Personalidad, rasgos y trastornos

El sueño de mi casa es particular. Obra de Walfrido Hau

Por Lucimey Lima Pérez.

Los trastornos de personalidad se caracterizan por un patrón establecido y duradero de vivencias internas y de conductas definidas que no se ajustan a lo esperado para el entorno cultural donde se desarrolla la persona, aunque puede estructurarse en base a situaciones emergentes del ambiente, incluso ligadas a su cultura. Se considera un trastorno mental porque ocasiona dificultades adaptativas, gran malestar y disfunciones globales. En pocas palabras, una persona es de tal o cual manera en su forma de pensar y de sentir, de conducirse individualmente y de interactuar, además, la condición de trastorno resulta en deterioro de su bienestar.

En niños hablamos de temperamento y se trata de una tendencia constitucional, de manera que el componente biológico se determina tempranamente, pero no la condición definitiva. Cuando se va constituyendo el ser hablamos de carácter, más relacionado con las influencias circundantes, lo cual podría ser sinónimo de personalidad.

La adolescencia y la adultez tempranas son los periodos críticos para la constitución de la personalidad, luego es obvio considerar la plasticidad de esas épocas de la vida, que son realmente una continuidad. Una vez establecida la personalidad, se mantiene estable en el tiempo. Sin embargo, pueden realizarse modificaciones saludables con el propio reconocimiento de las emociones y los pensamientos para modificar la conducta. El grado de intensidad y el tipo de trastorno hacen que el enfoque clínico y el resultado de las intervenciones sean variables para cada trastorno.

La personalidad, como un ente constitucional de nuestro YO se manifiesta mediante rasgos o atributos, sin llegar a la inclusión en los trastornos, lo cual implica estrés, malestar, disfunción. Todos los humanos tenemos rasgos típicos de personalidad que nos distinguen de otros y también nos asemejan sin llegar a ser idénticos.

La clasificación categórica de los trastornos de la personalidad indica que son clínicamente diferentes y que pueden ordenarse en tres grupos, conocidos como A, B y C. La prevalencia general es considerada 5.7% de la población y puede existir coexistencia de más de un trastorno. Esta agrupación es la siguiente: A) extraños, excéntricos, osados (1.5%). B) dramáticos, emocionales, erráticos, impredecibles (6%). C) ansiosos, inseguros, temerosos (9.1%). Existen diez trastornos de personalidad (DSM-4-TR, DSM-5). Al menos dos de los siguientes parámetros deben estar afectados para realizar el diagnóstico: i) manera de pensar sobre sí mismo y sobre otros; ii) peculiaridad en las respuestas emocionales; iii) características de las relaciones interpersonales; y iv) ineficiencia en el control de las conductas. El diagnóstico de un trastorno de personalidad amerita que el profesional de la salud mental observe por tiempo suficiente los patrones de funcionamiento de la persona posiblemente afectada.

La perspectiva dimensional (DSM-5), en contraposición con la categórica aun vigente, contempla que existen rasgos que asoman como formas de desajustes dentro de un rango de anormalidad. Este tópico sería un tema aparte que ilustraría la relativa nueva visión de la personalidad y los trastornos de la misma.

Los rasgos de personalidad son patrones establecidos de percibir, de pensar, de sentir, de relacionarse, que incluyen elementos individuales y ambientales. Generalmente no se apartan de la normalidad, pero cuando son indomables interfieren con el desempeño de la persona, causan disfunciones múltiples y generales, así como malestar, se traducen, entonces en un trastorno.

Una persona puede ser ordenada, persistente, en extremo puntual, rumiante en sus ideas, pero funciona bien, tiene capacidad adaptativa y bienestar emocional. Este es un ejemplo de un caso obsesivo, pero no de un trastorno obsesivo de la personalidad.

Destaco que nada de lo expuesto es estigmático, somos como somos, y tenemos la capacidad de modificar ciertas conductas que son deletéreas. Si se tratara de un trastorno o está en el camino de su constitución, la intervención temprana y adecuada atenúa el estrés negativo y modifica el actuar.

Lucimey Lima Pérez es Psiquiatra, Psicoterapeuta, Máster y PhD en Neuroquímica.

Walfrido Hau es pintor cubano exiliado.

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