Por Armando Valladares.
No sé exactamente cuál fue el origen de la afirmación de que el Partido Demócrata está «secuestrado» por la izquierda radical o por el socialismo. Sin embargo, esa expresión se ha repetido tantas veces en medios de comunicación, programas de análisis político y comentarios periodísticos que ha terminado por aceptarse casi como una verdad incuestionable.
Pero vale la pena detenerse a examinar el significado de la palabra «secuestro». Un secuestro implica privar a una persona de su libertad contra su voluntad, mediante la fuerza, la amenaza, el engaño, la intimidación o cualquier otro mecanismo que le impida decidir libremente dónde estar o qué hacer.
¿Es eso lo que ocurre dentro del Partido Demócrata? A mi juicio, no.
Los congresistas, senadores y dirigentes demócratas que permanecen dentro de esa organización política lo hacen por decisión propia. Nadie los obliga a mantenerse en sus filas. Nadie les impone sus posiciones políticas bajo amenaza. Por tanto, afirmar que están «secuestrados» por la izquierda radical resulta incorrecto, porque presupone una falta de libertad que no existe
Existe además un hecho político reciente que merece atención. En una votación de la Cámara de Representantes, una resolución que condenaba y rechazaba el socialismo fue aprobada por 220 votos contra 192. La inmensa mayoría de los congresistas demócratas votó en contra de esa resolución o se negó a respaldarla.
Más allá de las explicaciones que cada legislador haya ofrecido sobre su voto, lo cierto es que estamos ante una decisión política tomada libremente por representantes elegidos por el pueblo. Ese resultado no demuestra que el Partido Demócrata esté «secuestrado» por el socialismo. Todo lo contrario. Demuestra que una parte muy importante de su representación congresional, la mayoría, decidió adoptar una posición política concreta frente a una resolución que condenaba esa ideología.
Cuando casi toda una bancada actúa de manera similar en una votación pública y registrada, resulta difícil sostener que sus integrantes son víctimas de una especie de secuestro ideológico. Los secuestrados no eligen. Los congresistas sí. Votan, deliberan y asumen públicamente las consecuencias de sus decisiones.
Por eso considero que la expresión «Partido Demócrata secuestrado» termina funcionando como una forma de suavizar o disimular la responsabilidad individual de quienes respaldan determinadas posiciones como cambiar el sexo a menores de edad sin autorización de los padres y oponerse a medidas militares para eliminar la tiranía en Cuba, apoyar las fronteras abiertas, estar en contra de que se exija identificación para votar etc. etc. .Toda esa política transmite la idea de que muchos demócratas estarían actuando contra sus verdaderas convicciones, como si fueran víctimas de una minoría radical que les impide expresarse libremente. Sin embargo, la realidad podría ser mucho más simple: permanecen en el Partido y apoyan todas esas políticas porque así lo han decidido.
No creo que la mayoría de los periodistas o analistas que utilizan esta expresión tengan una intención deliberada de inducir a error. Es posible, incluso, que nunca hayan reflexionado sobre las implicaciones del término. La repetición constante de una frase suele convertirla en un lugar común que se acepta sin someterla a un análisis crítico.
Las palabras importan. Cuando se afirma que un partido político está «secuestrado», se transmite una imagen de coerción y falta de libertad. Sin embargo, cuando vemos a sus dirigentes y legisladores votando libremente, defendiendo públicamente sus posiciones y rechazando resoluciones con las que no están de acuerdo, la palabra «secuestro» pierde gran parte de su sentido.
Desde esta perspectiva, los dirigentes que respaldan ideas socialistas, o que se niegan a condenarlas formalmente, no son rehenes de una corriente ideológica. Son actores políticos que ejercen su voluntad y asumen una posición propia. Esa es la diferencia fundamental que con demasiada frecuencia se ignora en el debate público.
Precisamente por ello, la discusión no debería centrarse en si el Partido Demócrata está o no secuestrado. La verdadera discusión consiste en analizar si las ideas que defienden sus líderes y legisladores benefician o perjudican a Estados Unidos, porque en realidad atentan contra la LIBERTAD con esa constante obsesión por destruir los valores de esta civilización. Ese es el debate de fondo.
Porque si casi doscientos congresistas demócratas decidieron libremente no respaldar una resolución de rechazo al socialismo, la conclusión lógica no es que estén secuestrados por esa ideología. La conclusión es que adoptaron una posición política propia frente a ella. Y cuando una posición es libremente asumida, podrá ser acertada o equivocada, pero no puede calificarse como secuestro.
Esa es, precisamente, la diferencia entre la coerción y la convicción. Y es una diferencia que merece ser reconocida con honestidad intelectual.
Embajador Armando Valladares
09/03/2026















