MONTAGNIER

Por Alejandro Campoy.

Lo menos relevante en la muerte de Luc Montagnier son las extrañas posiciones que comenzó a adoptar hace tiempo sobre la industria farmacéutica y las terapias alternativas o, más recientemente, su postura acerca del origen del Sars-cov-2 o las vacunas. Sus futuros biógrafos irán arrojando luz sobre su vida, y otras investigaciones irán desvelando qué es lo que realmente ha estado ocurriendo en el mundo estos dos últimos años. Perdernos en conjeturas ahora sobre cuestiones que sólo se conocerán dentro de mucho tiempo no es más que una miserable pérdida de tiempo.

Lo realmente importante sobre la figura de Luc Montagnier fue su papel en la lucha contra el SIDA y el largo camino en busca de terapias que permitieran a los enfermos no sólo sobrevivir, sino hacerlo con un tipo de vida de cierta calidad. Y el relato más impresionante sobre aquella larga epopeya, aún inconclusa, nos lo dejó otro francés, casi coetáneo de Montagnier y por suerte aún vivo, el periodista Dominique Lapierre, autor de libros de imborrable memoria como ¡Oh Jerusalén! o La ciudad de la alegría. En este libro se narra de forma trepidante desde la aparición de los primeros casos, con los testimonios de los propios enfermos y los de los médicos que fueron enfrentándose a esta nueva y rara enfermedad, hasta las sucias guerras en los laboratorios más punteros de investigación biomédica, la pugna entre Robert Gallo y el propio Montagnier por la paternidad del descubrimiento del virus, y sobre todo y por encima de todo lo demás, el sinfín de historias profundamente humanas que se fueron entrelazando en torno a la nueva pandemia y un amplio catálogo de las mejores muestras de la grandeza humana cuando somos capaces de hacer frente juntos, hombro con hombro, a cualquier tipo de desastre de la clase que sea.

Un libro que, leído hoy, desde la perspectiva del tiempo, puede contribuir a serenar y a abrir horizontes de esperanza en un momento en el que no sólo hay un desánimo general a nivel mundial, sino que la pandemia ha dado motivos de enfrentamiento adicionales a los que ya padecíamos en todos los ámbitos. Ignoramos casi todo, no sabemos qué ha pasado, no sabemos que se ha estado haciendo, no conocemos los rostros de los responsables. Hay que aceptar, sin embargo, que pasará mucho tiempo antes de que puedan ir despejándose todas estas incertidumbres, y que algunas de ellas quizás no sean respondidas nunca. Depende de nosotros afrontar esos tiempos desde una postura constructiva y esperanzada o desde una postura de beligerancia, rebelión y enfrentamiento. Que cada palo aguante su vela.

Más grandes que el amor. Dominique Lapierre. Seix Barral. Planeta Libros.

Alejandro Campoy es español. Profesor de Historia en la Enseñanza Secundaria.

 

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