Pionero con pañoleta bicolor

Ya de pionero. Obra de Roberto Carril Bustamante

Por Roberto Carril Bustamante.

Pionero con pañoleta bicolor colgada de cualquier manera al gaznate, hojeando un cómic de superhéroe noctámbulo, lanzaba al villano hacia su mundo verde sapo, Matojo(1) nos instruía en el arte de como enfadar a nuestro padre o Elpidio(2) cargaba al machete contra un batallón, mordiendo al enemigo si su pierna se interponía. Respirando el poco aire que quedaba, repetíamos como monigotes orquestados con delgados hilos en todas las articulaciones y facciones para no dejar nada al libre albedrío, seremos como él, pero insistí y aún sostengo ser yo, y si no quedara más remedio tomaría el pendón familiar con fuerza, lo alzaría y reiría.

El inicio de la vida en el arte marcó nuestras sendas hacia un horizonte lleno de pasiones insospechadas. Cada mañana, con el trinar de gorriones sudorosos por la llegada del castigador sol, arribábamos a la escuela desde la guagua atestada de fauna autóctona, olorosa e irritada por el hacinamiento, como hordas sedientas preparadas para la contienda.

Ya en el matutino, nuestro director cabalgaba con el busto de Martí enriquecido por nuestros cinceles y pinceles, enarbolando la rasgada bandera para atraer la atención. Intentaba el concierto de nuestras voces, logrando un coro de Guanajos que despertaba de su letargo a todo un vecindario escandalizado.

El desplazamiento de la horda por los pasillos hacía temblar las paredes, los tornillos despedidos de sus agujeros presagiaban la llegada de los caballeros armados de sus útiles artísticos, se preparaban para el avistamiento de las damas colocadas a más altura, viendo su fresco interior pasearse, atormentando nuestras almas.

Dentro del recinto amurallado comenzaba nuestra preparación, pero no sin antes darnos alguna «estocada sana». La automutilación de nuestro mentor, su mano sangrando por el esfuerzo de atraer la atención de nuestras frágiles mentes. La guerra se reanudaba cuando nuestro maestro decidía, muy a su pesar, dejarnos solos con nuestras ensoñaciones, el lanzamiento de un lápiz o la entrada por la ventana de la mano enemiga armada con un palo de caoba, propinando al incauto un golpe maestro, desataban el desenfreno.

Un nuevo tiempo de asueto llegaba con el recreo, planeado de antemano por los jefes con suma inteligencia, carente de ella el resto del día. Para no ser víctimas teníamos que posicionarnos de espaldas a la pared agarrados como arañas, ¡pobre del incauto que osara atravesar el campo!, le asediarían con trampas y estocadas traicioneras. Si finalmente lograba sobrevivir a la lluvia de lanzas, estrellas y pedernales, y llegar al único baño, se perdería el resto de las clases, nadando en estiércol.

Al fin llegaba la clase de dibujo, donde los pechos de la modelo mulata tropezaban, uno con otro, causando fuegos de artificio en nuestras mentes adolescentes. Las trincheras se preparaban para la llegada de proyectiles de barro con un pestilente aroma, y las prácticas de artes marciales con las esculturas ajenas, saciando así nuestros más oscuros deseos.

Mulata. Obra de Roberto Carril Bustamante

Persistente era el calor que no dejaba planear con claridad la siguiente estrategia para la clase de grabado, con el famoso vuelo del taco entintado en negro, casi siempre aterrizando sobre alguna camisa de un blanco impoluto gracias al jabón Batey en las manos de nuestras madres. Las pinceladas locas imitando a Picasso o al maestro de turno, sorprendentemente resultaban ser merecedoras de una buena calificación.

Terminábamos el día rebosantes de conocimientos, nuestras armas de supervivencia en este mundo maravilloso de contaminación y guerras; dejando atrás las aulas con los profesores sonrientes, complacidos de lograr entretenernos y entrenarnos para el futuro, con la certeza de que la paz se instalaba en sus vidas hasta el día siguiente.

(1)Personaje creado por Manuel Lamar Cuervo (Lillo).

(2)Personaje creado por Juan Padrón.

Roberto Carril Bustamante es pintor y artista. Fragmento de un libro familiar titulado ‘El Cerdo Volador’.

Cerdito solo. Obra de Roberto Carril Bustamante

 

11 Comments

  1. Pingback: Pionero con pañoleta bicolor – – Zoé Valdés

  2. Juanita

    Me gusto, Pionero con pandereta bicolor. Relata muy peculiar y a la vez muy entretenido un dia en la escuela. Y la pintura como siempre muy bonita pero muy de él !!!! Bravo !!!!

  3. M.Lourdes San Andres vazquez

    Querido Roberto. Maravilloso escrito que relata con mucha ternura lo que fue vuestra niñez y adolescencia. Tu estabas en plástica y mis hijos en música. Pero a todos les corría por las venas.esa sangre de artistas heredada de vuestras madres que luchaba por imponerse. Como artista que eras tenias sueños e ilusiones. Y veías todo con toda la fantasía que llevabas contigo. Esa forma de ver y narrar tu adolescencia. Es tan bella como solo un artista como tu puedes ver y lograr. Me fascinó y emocionó tu obra. Por la cantidad de ilusiones que lleva consigo. Y ese cuadro maravilloso. Me gustan todos tus cuadros. No deja ver lo que dice. Ni dice lo que se deja ver. Felicidades artista maravilloso. Nunca pierdas esa forma de escribir. Ni de pintar
    ME FASCINA TU OBRA TODA

  4. Teresa Vidal

    Roberto Carril Bustamante, para mi Robertico, te conozco desde el mismo día en que naciste, fui testigo de tus primeros pasos de niño y al crecer de tus primeros pasos en el baile.
    Artista desde pequeño como tú amada madre Olga Bustamante. Sumamente orgullosa de tu éxito y de tu arte.
    Quiera Dios pronto nos podamos volver a ver.
    Te quiero mucho,
    Teremi ❤️

  5. Olga Bustamante

    Lo mejor que tiene mi hijo no es precisamente lo buen artista que es, sino que no esconde la verdad nunca, y eso lo hace ser mejor cada día.
    Gracias Zoé por existir, y gracias mi hijo por ser como eres.

  6. Excelente el dibujo y la crónica. Gracias.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*