La Habana y la independencia de Estados Unidos

 

Por Andrés R. Rodríguez.

La conexión española y cubana con la independencia de Estados Unidos es poco conocida.

La guerra de independencia de las 13 Colonias inglesas culminó en 1776 con la Declaración de Independencia. El papel de Francia en la ayuda a las tropas de George Washington en la Guerra de independencia es ampliamente sabido. Francia reconoció formalmente a los Estados Unidos con el Tratado de Alianza, firmado en febrero de 1778. Poco después Gran Bretaña declaró la guerra a Francia. España entró en la guerra en 1779.

En esta guerra el rey español también intervino de manera activa, con el fin de afectar a su archienemiga Inglaterra. Eso explica las acciones de las autoridades bajo su orden y las de la población de La Habana. Tanto la corona, el ejército, como la población española limítrofe se inmiscuyeron en el conflicto.

La Habana y sus ciudadanos estuvieron muy profundamente implicados en la guerra de independencia de las XIII colonias británicas en el atlántico norteamericano. Los cubanos empatizaban con los colonos estadounidenses porque ambos eran gente del Nuevo Mundo. Los habitantes de Cuba apoyaron ciegamente la causa de la libertad estadounidense.

Carlos III, entonces rey de España, ordenó directamente a las autoridades y a la población de La Habana que se involucraran en el apoyo activo a las tropas del General Washington. Entre otras acciones, aprobó entregar dinero (primero 2 millones de libras tornesas) y materiales (uniformes, pólvora, cañones, pistolas, balas) al General Washington desde Europa, La Habana y New Orleans. Igualmente autorizó el libre comercio entre Cuba y las Colonias sublevadas en el Norte. (Aunque antes ya había cierto  contrabandando con pequeñas embarcaciones, goletas). Es decir, derogó el monopolio en su reino que hasta ese momento sólo permitía comerciar con Cádiz.

El apoyo y la financiación de España y sus colonias fueron decisivos para mantener al Ejército Continental, que generalmente operaba en la peor situación financiera. Ahora sabemos que la inyección de efectivo en monedas de plata españolas, recogidas tan rápidamente en La Habana, permitió a Washington abastecer a su ejército justo antes de la batalla. Antes de partir para la batalla, en Elkton, Maryland, el 8 de septiembre de 1781, el ejército continental fue de hecho pagado con estas preciosas monedas de plata. Esto podría haber cambiado el curso de la historia.

El enviado especial del rey, Saavedra, no tenía fondos en la mano, pero inmediatamente recogió en La Habana el dinero necesario (primero 500.000 pesos de plata, más tarde 1 millón en moneda de plata de México) como regalo o préstamo al rey de banqueros, comerciantes y ricos tabacaleros, así como de la Marquesa de Cárdenas. Todos los fondos fueron autorizados por José de Gálvez, ministro del Consejo de Indias. El almirante de Grasse, que comandaba una flota francesa en el Caribe con rumbo a Norteamérica, llegó a Cuba y transportó el dinero hacia el Norte. Estando en la bahía de Matanzas, Cuba, envió una fragata francesa a La Habana y sin demora la reenvió hacia el Norte. Por otro lado, la Armada Española protegía las posesiones francesas en el Caribe, ello permitió a la flota De Grasse llegar con la ayuda monetaria y transferir 5.000 soldados para ayudar en el asedio y bloqueo naval de Yorktown. En ese momento Washington y los 6000 soldados franceses del conde Rochambeut, necesitaban urgentemente dinero para sus soldados malamente vestidos, descalzos y hambrientos.

Gracias al comercio libre la economía de la isla de Cuba creció y se modernizó vertiginosamente y solidificó al emprendimiento de los cubanos. El país nunca volvió al ritmo social anterior, centralizado y feudal. Esto se vio reforzado más tarde (alrededor de 1805) por la destrucción de Saint Domingue (Revolución de Haití) como primer productor de azúcar del mundo. Subieron los precios del azúcar y el café y los hacendados criollos aumentaron su poder. La Habana brillaba económicamente entonces.

La isla caribeña recibe en esa epoca algunos empresarios del norte que invierten en la industria azucarera, dado el rápido crecimiento de la caña de azúcar en la latitud de Cuba. Los precios del azúcar y el café subieron. Los terratenientes cubanos, tanto extranjeros como criollos, aumentaron enormente su poder económico, supliendo el creciente mercado de la enorme nación emergente. Durante el siglo XIX algunas de las mayores fortunas mundiales vivían en La Habana.

La ayuda española y de sus colonias, durante la Guerra de Independencia, fue dirigida por Don Bernardo de Gálvez, el Gobernador español en Nueva Orleans del Territorio de Luisiana. Gálvez era el comandante de todas las fuerzas españolas, incluidos los aliados franceses y su marina. Liberó a la flota bajo su mando de sus obligaciones en las Indias Occidentales y dio las órdenes de navegar hacia el norte y bloquear Yorktown. La superioridad naval franco-española permitió diseñar una estrategia que bloqueó y derrotó a la Royal Navy y les impidió llegar a las colonias con refuerzos y suministros.

La batalla de Yorktown fue un asedio de tres semanas del ejército británico con fuerzas terrestres y navales que viajaron desde Cuba. Los aliados de las 13 colonias  Francia y España jugaron ese papel enorme entonces. Es reconocido como decisivo en la victoria estadounidense durante la Guerra de la Independencia. Debido a que los británicos perdieron esta batalla el Tratado de París se firmó el 3 de septiembre de 1783.

Gracias al contrabando y luego mediante el libre comercio con las 13th colonias británicas, la economía de la isla creció muy rápidamente. La isla caribeña nunca vuelve al ritmo colonial, cuasifeudal. Esto se vio reforzado (a partir de 1805) por la destrucción de Saint Domingue (Haití) como primer productor mundial de azúcar. Los precios del azúcar y el café subieron, y los terratenientes criollos cubanos aumentaron su poder. Durante el siglo XIX algunas de las mayores fortunas del mundo vivían en La Habana, que brilló económica y culturalmente entonces. Eso explica que en el siglo XX  la ciudad se convirtió en un lugar especial para los estadounidenses y con su empuje el país no era solo agrario, sino agroindustrial, importando con numerosas innovaciones tecnológicas que provenían de su vecino norteño.

 

HISTORIA DE LA HABANA EN UN VISTAZO

 

San Cristóbal de la Habana, fundada en 1519, emergió en el Caribe colonial hispano como una ciudad luz, pujante, emprendedora. Ello gracias a su excelente puerto de bolsa y a su posición estratégica besando la Corriente del Golfo. Iniciada como magro asentamiento de chozas, pasó a ser gran ciudad, la principal base naval española en el mundo de entonces. En 1553 devino la capital de la isla. En los S. XVI y comienzos del XVII fue merodeada o sitiada en varias ocasiones por piratas franceses, holandeses, ingleses, lo cual catalizó la construcción de defensas, incluidas masivas murallas. Su ocupación por tropas inglesas en 1762 elevó la valoración del rey y luego de cambiarla por La Florida, su sistema de fortificaciones fue llevado a máximos niveles. La Habana pareció al fin ser el puerto mejor protegido de la América española, pero a partir de 1810 hispanoamérica se desmembró y el puerto dejó de ser sitio de paso obligado del monopólico comercio hispano. La ciudad, como toda Cuba, permaneció como parte de España hasta 1898, tal vez por su riqueza edificada, su tradición de plaza sitiada y por la militarización extrema de Cuba. Luego pareció cambiar su rumbo al ser ocupada por tropas de su vecino del norte, EEUU. Tal vez los bandazos sociales sean su destino como cabeza de una isla de extensión semicontinental, ubicada en la frontera anglo-hispana y trópico-subtrópico: debe marchar desfasada o a contrapelo de las tendencias sociopolíticas circundantes. Todo lo anterior aporta sabor, autenticidad y exotismo a la cultura citadina habanera. Su arquitectura atesora edificaciones de gran impacto visual y cultural como el Castillo del Morro, el Palacio del Segundo Cabo, el Palacio de los Capitanes Generales o el Capitolio.  El “París del Caribe”, urbe marinera, fue fundado con vocación de refugio, creativa, hospitalaria, descentrada y cosmopolita. En la medida que el sudor se ha transformado en piedra y argamasa, surgió un modo de ser local abierto al mundo, esa vocación especial de los Havana people, los habaneros, de ser buenos anfitriones. En sus mástiles ondearon orondas las banderas española, inglesa, norteamericana y cubana. La cubanidad toda se construyó pivoteando en la habanidad, eso que se prefiguró en una misa en el Templete en 1519. Tal vez más que nacionalidad, es mundialidad lo que las viejas piedras de la Habana resuman, lloran, gritan.

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Andres R. Rodríguez es Científico, Biólogo. Investigador premiado con varios libros editados, entre los que se encuentran: «Lista de Nombres comunes y científicos de peces marinos cubanos (Nomenclator)» (1984, CIP, 82 pp); «Breve Diccionario de Biología Pesquera” (Mar y Pesca, 1986-1987 80pp), «Peces marinos importantes de Cuba» (1987, Ed. Científico-Técnica, 236 pp), “Ecología Actual, Conceptos Fundamentales” (2000, UdO, 134 pp.), “Maritime Dictionary-Diccionario Marítimo (Eng-Spa)” (2009, Ed. Myths and Books, 400 pp) ¨Fábulas vivas¨ (Amazon/Alexandria Library, 2015), «Colonial Havana˗Trinidad” (2018, Amazon/Ed. Alexandria 150 pp), «Havana 500 Anniversary” (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 120 pp). ), «Destellos al Alba” (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 120 pp, Ensayo). «Caribbean Touristic Dictionary” (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 165 pp), «Ecologia para Ecotourismo» (2020, Amazon/Ed. Myths and Books 380 pp), «La Verdad es llama” (2020, Amazon/Ed. Myths and Books 180 pp) En preparación: «Caribbean Ecotourism and Submarinism Eng-Spa”, «Ecotourism Multilingual Dictionary”, «Diccionario de Biología Pesquera”. Ha sido finalista en los concursos literarios “Historias sobre la Historia”. Silva Editorial (2006, Barcelona.) y Premio Orola con “Tacto”, (2009, Madrid). Actualmente es hombre de negocios, consultor de pesca, turismo, medioambiente, periodista freelance.

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