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Cultura/Educación

Los miedos de la ignorancia

Por Gloria Chávez Vásquez.

 

Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender.

Marie Curie

 

El miedo es una emoción que surge de la inseguridad que da la falta de comprensión o entendimiento. No saber que hacer o cómo actuar cuando debemos tomar una decisión. Según la tradición hindú, la falta de entendimiento del mundo natural, en una humanidad temerosa e ignorante, dio origen a las religiones.

Confucio, uno de los iluminados guías de la cultura china, nos enseña que el conocimiento “es saber qué sabemos y también saber qué no sabemos”. Sócrates mismo reflexionaba antes de responder: “solo sé que nada sé”.

“No ocultes tu ignorancia; más bien descúbrela y ponle remedio,” le dijo un día a uno de sus estudiantes, el filósofo griego, Heráclito de Éfeso (540 a. C). Siglos más tarde, Séneca, instruía a Nerón, su pupilo (54 AD) advirtiéndole: “Para saber algo, no basta con haberlo aprendido.” Consejo que el déspota emperador desaprovechó, según los anales de la historia, quemando a Roma.

Pero en realidad lo que ha preocupado siempre a los pensadores es ¿cómo y por qué persiste la ignorancia?

Un ignorante es uno que va por la vida, dormido, creyendo que sus actos no tienen ninguna consecuencia. Leonardo da Vinci, figura excelsa del Renacimiento, se quejaba de que cuando una persona ignorante se expresa, alza demasiado la voz. Allá en Suecia, la Reina Cristina, mecenas de las artes y las ciencias, entendía que los ignorantes son aquellos que critican lo que no son capaces de hacer.

La ignorancia y el oscurantismo, en todos los tiempos, no han producido más que rebaños de esclavos para las tiranías. Nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de calamidad pública: la ignorancia y la debilidad, concluyó Simón Bolivar quien murió convencido de que un pueblo ignorante es el instrumento ciego de su propia destrucción.

Es un hecho, que el temor y la ignorancia son dos de los problemas con que ha debido lidiar el ser humano toda su vida. Condiciones que solo se pueden subsanar a punta de paciencia, conocimiento y el deseo de no repetir una y otra vez los errores.

¿Ignorancia o necedad?

Cuenta la leyenda que Salomón, pidió a Dios sabiduría para gobernar al pueblo de Israel con justicia. Eso no impidió que cometiera también muchas necedades. La lección que deja su memoria, es, que aquel que desee actuar con justicia, sentido común e inteligencia, debe aprender a conocer primero, el tamaño y la dinámica de su propia ignorancia.

En el siglo XV, la humanidad no acababa de entender la gravedad de los problemas creados por la ignorancia y los prejuiciados miedos de la gente. En el siglo XVI y a pesar de una supuesta edad de oro, las figuras de gran talento eran fieramente acosadas por la estupidez de los inquisidores. El astrónomo Galileo Galilei, lo dejó claramente estipulado: la ignorancia es la raíz de la maldad y de todos los vicios.

En la Inglaterra de William Shakespeare, se creía que, para ser feliz, lo mejor era la ignorancia en la amistad y en el amor. El ingenioso Miguel de Cervantes, quien se fue de este mundo el mismo día (23 de abril de 1616) que el autor de Hamlet, se percató de que leer y viajar son un gran remedio para la ignorancia.

A lo largo de toda la historia, los ignorantes han obstaculizado el conocimiento y el progreso. De ahí la mediocridad y que se hagan mal las cosas. La teoría de Robert Burton, erudito inglés, autor de Anatomía de la melancolía (1621) tuvo eco en el moralista y autor de Máximas (1665), el francés François de La Rochefoucauld, quien identificó tres clases de ignorantes: 1) El que no sabe lo que necesita saber, 2) El que sabe mal lo que sabe, y 3) El que sabe lo que no debe saber.

Cuando el saber y la razón hablan, la ignorancia y el error gritan, afirmaba el greco-italiano Arturo Graf autor de El Mito del paraíso terrenal (1878). Para ayudar a despejar un poco el miedo y la ignorancia en su época, Rudyard Kipling, premio Nobel en literatura (1907) nos recordó las seis preguntas básicas para llegar al conocimiento: cómo, cuándo, dónde, qué, quién y por qué.

Otro premio Nobel de literatura (1948) T. S. Eliot, llegó a la conclusión de que los seres humanos “No dejaremos de explorar y al final de nuestra búsqueda, llegaremos de nuevo a donde empezamos y conoceremos por primera vez el lugar”. Idea elaborada del proverbio “el ser humano es la única criatura que tropieza dos veces con la misma piedra”.

Trascender los temores y entender la ignorancia, fue para Albert Einstein, el camino a la solución de todo problema. El prodigioso físico alemán, que enunció entre otras, la teoría de la relatividad, confesó que, si no podía ilustrar una idea, es porque no la entendía. Cada día sabemos más y entendemos menos y, por tanto, lo importante no es cuánto se sabe, si no cuándo y cómo se aplica lo que se ha aprendido.

La bailarina estadounidense, Agnes George de Mille coreógrafa de musicales de Broadway como Rodeo (1942) y Oklahoma (1955), comparaba la vida con el arte de la danza. Para ella, el miedo y la ignorancia en el artista se subliman en el instinto o la intuición. Un ser intuitivo, es profundamente coherente, y sabe cuándo actuar lógicamente y cuando no. El artista nunca sabe por completo, sino que adivina, mientras da salto tras salto en la oscuridad.

Cuanto menos sabe una persona, más son los riesgos de creer cualquier cosa, incluyendo las mentiras. Los temores existenciales se disipan cuando el que habla tiene el conocimiento y quienes escuchan, saben escuchar.

Es más fácil para un ignorante, criticar a otros por lo que hacen, que reconocer que no entiende o no puede hacer lo que otros si pueden. Reconocer que uno no sabe o no entiende algo, es el primer síntoma de inteligencia y el primer paso para dejar de ser ignorante.

De acuerdo con el novelista Anatole France la vida nos enseña que no podemos ser felices sino al precio de una cierta ignorancia, enunciado que rebate don Miguel de Unamuno definiendo como un ignorante ilustrado a quien “mucho sabe, pero poco aplica”.

Como decía el rey filósofo, Federico el Grande, allá por los 1700s, “Conocimientos puede tenerlos cualquiera, pero el arte de pensar es el regalo más escaso de la naturaleza”.

Es imposible llegar a saberlo todo, pero si es posible aprender lo necesario para tomar las mejores decisiones. En la toma de decisiones la paciencia es muy importante porque las acciones impulsivas y desinformadas la gran mayoría de las veces generan efectos fatales.

Pero la motivación más importante para dejar atrás la ignorancia es saber que el temor y los miedos disminuyen a medida que se adquiere la certeza del conocimiento.

 

Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.

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