Cultura/Educación, Economía

EP. Omar Sixto, empresario cubanoamericano: “La solución para Cuba no es una invasión, sino una ‘toma humanitaria’ de la isla”

Por Silvia Blanco/El País.

Aunque el empresario cubanoamericano Omar Sixto (La Habana, 57 años) dejó la isla hace 30 años y se instaló primero en Madrid, para proseguir sus estudios en Historia, y después en Estados Unidos, mantiene un vínculo emocional e intelectual con Cuba. Hace unos meses publicó el ensayo Se acabó la diversión. La economía cubana: el salto del capitalismo al socialismo (1959-1965), un retrato pormenorizado de cómo se tomaron decisiones de gran calado –expropiaciones, nacionalización, abandono de instituciones financieras internacionales– y con mucha rapidez, y que llevó a Cuba a integrarse en el sistema de producción soviético hasta la caída de la URSS.

Para Sixto, en ese periodo se gestó “el fracaso” que se vive hoy. Como tantos exiliados en Florida, en Estados Unidos, ve con una mezcla de pena e indignación lo que sucede en la otra orilla, con un país al borde del colapso en el que, desde enero, solo ha entrado un barco ruso con combustible debido al cerco petrolero impuesto por el presidente estadounidense, Donald Trump. El germen de este libro está en sus años de estudiante de Historia en La Habana, en plena perestroika, donde investigar sobre la economía “estaba casi prohibido”.

Aunque es su empresa de ropa militar y material táctico la que “pone el pan en la mesa”, Sixto ve en este libro su “granito de arena para que por fin, algún día, los cubanos de la isla regresen a la civilización”, cuenta durante esta entrevista por videollamada desde Miami. También está conectado con la recién creada Cámara de Comercio Cubanoamericana, que trata de buscar capital para ayudar a los cubanos dentro de la isla, como asesor externo. “No será definitiva, eso será en Cuba”, afirma él, que no está vinculado a ningún partido. “Si uno se va a involucrar en un grupo con respecto a Cuba, tiene que ser en Cuba, no desde aquí”, dice. En su opinión, es necesaria una “toma humanitaria” de Cuba para llevar infraestructuras básicas y se muestra decepcionado con la “inacción” de Trump, ya que teme que acabe pactando con el régimen.

Pregunta. ¿Por qué se centra en esos seis primeros años de la Revolución?

Respuesta. Era una economía dependiente de Estados Unidos como lo eran casi todas las del mundo, como lo es hoy la de México. Es una vulnerabilidad que tienen, pero no es algo intrínsecamente malo. A partir del 1 de enero de 1959, Fidel Castro no cambió las reglas del juego, cambió completamente el juego. Y eso se gesta en esos años. Lo dejo en 1965 porque empieza el ocaso del importante papel que tuvo Ernesto Guevara en la destrucción de la economía. En 1959, lo primero que Fidel Castro y su grupo buscaban era consolidarse en el poder. Para eso tenían que quitarle el poder económico a la clase que se les enfrentaría, y eso hicieron. Primero les quitaron las propiedades a los ricos, luego le quitaron el dinero a todo el mundo. En 1960 hacen las primeras confiscaciones masivas al capital estadounidense, a los bancos, y luego empiezan con los cubanos. Cambió todo, de un país feliz, bailador, que tocaba música, en dos años estaba uniformado y marchando, y en tres años estaba con armas nucleares llevando al mundo al borde de la guerra nuclear. Fue un cambio radical en muy pocos años.

P. ¿Un país feliz? En el libro se constatan las desigualdades enormes que había y el apoyo masivo que tuvo la Revolución.

R. Cuando mueves a una sociedad a un estado de ánimo, se hace una ola: todo el mundo quería un cambio en Cuba. La economía estaba mucho mejor que la de España, los españoles seguían emigrando a Cuba. Tenía problemas y había sufrimiento, como en todos los países. Digo que era un país feliz porque funcionaba. Digo feliz si lo comparo con la situación que después vivieron los cubanos, porque aunque estuviera la dictadura de [Fulgencio] Batista, era bastante blanda, no tenía una política estructurada de represión pareja [a la del castrismo]. Las únicas bombas que explotaban en los cines, en los teatros y restaurantes las ponía la gente de Fidel Castro.

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