Mientras se asesina en Kabul, las neo feministas callan

Por Rachel Khan./Trad. Rodrigo Carrizo Couto & Zoé Valdés/ZoePost.

Hay gritos que piden ayuda, gritos que quieren ser escuchados a través del mundo. Son los gritos de las mujeres afganas: periodistas, jueces, médicos, artistas. Gritos impregnados de terror ante el régimen de los talibanes.

Pero, sin embargo, en Francia ciertas feministas aproximativas, llamadas “neo feministas”, no tienen ante estos gritos desesperados más que una respuesta: el silencio.

Las “descolonizadoras” y las “feministas interseccionales” parecen no estar ofendidas ni indignadas frente a lo que ocurre en Afganistán. Las que creen ser las únicas legítimas – las únicas “concernidas” – a la hora de luchar con las discriminaciones, que denuncian con grandilocuencia la dominación de “los machos blancos cisgénero de más de 50 años”, la invisibilidad de las mujeres, el colonialismo décadas después de la independencia o el “racismo sistémico” que sufren viviendo en un Estado de Derecho… no son capaces de tomar posiciones ante lo peor.

Pero este silencio no tiene nada de sorprendente si seguimos al pie de la letra los preceptos del feminismo interseccional y descolonizador, que aplaude los efectos positivos de las reuniones no mixtas al mismo tiempo que los talibanes construyen muros para separar hombres de mujeres. Totalmente obsesionadas con la dominación colonial, algunas de estas neo feministas celebran la llegada al poder de los talibanes y su islam radical. Pero olvidan que el budismo estaba presente en todo Afganistán – conviviendo junto al zoroastrismo – mucho antes de la conquista árabe. Entonces, ¿de qué colonización hablamos cuando vemos que los Budas de Bamiyán fueron destruidos por los talibanes en 2001?

Hay que notar la deshumanización que implican estos dogmas descolonizadores interseccionales, cuya única obsesión es alimentar teorías mórbidas para vengarse de Occidente. Es así que, ciertas neofeministas han llegado a comparar las reuniones de talibanes con las conferencias de prensa occidentales, pues no veían “gran diferencia en cuanto a la presencia de mujeres”. Una indecencia.

Pero, peor que el silencio, existen siempre los mismos métodos de intimidación malsana y de violencia con la intención de acallar a toda persona humanamente constituida que pudiera manifestarse frente a los crímenes sufridos por los afganos. De tal modo, para las neo feministas racialistas, las feministas universalistas harían mejor de quitarse los lentes de colonizadoras que ven a esas mujeres en burka, detrás de una rejilla, como víctimas de una dominación cuando en verdad ellas sólo están en su correspondiente rol ‘tradicional’. Entre la extrema izquierda y la extrema derecha, ese relativismo cultural acciona como una tenaza. Los afganos tienen sus tradiciones tribales, por lo que “eso no debiera incumbirnos”.

No obstante, en derecho internacional, existen normas dichas de jus cogens, reglas de derecho imperativo, que son erga omnes y heteronimias, lo que quiere decir que se imponen en todos los territorios del mundo y pueden permitir bajo título el derecho de injerencia. La jurisprudencia internacional prohíbe la esclavitud, la tortura, los tratamientos inhumanos y degradantes. La protección frente a estas atrocidades es una exigencia universal y fundamental. Es sobre ese fundamento que Emmanuel Macron ha recordado que ‘las mujeres afganas tienen el derecho de vivir en libertad y con dignidad’.

Bajo la mirada de nuestras humanidades relacionadas, hay un derecho, e incluso un deber de denunciar esas exacciones. La razón es sencilla, estamos “todas y todos” atañados por la humanidad. Y si la palabra pareciera insignificante frente a la amplitud del desastre, ella está pese a todo en el inicio de una consciencia mundial autorizando a la acción. Los gritos de esas mujeres resuenan en eso que tenemos de más universal y nadie podrá decir que no lo sabíamos.

Rachel Khan es escritora, jurista y actriz.

Pulse aquí para leer la fuente en Le Journal du Dimanche.

Nota de la Redacción: Ojo a cómo Khan aprueba y hasta reitera y subraya la intervención urgente en Afganistán, ¿la pediría para Cuba donde llevan 62 años humillándonos y matándonos de todas las formas posibles? Quisiéramos creer que probablemente sí.

 

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