Me encabrono, amor, me encabrono y me encojono, amor, me encojono

Por Ángel Mendoza Camejo.


Cual Carilda, que se desordenaba, así estoy desde hace varios días viendo lo que sucede en Cuba, y no sólo y precisamente por las informaciones/videos de las revueltas callejeras, sino al enterarme de algunos aspectos relacionados con la actual marioneta del régimen, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, alias “cucharita”, porque ni pincha como tenedor ni corta como cuchillo, aunque sigue exhibiendo en su muñeca el reloj TAG Heuer cuyo precio es alrededor de mil quinientos dólares.

Media España incitando a nuestro gobierno del PSOE a que condene enérgicamente la actuación de las autoridades cubanas, mientras los alcaldes socialistas de Castropol (Asturias) desde hace años -y, ¡qué ¿casualidad?!, el nombre del pueblo comienza con “Castro…”- no se cansan de invitar al bisnieto de Francisco Díaz-Canel, que emigró desde allí a Cuba a fines del Siglo XIX, a que los visite.

El bisabuelo de Miguel Díaz-Canel formaba parte de una familia acomodada dedicada a la ganadería, por lo que su decisión de emigrar a Cuba respondió más a su espíritu emprendedor y de aventura que a motivos económicos. Francisco emigró a Cuba con otros cuatro hermanos, Ramón, José María, Jesús y Abelardo, pero éstos regresaron a España a principios del siglo XX, tras hacer fortuna con una fábrica de muebles, la Fábrica «La Perla», ubicada en el número 109 de la calle Galiano de la Habana, que obtuvo prestigio y fama, y tras el regreso de los cuatro hermanos a España quedó regentada por el bisabuelo Francisco. Miembros de la familia Díaz-Canel fueron directivos de la Casa de Castropol en La Habana, y Nemesio, otro de los descendientes, ejerció como reportero de deportes en Nueva York.

En fin, que pedigrí no te falta, Miguel; y aunque no he coincidido contigo de visita en casa de Dulce Mª Loynaz, ni nos hemos reunido en la CTC Nacional, como sucedió meses antes de los suicidios de Haydée Santamaría y luego de Osvaldo Dorticós, sólo espero que el haberme decidido a escribir esto sirva de gafe para que podamos leer dentro de unas semanas que te has pegado un tiro, o quizás te hagas morder por un áspid, que suena más cleopatrano, porque me da que tu “llevas en el alma la bayamesa”.

Ángel Mendoza Camejo es Ingeniero Químico y Freelancer.

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