Por aquellos días de Danzig en Marianao

Por Julio César Soler Baró.

Cuando esto llegó al barrio, al barrio todo llegaba con dos y hasta con cinco años de retraso, hacíamos una sola comida en casa, una sola en todo el día: col y enormes frijoles carmín durante las dos últimas semanas de cada mes, a veces literalmente a diario. Recuerdo que un día mi madre al verme intentando comerme aquella monotonía vegetal me dijo apenada: mijo no te la tienes que comer si no te gusta – a lo que respondí tratando de no entristecerla más de lo que ya estaba: no mami, claro que me gusta, además: nada de colesterol.

Por aquel entonces un paquete de «Tupamarus», cigarrillos hechos en casa con colillas recicladas encontradas por donde quiera, costaba 50 pesos cubanos cruzando la Zanja de Marianao. El c.u.c no existía y UN dólar estaba a CIEN pesos de toda la vida… Entonces la gente se caía medio ciega, y yo, más de una vez, me llevé de por ahí y sin permiso un puñado de azúcar a la boca para no caerme también, y más de una vez, también, nos bajó la presión oyendo Rock ahogados en té de «Caña Santa» caliente con hojas de limón, de naranja o de toronja en la cantina de la Cleo del Pi, mientras el barrio a treinta y pico de grados Celsius ardía.

Danzig con un panecito a las cinco de la tarde, cena a las diez y pico u once de la noche para acostarse medio lleno… Después de pasar el cacheo policial apostado en la subidita del taller que creo aún hace la esquina de 100 y 51 en Marianao.

Me comía cualquier cosa, lo que apareciera. Un día me comí un par de no precisamente Psilocybe Cubensis, sino de no sé qué hongos, también Cubensis: que por poco me matan.
18 horas de terror absoluto. Tremendo vuele.

Mis únicos zapatos, un par de tenis de lona muy usados, ya con los años también muy feos con huecos en ambas suelas, que cuando llovía no había carátula de libreta que detuviera la ciudad, licuada, metiéndose por debajo de mis uñas.

Tengo mucho que agradecer a la moda Friki (1982-1984) luego vino la decadencia, la infiltración del Movimiento Friki, el patio de Castro administrado por la tal María, los frikis del pelito bien cortado, pulovitos de afuera, ojitos fosforescentes y peróxido de la shoping etc. etc. etc. La metatranca, Juan Blanco, Edesio Alejandro, la «Generación de los Topos» y un montón de gente que jamás juró bandera en el Camilo osando llamarse frikis…!

Por aquellos días de Danzig los dedos de mis pies eran negros y mi costumbre, muy privada, de cruzar las piernas al sentarme, dejaba ver los huecos en la suela de mis tenis tremendos. Un pantalón azul, uniforme de Cubana de Aviación, regalado,  dos camisas marca Yumurí y un pullóver azul que me trajo Lála cuando en el 92 vino de visita desde Venezuela.

¡Terribles aquellos días de Danzig en Marianao!

#JullArts🐓
Autor: Julio César Soler Baró, poeta y antropólogo cubano exiliado en Suecia.
Texto publicado por el autor en su libro:
«Mi Patria es y no es Cuba»

4 Comments

  1. Félix Antonio Rojas G

    Gran texto, friki 🤘🇨🇺🤘

  2. Juan Fernandez

    Triste pero cómico a la vez

  3. Y menos mal que te dio tiempo a salir para Suecia.

  4. Pingback: Por aquellos días de Danzig en Marianao – – Zoé Valdés

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