El Plan

Por Julio César Soler Baró.

A los amigos del Marianao de siempre.

Lo más asombroso, no sé si a ustedes les suceda lo mismo, es que como no nos vimos crecer, aunque sepamos que todos tenemos hijos, etcétera, se ha quedado como el sentimiento fijo allá donde dejamos de vernos.

«Lo más jodido es que esos niños nuestros a ambas orillas del barrio, ya se perdieron lo mucho que siempre nos hemos querido, y nosotros la oportunidad de compartirlos como buenos tíos. ¿Verdad? Este, definitivamente nunca fue el plan.»

Escribí con peor sintaxis al pie de un retrato en el que un gran amigo-hermano figuraba, medio solo, con los hijos que bien pudieron haber sido mis sobrinos. Porque tío no es el deudo de quien los engendra sino el que habiendo estado y estando siempre cerca, también los cría.

¿Pero entonces cuál era el Plan?

Comencemos por decir que nuestro plan, al menos el plan de la generación del Dragón de madera y fuego (1964-1976), ese que se consume a sí mismo, fue construido sobre bases de la eternidad jurada del Socialismo en el que crecimos, y ya esto, en un mundo en el que cada vez mejor reconocimos sus límites, es un lío de imprecisos.

¿Cómo poder definir a un plan sin contexto, cuando es este último el que da sentido al primero?

No es entonces extraño que nos cueste especificar cuál era el famoso Plan ni si en realidad teníamos el Plan que sentimos perdido, lograble o doliéndonos, el Plan del que otros hablan. No es extraño que nos cueste precisar si éramos parte del plan o todo el plan de alguien o de algunos que arrastrados entre sí fueron víctimas de ni ellos mismos saben a ciencias cierta de qué. No es infundada por eso tampoco la soledad pública que hoy todos padecemos, en un mundo en el que normalmente nadie debería verse obligado a reflexionar sobre su “Plan”.

El Plan como la vida nos consta porque sabemos que tendremos que devolverle, porque se la hemos visto devolver a otros. Hoy reflexionamos nosotros de esta manera sobre el Plan porque seguimos indiscutiblemente envejeciendo, y porque las fechas y los derroteros cada vez se corresponden menos, y entonces porque todos los días con alteradísima conciencia ajustamos nuestro viaje mental, el itinerario a donde llegamos y llegamos y llegamos. Hemos visto a muchos dejar ya el timón, por eso, porque hemos visto lo que normalmente no deberíamos estar viendo sino viviendo.

La historia.

Yo creo que el plan era el de que bajo ningunas circunstancias nos dejaríamos de encontrar cada noche para tomar el té y escuchar Rock&Roll en alguna casa del barrio, no sé, que nuestros hijos serían amigos, tan amigos como nosotros sus padres siempre lo fuimos y nos empeñamos en seguirlo siendo.

¿Recuerdas eso de que los buenos vecinos eran unos «chismosos» que siempre le decían a tus padres?

Más o menos creo que ese era el Plan, decirle a los padres de alguien. Viajar y regresar al barrio, a casa, y contarles a los amigos que también habías visto las cataratas del Niagara. Nunca quise que fuésemos Heredia ni Byrne, aunque ahora que puedo ver el Plan me doy cuenta de que era eso lo que entonces, en las clases de historia de Cuba, nos estaban diciendo que hoy estaríamos viviendo.

Exactamente a eso me referí cuando comenté el “retrato de familia” al que hago referencia al inicio de este artículo: a que ya se jodió y que no regresa, a que la «pausa» que hemos tomado ha sido fatal. Me referí a que soy para mis sobrinos y para mí mismo la voz en el auricular, y el de la foto, muy jodido y real, el personaje místico del que los mayores hablan a cada rato. Soy aquel amigo de mis padres que no conocía muy bien y al que sin embargo había que respetar…

Julio César Soler Baró, poeta y antropólogo cubano exiliado en Suecia.

 

#JullArts🐓

2 Comments

  1. Félix Antonio Rojas G

    Glorioso texto friki viejo… 🤘🇨🇺🤘

  2. Pingback: El Plan – – Zoé Valdés

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