EDITO

EL SEPTEMBRISMO Y EL HOMBRE DE CUBA: la revolución que cambió para siempre la política cubana.

Por Zoé Valdés.

 

El 4 de septiembre de 1933 es una fecha que vibra en la historia de Cuba como un terremoto político. Ese día, un grupo de sargentos, cabos y soldados, hartos de la estructura jerárquica del ejército y del caos nacional tras la caída de Gerardo Machado, protagonizó un levantamiento que transformó la isla. Aquel episodio, conocido como la Revolución de los Sargentos, dio origen al septembrismo, un movimiento político-militar que redefinió el poder en Cuba y catapultó a un joven taquígrafo del ejército, Fulgencio Batista y Zaldívar, al centro de la vida pública.

 

El septembrismo no fue un golpe militar: fue una ruptura generacional, un desafío a las élites políticas tradicionales y un experimento de poder compartido entre militares y estudiantes. Su impacto se extendió durante décadas, marcando el inicio de la larga luz con sus sombras de Batista sobre la República.

 

El país en crisis: Machado, la depresión y el vacío de poder

 

Para comprender el septembrismo, hay que mirar el contexto. Cuba vivía una tormenta perfecta:

 

  • La Gran Depresión había devastado la economía.
  • Las políticas autoritarias de Gerardo Machado habían generado una oposición feroz.
  • El Directorio Estudiantil Universitario y los sindicatos protagonizaban huelgas y protestas masivas.

 

Machado cayó el 12 de agosto de 1933, marchándose al exilio. En su lugar quedó un gobierno provisional encabezado por Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, pero su administración nació débil, cuestionada por estudiantes, obreros y por sectores del propio ejército que lo consideraban demasiado cercano a los intereses estadounidenses.

 

El ejército, desprestigiado por su papel en la dictadura de Machado, vivía tensiones internas: oficiales mayores ligados al viejo régimen y oficiales jóvenes que exigían reformas. En ese ambiente, los sargentos —un grupo intermedio, sin poder real pero con influencia en las tropas— comenzaron a organizarse.

 

El Campamento Columbia: donde nació la conspiración

 

El epicentro del septembrismo fue el Campamento Columbia, en La Habana. Allí, un grupo de sargentos formó la llamada Unión Militar de Columbia, un núcleo conspirativo que buscaba depurar el ejército, ascender a los rangos superiores y participar en la reorganización del país.

 

Entre ellos destacaba un joven de origen humilde, disciplinado, inteligente y con gran habilidad para la escritura taquigráfica: Fulgencio Batista y Zaldívar. Batista había trabajado como taquígrafo en los juicios contra estudiantes durante la lucha contra Machado, lo que le permitió establecer vínculos con el Directorio Estudiantil.

 

Ese puente entre militares y estudiantes sería decisivo.

 

 

El 4 de septiembre: el día en que los sargentos tomaron el poder

 

La chispa final fue una orden del gobierno provisional que restringía ascensos y reducía salarios en el ejército. Los sargentos se rebelaron, arrestaron a numerosos oficiales y tomaron el control de Columbia. Invitaron al Directorio Estudiantil a reunirse con ellos. Cuando los estudiantes llegaron, la disciplina militar había colapsado: los sargentos mandaban.

 

Ese mismo día, 4 de septiembre de 1933, los militares y los estudiantes acordaron derrocar a Céspedes. El presidente entregó el poder sin resistencia. Se formó entonces una Pentarquía, un gobierno provisional de cinco miembros que representaba una alianza inédita entre civiles y militares.

 

La Pentarquía duró apenas cinco días, pero su existencia simbolizó el nacimiento del septembrismo: un movimiento que defendía la legitimidad  de determinación y revolucionaria de los sargentos y su derecho a dirigir la nación.

 

Batista: de sargento taquígrafo a jefe del ejército

 

Tras la caída de la Pentarquía, el poder pasó a manos del Dr. Ramón Grau San Martín, quien encabezó el llamado Gobierno de los Cien Días. Pero la figura clave del nuevo orden era Batista.

 

El joven sargento fue ascendido a jefe de las fuerzas armadas, convirtiéndose en el árbitro de la política cubana. Su ascenso fue meteórico: en pocos meses pasó de ser un subalterno sin rango a coronel y líder militar indiscutible.

 

Batista representaba algo nuevo:

 

  • No era parte de la vieja élite militar.
  • No pertenecía a los partidos tradicionales.
  • No tenía formación académica superior, siendo autodidacta y su formación era sólida.

 

 

Su poder se basaba en la lealtad de las tropas y en su habilidad para negociar con estudiantes, políticos y diplomáticos estadounidenses.

 

Los generales y la reconfiguración del ejército

 

La Revolución de los Sargentos implicó una purga masiva de oficiales vinculados al machadato. Muchos generales fueron destituidos, arrestados o enviados al retiro. En su lugar, los sargentos ascendieron rápidamente, creando una nueva jerarquía militar basada en la lealtad al movimiento septembrista.

 

Este proceso tuvo consecuencias profundas:

 

  • El ejército dejó de ser una institución profesional y se convirtió en un actor político (en la actualidad no es ni lo uno ni lo otro).
  • Los ascensos acelerados generaron tensiones internas y rivalidades.
  • La autoridad militar quedó concentrada en Batista, quien supo manejar enérgica y cuidadosamente las facciones.

 

 

El septembrismo, en esencia, fue una revolución dentro del ejército.

 

El legado del septembrismo

 

El septembrismo marcó el inicio de una nueva etapa en la historia republicana de Cuba. Sus efectos fueron duraderos:

 

  1. Militarización en parte de la política, lo que era necesario

Por primera vez, el ejército se convirtió en un actor decisivo en la vida pública. Batista emergió como el “árbitro del destino de Cuba”, como El Hombre de Cuba.

  1. Desplazamiento de las élites tradicionales

Los partidos históricos perdieron alguna influencia frente a los nuevos grupos revolucionarios (en la actualidad ni siquiera existen).

  1. Ascenso de Batista

El septembrismo fue el punto de partida de la carrera política de Batista, quien dominaría la política cubana durante más de dos décadas -en apariencia-, hasta su partida en 1959.

  1. ¿Precedente para futuros golpes, como se ha dicho?

La legitimación del poder militar no abrió la puerta a nuevas intervenciones del ejército en la política. Si así hubiese sido durante estos 67 años de tiranía castro-comunista y militarismo a pulso el ejército habría dado ya unos cuantos golpes militares, lo que desgraciadamente no ha ocurrido.

 

Conclusión: un terremoto político que aún resuena

 

El 4 de septiembre de 1933 no fue un golpe de Estado: fue una revolución social, militar y generacional. El septembrismo rompió con el orden republicano tradicional y creó un nuevo mapa político donde los sargentos, los estudiantes y un joven llamado Batista se convirtieron en protagonistas.

 

Aquel día cambió para siempre la historia de Cuba. Y su eco, casi un siglo después, sigue resonando en la memoria de los cubanos. Pero de ninguna forma estuvo ligado ni dio consecuencia al horror que acaeció a la nación cubana en 1959.

 

Feliz 4 de septiembre:

 

 

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