Menú mundial: Guerras a la Carta por el Chef cocinero Joe Biden

La comida preferida del presidente de Estados Unidos Joe Biden es el barquillo de helado. Imagen Food & Wine

Por Zoé Valdés.

Cuando ya pensábamos que lo habíamos visto todo en Afganistán, ocurren dos atentados de espantosa envergadura en el aeropuerto y en un hotel donde se encontraban mayormente militares norteamericanos, los atentados son reivindicados por ISIS.

Tras el estruendoso revés de la OTAN con la retirada de las tropas norteamericanas de Afganistán, después de veinte años de infructuoso intento de recuperación de la independencia y su autodefensa, de un fracaso atronador de Estados Unidos, y del triunfo de los talibanes que representan una nueva etapa de oscuridad bajo la Ley de la Sharia, aparecen en el escenario los terroristas de DAESH. Todo bajo el mando en Estados Unidos del supuesto «pacifista» Joe Biden, un personaje nefasto que ya se sabía que no iría a ser capaz de gobernar ni a un piojo mongo.

El hecho es que el «pacifista» demócrata Joe Biden ha encendido más guerras que alentado a la paz, lo contrario a lo que hizo su predecesor Donald Trump que impidió toda posibilidad de guerra (quizás por eso lo tumbaron mediante fraude). Biden no es que haya avivado una guerra entre talibanes, afganos, norteamericanos y el resto del mundo, guerra perdida por los tres últimos, sino que ahora reincorpora y revive con su dejadez estúpida y su incordio permanente a un enemigo poderoso: ISIS (DAESH). Y, como siempre el senil presidente tiene que culpar al anterior de lo que ha provocado él solo bajo su mandato mediante las formas desorganizadas y caóticas que eligió para asumir la retirada de un ejército, sin respetar a ese mismo ejército, y sin recordar a las víctimas norteamericanas. Un desastre mayor. Pero, que culpe a Trump ya es habitual, como lengüetear o chuparse un helado, que es lo que más a menudo hace; y es lo que hacen todos.

El otro hecho, y el más importante, es que el «pacifista» tiene ya varias guerras abiertas a la Carta, y el Chef Cuisinier es él y no otro, porque es él quien está al mando, sin estar en condiciones ni merecer ese mando, que obtuvo gracias a un mentidero mundial y un fraude colosal.

Lo curioso es que los «pacifistas» de este planeta consideren normal estas guerras. Cualquier guerra la consideran normalísima, menos la que jamás ha ocurrido, por ejemplo, en Cuba, en contra del castro-comunismo, que ha sido y es tan letal y sombrío como la de esos «hermosos» talibanes de melena al viento y atuendos como para portada de Vogue y próxima pasarela de cualquier diseñador comemocos que se preste para los caprichos del último grito islamo-comunista.

Ahí tienen, los kubanoides que votaron por Joe Biden, que de «rojo» (color Republicano) tienen, como leí en uno de Facebook, «sólo las gafas». Y que votaron azul, el color del burro demócrata, el color del senil guerrerista, el color del zoquete pedófilo, sobador de niñas y mujeres, que ahora sólo brinda guerras en su pavoroso menú. Para la cocinera cubana de gafitas también azulitas, ojalá incorpore ese menucito a su libro de indigestiones cubanoamericanas, será un «delicioso» performance estomacal que sólo dará ganas de giñar. A ver qué le explicarán a sus hijos.

Cambiaron a Donald Trump, un titán, un patriota, por Joe Biden, un mequetrefe que conducirá a Estados Unidos a la ruina y a la capitulación frente a China y frente a los terroristas, como ya lo ha hecho frente a los sapingonautas castristas del Consejo de Estado en La Habana, quienes en lugar de recibir drones por el güiro, recibieron a Carlos Lazo, el puente de odio del cambio-fraude, que facilitará el paso a Black Lives Matter y compañía en su desempeño hacia la continuidad de esta nueva orientación ideológica que será el totalitarismo racial, sexual, y feminaxial en una isla que lo menos que necesita es aislarse todavía más… Claro, esto sucederá si es que el islamo-comunismo les deja, que eso sería ya otro cantar, digo, otro presunto conflicto provocado por el dúo en boga Biden como un Nitza Villapol espumadera en mano dirigiendo el futuro y Kamala semejante a una Margó, a su lado, siempre sonriente cual hiena en celo o en ira (con perdón de Margó). Será un gran espectáculo sin dudas, para el que ya reservé palco. Porque yo quiero ver ese encuentro «amistoso» entre talibanes y homosexuales y transexuales, ese encuentro «fraternal» entre talibanes y neo feministas, esa cumbre de «amor» racial entre los racistas talibanes y los afrodescendientes. Por supuesto que ese descabellado performance que pudiera firmar Tania Bruguera no me lo pierdo de ninguna forma.

Zoé Valdés es escritora y artista, exiliada. Fundadora y Directora General de ZoePost y de Libertad Prensa Foundation Corp. Fundadora y voz Delegada en el MRLM.

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