ningún proyecto social; un sistema basado en la dictadura de cierta clase sobre las demás no puede ser funcional; recordemos que los comunistas hablan abiertamente de dictadura del proletariado y no reparan en hacer correr ríos de sangre para mantener el perverso status quo. Al aceptar todo aquello que hable de bienestar para todos los seres humanos cometemos un error suicida que una y otra vez nos empuja hacia el callejón sin salida; debemos abandonar la estulta política de aceptar lo que nos dicen y empezar a verificar cada palabra y cada afirmación con vista de águila y celó de sabueso.

El comunismo no; no porque es violento, no porque es endeble y escaso, no porque incinera el espíritu y destruye el alma, no porque miente descaradamente y finge, no porque trae ignorancia y miedo, mucho miedo, el comunismo no porque no ha dado resultado en ningún sitio y aquellos escasos ejemplos de una cierta abundancia consisten en el abandono del sistema económico dejando en pie sólo el aspecto dictatorial. No porque pone a los pueblos de rodillas con mano extendida en espera de la proverbial limosna; el comunismo no porque crea pordioseros y mendigos con ínfulas de académicos; el comunismo no porque es impío y sádico; el comunismo no porque es la apología de la envidia y la sospecha; de la intriga y la injuria.

Andrés Alburquerque es cubano. Periodista y analista político, exiliado en Miami.

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