Relato Mundial

Patriota

Por Zoé Valdés.

 

Cuando un héroe no busca estatuas, ni espera coronas de aplausos ni laureles, y nadie lo evoca, resulta casi mejor. Trabaja en la sombra, allí donde la noche es más densa y donde la patria necesita manos silenciosas.

Sean el hombre o la mujer que guarda la llama cuando parece extinguirse, que resiste cuando otros se rinden, que siembra libertad en el surco invisible de los días difíciles.

José Martí escribió sobre esos seres extraordinarios en Tres Héroes, en La Edad de Oro: “A todos: al héroe famoso, y al último soldado, que es un héroe desconocido.”

Y es verdad: muchas veces el héroe no lleva uniforme, ni ocupa los libros de historia, aunque los escriba con la parte más palpitante de su cuerpo. Camina entre nosotros, a nuestro lado, cargando sobre sus hombros el peso de un pueblo, hasta que la patria vuelva a respirar libre. Y no necesariamente tiene que estar allá, donde más pesa el sufrimiento.

Después, cuando la libertad despierta, resurge el patriota. No reclamará glorias, sino para invocar la verdad desde una punta a otra del planeta, como quien enciende faros sobre los mares, y lunas en vastos cielos. Su gesto de ponerse un dedo en los labios y ordenar silencios cruza fronteras, atraviesa la ternura y mi madrugada, y recuerda que ninguna causa justa puede ser enterrada mediante el vacío.

De esos hombres dijo Martí: “En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.”

Y junto a ellos marchan las mujeres cubanas, firmes como el mar que rodea la isla, tiernas y valientes a la vez. Víctor Hugo, en su carta A las mujeres de Cuba, les rindió homenaje con palabras de profunda admiración: “Me prosterno de rodillas ante vosotras y beso vuestros pies adoloridos.”

Por eso el héroe oculto, el patriota que proclama la verdad, y la mujer cubana que sostiene la esperanza, forman una misma bandera de dignidad.

Porque mientras exista un corazón dispuesto a servir a su patria, la libertad tendrá quien la defienda, la verdad tendrá quien la proclame.

 

Y al final, sobre la patria libre, quedará encendida una estrella,

En el corazón tembloroso de la bandera,

porque ningún sacrificio verdadero se pierde en la noche

Aunque la luna, o tal vez por la luna.

 

ZV.

 

 

 

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